“Hardcore Henry”, locura en primera persona

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Desde hace casi dos décadas, pero muy especialmente en los últimos años, las industrias del cine y los videojuegos han ido retroalimentándose de las características de su propio lenguaje, creando una simbiosis en la cual vemos como juegos que van del revolucionario Metal Gear Solid (1998) de la Playstation original creado por Hideo Kojima para Konami al reciente Uncharted 4 (2016) de Naughty Dog, mediando entre ellos muchísimos más ejemplos, se han convertido en auténticas películas interactivas con guiones dignos de cualquier thriller medio de Hollywood y voces de actores de prestigio doblando a los personajes, mientras que en el otro lado de la balanza directores como Paul W. S. Anderson, Zack Snyder, el tándem Neveldine-Taylor o Doug Liman han adoptado una serie de tropos narrativos y formales del videojuego para películas como Death Race: La carrera de la muerte, Resident Evil: Venganza, Sucker Punch, Gamer o la interesantísima y reciente Al filo del mañana, cuya frase promocional ya anticipaba la mecánica videojueguil que domina su estructura narrativa en los dos primeros tercios de metraje: Vive, muere, repite. Hardcore Henry, el debut en el largometraje de Ilya Naishuller bajo el ala productora de Timur Bekmambetov (cuya Ben-Hur se alejó considerablemente de la psicotronía habitual de sus trabajos), propone un actioner íntregramente visualizado desde una perspectiva en primera persona, a la manera de shooters que van desde los seminales Castle of Wolfenstein o Doom (que también tuvo una adaptación a la gran pantalla, bastante mediocre aunque con un logrado segmento rodado desde una óptica subjetiva) al multimillonario fenómeno Call of Duty en cualquiera de sus entregas.

shot2_001-2-0-0Abrochaos los cinturones. Hardcore Henry es una de las aventuras más salvajes y originales de la gran pantalla. Una experiencia única que los espectadores viven en primera persona a través de su personaje principal.       Minuto 1. No recuerdas nada. Tu esposa (Haley Bennett) te acaba de revivir. Te dice que te llamas Henry. Cinco minutos más tarde, te han disparado, la han secuestrado y debes rescatarla. ¿Quién la tiene? Su nombre es Akan (Danila Kozlovsky), un poderoso señor de la guerra que cuenta con un ejército de mercenarios y un plan para dominar el mundo. Estás en la para ti desconocida Moscú y todos te quieren muerto. Todos, menos un misterioso británico llamado Jimmy (Sharlto Copley). Parece que esta de tu lado, pero no estás seguro. Si puedes sobrevivir a la locura y develar el misterio, tal vez puedas descubrir la verdad tras tu identidad.” Esta perorata promocional de la película bien podría pasar por el texto del reverso de la carátula de cualquier nuevo shoot em´up recién salido al mercado para PS4 o Xbox, pero es la sinopsis oficial del film firmado por Naishuller, quien más que fusionar lenguajes se dedica a trasladar la mecánica del juego a la pantalla sin apenas variaciones ni matizaciones dramáticas: el recurrente (y, a veces, cargante) personaje de Sharlto Copley juega el rol de interludio entre niveles, a modo de biodramina para tanto desenfreno, y las apariciones de la chica a salvar o el cruel villano (con previsible twist final) no cuentan con mayor intensidad interpretativa que las de cualquier video de cualquier videojuego con pretensiones de parecer un film interactivo. En suma, Hardcore Henry es lo más parecido a visionar un gameplay de YouTube en alta definición y con todo lujo de detalles, ya sean primeros planos de cabezas reventadas o hilarantes oneliners como “eres mitad máquina, mitad maricón”, bebiendo del imaginario de la vitriólica sci fi practicada por Paul Verhoeven en el Hollywood de finales de los ochenta y añadiendo unas gotitas de Cronenberg y su ciencia ficción orgánica, la de la magistral Videodrome o la interesante (y olvidada) ExistenZ.

henryLa lástima de Hardcore Henry es que, más allá de su apabullante pericia formal y su lúdico sentido del desparrame, cualidades que regalan segmentos tan disfrutables como la set piece en carretera o ese clímax de infernal ambiente entre cadáveres que cumple paso por paso todos los plazos narrativos de cualquier enfrentamiento contra el final boss, es que el espectador acabe frustrado por no sentirse partícipe de algo que puede tener en sus propias manos en casa. La (voluntaria, claro está) nula profundidad dramática y el exceso de mimetismo con la estructura clásica videojueguil no tienen por qué estropear lo que es, sin duda, un espectáculo digno de ver por su ingenio y entusiasmo, aunque la experiencia nos pueda retrotraer a la casa de aquel amigo rico del colegio que tenía todas las consolas y no soltaba el mando ni para dejarnos pegar un mísero tiro.