Estoy hasta el gorro de películas sin climax ni desenlace. No hay productor en Hollywood que no se crea en posesión de material susceptible de cuajar en una saga de quince películas. Vivimos en la era de los finales abiertos o, por mejor decir, en la era de las películas inacabadas. Se deja la conclusión en suspenso por si acaso, por si resulta que la película revienta taquillas y hubiera o hubiese luz verde para engordarla con sucesivas secuelas hasta que el público diga basta. El paisaje resulta cansino, porque eso relaja las exigencias del guionista. No hace falta escribir un final como dios manda, el público ya está acostumbrado al desenlace a medias. De la ingente cantidad de malas películas que quisieron ser franquicias y nunca lo fuieron hablaremos detenidamente en los próximos días. Por lo pronto esta semana lidiamos con la enésima película sin desenlace. Sí, es Los juegos del hambre, está arrasando allá por donde pasa y la secuela empieza a filmarse en semanas. Nos da igual; La comunidad del anillo era la primera parte de una película de diez horas, pero aun sin tener desenlace sí tenía clímax y final. La primera de ESDLA echaba el telón en una inercia ascendente, pero la tensión emocional del clímax era el demonio.
Todo lo contrario que Los juegos del hambre que ni tiene desenlace, ni clímax ni final. Da un poco lo mismo, Gary Ross, a esas alturas, nos tiene bizcos a base de agitar la cámara. La primera de la saga es una de las películas peor filmadas que recuerdo. Ross quiere imprimir su sello cámara al hombro, pero no nos deja ver al película. El cambio de director en la franquicia es una excelente noticia; pero no es el seísmo visual perpetuo el único problema de Los juegos del hambre. Demasiado light y naif para convencer a los adultos y demasiado hard para hacerlos con los críos. Dicen de ella que es demasiado violenta, pero paradójicamente es precisamente violencia y agresividad lo que le falta para ser una película congruente. En cualquier caso, qué se yo, al lado de los Crepúsculos es una obra maestra.
Loable retorno de Lasse Hallstrom al cine bueno, o casi bueno. La pesca de salmón en el Yemen es su mejor película desde Las normas de la casa de la sidra, aunque echando un vistazo a su curriculum desde entonces no le estamos echando ningún piropo. Amable y entrañable dramedia romántica, previsible de punta a cabo, pero matizada por un atrezo de sátira política (pequeñita, eso sí) curioso y resultón. A pesar de la mecánica ejecución del romance tiene razonables dosis de personalidad propia.
Uno que no necesita volver porque siempre está es Hirokazu Kore-eda. Kiseki es una película de encargo, muy menor en el contexto de la filmografía de su autor, pero con todo empecable en forma y fondo. Kore-eda palpa el latido del corazón infantil como nadie, y "Kiseki" contagia buen rollo. De hecho es un ejemplo impagable de cómo un gran director puede convertir un guion mediano en una película grande.
Nos falta Soul Surfer; un atracón de azúcar estomagante. Da fe de una historia verídica de superación muy admirable, pero la dramatización es de anuncia de seguro de hogar a todo riesgo. Un rollo.
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Comentarios
Pantunfla
Fecha: 27/04/2012
Pues dedícate a otra cosa.
anónima
Fecha: 22/04/2012
Los juegos del hambre es un libro para adolescentes, no se que esperabas. A mi me ha parecido muy violenta para ser el tipo de película que es. De hecho no llevaría a mi hijo a verla, aun asi me ha encantado. No estoy para nada de acuerdo con esta crítica