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10 pinturas para el verano

Escenas veraniegas en los museos españoles

El mar, la playa, la piscina o el campo bajo un sol de justicia suelen ser los espacios del verano. En el arte, numerosos autores, de diferentes épocas y estilos, han recogido e interpretado los colores, la luz y las escenas típicas de la época más calurosa del año. A continuación te mostramos 10 obras que puedes ver durante esta temporada estival en algunas salas de España para disfrutar un poco más de las sensaciones de esta estación. ¿Con cuál te quedarías?
1. SOROLLA: EL BALANDRITO (1909)

Si pensamos en algún pintor de escenas costumbristas en paisajes de playas, rápidamente nos viene a la cabeza Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 1863 - Cercedilla, Madrid, 1923). Son numerosas las obras en las que el artista plasmó con gran maestría y del natural el brillo del sol y el frescor del agua, con el ambiente y los juegos infantiles que tenían lugar en la costa valenciana y en el norte de España. El balandrito, pintado en la playa de El Cabañal, tras su regreso de Estados Unidos, es uno de sus cuadros más conocidos. El lienzo, que en ocasiones ha formado parte de exposiciones itinerantes por diferentes ciudades, se puede ver habitualmente en la sala 3 del Museo Sorolla ( Madrid), al que pertenece. 

 

2. EUGÈNE BOUDIN: ÉTRETAT. EL ACANTILADO DE AVAL (1890)

Hijo de un capitán de barco, el mar, los puertos y las playas fueron las principales fuentes de inspiración de Eugène Boudin (Honfleur, 1824 - Deauville, 1898). Siguiendo el ejemplo de Corot, fue uno de los primeros paisajistas franceses en pintar al aire libre. En 1890, inició una etapa de intenso trabajo. Entre el 20 de septiembre y el 3 de octubre de aquel año, se detuvo en un famoso paraje de la costa normanda: Étretat. En el Museo Thyssen-Bornemisza ( Madrid) podemos apreciar el particular estilo con el que Boudin captó la atmósfera de este agreste y pintoresco escenario.

 

3. DALÍ: BAÑISTAS DE ES LLANER (C.1923)

Aunque la producción más conocida y característica de Salvador Felipe Jacinto Dalí (Figueres, 1904 - 1989) es la de estilo surrealista y, en concreto, la derivada de su método paranoíco-crítico, sus obras tempranas ya adelantaban una asombrosa destreza. Tras su primer contacto con el impresionismo, el artista catalán se divirtió también con el puntillismo, el cubismo, el fauvismo y el futurismo. La influencia de Picasso, Matisse y Seurat se aprecia en cuadros como Bañistas de Es Llaner. Con 19 años, Dalí dibuja veinticuatro veces a la misma doncella desnuda en diversas posiciones, navegando en barcas y bañándose en un mar de pinceladas puntillistas ubicado en su amada Costa Brava. El Teatre-Museu Dalí (Figueres, Girona) alberga este óleo adquirido en 2009 por la Fundació Gala-Salvador Dalí.

 

4. GOYA: LA ERA, O EL VERANO (1786)

En 1786, tras ser nombrado pintor del rey, Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, 1746-Burdeos, 1828) retoma su trabajo como oficial de la fábrica de tapices con una serie para la ornamentación del Palacio de El Pardo, que debía tratar asuntos jocosos y agradables. El aragonés escogió interpretar, con gran modernidad, las tradicionales Cuatro Estaciones, donde el Verano era representado por Ceres, diosa de la agricultura, de las cosechas y la fecundidad, en la mitología romana. La composición del cartón, que se puede ver hoy en día restaurado en las remodeladas salas de la segunda planta sur del edificio de Villanueva del Museo del Prado, muestra a un grupo de segadores descansando tras la cosecha del trigo. Asimismo, el Museo Lázaro Galdiano, también en Madrid, posee el pequeño y magistral boceto de esta obra.

 

5. JOAQUIM VAYREDA: EL VERANO (1877)

Un siglo después de la obra realizada por el maestro de Fuendetodos, el paisajista catalán fundador de la Escuela de Olot Joaquim Vayreda i Vila (Girona, 1843 - Olot, 1894) escogió una escena campestre para representar la cálida temporada. Relacionado con 'Bosque de Fontainebleau', de Corot, este cuadro muestra, con un variado cromatismo de tonos verdes, gran detalle y fina pincelada, a una familia del entorno rural entre las reses que pastorean en los humedales. El lienzo se puede contemplar, junto a otros del mismo autor, en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, en Barcelona.

 

6. FORTUNY: DESNUDO EN LA PLAYA DE PORTICI (1874)

Considerado como uno de los pintores españoles más importantes del S. XIX, después de Goya, Mariano Fortuny y Marsal (Reus, 1838 - Roma, 1874) cultivó una figuración preciosista, de pincelada, en apariencia, espontánea. Desnudo en la playa de Portici es una de sus últimas obras, en la que se vislumbraba cierta evolución que su prematura muerte (apenas 36 años) impidió. Durante el verano de 1874, se trasladó con su familia a esta localidad cercana a Nápoles y allí pintó por primera vez motivos de mar al aire libre. Acostumbrado a la anatomía, el artista plasmó, con una acertada postura, el placer del niño al calor del sol, representando su cuerpo con gran precisión y pincelada suelta, y logrando un acercamiento al natural muy novedoso, justo el mismo año de la primera exposición impresionista. La pintura fue legada por Ramón de Errazu (San Luis Potosí, México 1840 - París, 1904) al Museo del Prado

 

7. PICASSO: BAÑISTA (1971)

Con una prolífica obra, Pablo Ruiz y Picasso (Málaga, 1881 -  Mougins, 1973) pintó a esta bañista en los últimos años de su vida. Es probable que la mujer representada fuera su última esposa, Jacqueline Roque (1927-1986), quien aparece ondulada por el oleaje del verde mar. Figura y entorno se funden aquí en excelente armonía. A pesar de no haber puntos de referencia, las formas nos permiten apreciar profundidad donde no la hay. Se trata de una excelente manipulación del espacio expuesta por el creador, junto a Braque y Gris, del cubismo y uno de los mayores artistas del siglo XX. La pieza forma parte de los fondos del Museo Picasso Málaga, por donación de Christine Ruiz-Picasso.

 

8. MAX PECHSTEIN: VERANO EN NIDDEN (1919 Ó 1920)

Integrante del grupo vanguardista Die Brücke (El Puente), el pintor expresionista alemán Max Pechstein (Zwickau, 1881 - Berlín, 1955) combinó su intensa actividad pública con retiros temporales a parajes aislados de la civilización, como Nidden, una pequeña aldea de la actual Lituania. Allí realizó numerosas obras de desnudos al aire libre, utilizando como modelos tanto a su mujer como a las hijas de los pescadores que, cuando hacía buen tiempo, se bañaban desnudas. Tras los horrores vistos durante su participación en la Gran Guerra, el regreso a estas tierras vírgenes le aportó una gran libertad y sus obras se tornaron ágiles y expresivas. En el óleo escogido del Museo Thyssen-Bornemisza, en Madrid, se ven tres morenas y angulosas figuras que secan sus cuerpos en medio de las dunas bajo un sol abrasador, que inunda de luz dorada toda la composición.

 

9. CECILIO PLÁ GALLARDO: CUATRO APUNTES DE LA PLAYA DE VALENCIA (1918)

Representante de la pintura modernista valenciana, Cecilio Plá y Gallardo (Valencia, 1860-Madrid, 1934) combina desde el academicismo y costumbrismo de los primeros años hasta el wagnerianismo y el luminismo de las numerosas escenas de playa pintadas en Valencia. Por su entrega a la enseñanza, se vio obligado a crear cuadros de pequeño formato que le requerían menos dedicación y podía realizar durante sus veraneos en el Mediterráneo, como es el caso de estos cuatro apuntes. Por las mismas fechas, mientras que Pinazo pintaba en la popular Malvarrosa y Sorolla lo hacía en El Cabañal de pescadores, Plá escogía la zona más distinguida de Las Arenas. En estas notas de color, el autor se centra en el mar, sobre el que despliega a numerosas figuras en movimiento. La playa se presenta como una alegoría de vivir, un lugar de moda para el disfrute de las mayorías. El autor donó los óleos en 1924 al ingresar en la Real Academia de Bellas Artes, en Madrid, como académico numerario.

 

10. EDWARD HOPPER: EL ‘MARTHA MCKEEN’ DE WELLFLEET (1944)

Conocido por sus retratos en los que muestra la soledad del hombre contemporáneo, Edward Hopper (Nyack, 1882-Nueva York, 1967) es uno de los principales representantes de la pintura realista americana del siglo XX. Lugares públicos prácticamente vacíos, como bares, hoteles o estaciones, suelen ser los escenarios de la mayoría de sus obras, que suelen caracterizarse por un tratamiento cinematográfico de la escena y un personal empleo de la luz. El ‘Martha McKeen’ de Wellfleet mantiene ese título en honor a la joven que, durante sus vacaciones en Cape Cod, les llevaba a él y a su mujer tantas veces a navegar, una afición que le apasionaba desde que, de adolescente, construyera un láud. Perteneciente a la  Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, el cuadro se encuentra en depósito en la sede madrileña del Museo Thyssen-Bornemisza.

Autor: Silvia Álvarez Fecha de actualización: 04/07/2017



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