Queda un mundo, pero los quinielistas de los Oscar andan haciendo profecías desde el día uno del nuevo curso fílmico, es decir, desde la mañana después de la resaca de los Oscar precedentes. Es también de sobra sabido que los augurios a estas alturas, con lo que queda por llover, son un absoluto sinsentido. Lo interesante no es hacer balance de las películas potencialmente protagonistas en la próxima edición de los Oscar, lo interesante es, a nueve meses vista, conocer qué películas se postulan para coleccionar candidaturas. O lo que es lo mismo, cuáles nacen y crecen mirando de reojo la alfombra roja del Kodak Theatre.
Favoritas, lo que se dice favoritas, a estas alturas no hay ninguna. Mejor así, porque si algo enseña la historia reciente de los Oscar es que la película faro a meses vista, aquella de la que todo el mundo habla y a la que todo el mundo mira acaba saliendo de la carrera de los premios a las primeras de cambio y por la puerta de atrás. War Horse era, hace doce meses, el caballo ganador y la prefavorita indiscutible en todas las quinielas. Al final solo la marca Spielberg arrancó una pírrica candidatura en la categoría de mejor película de tapadillo, entre las dos o tres de relleno que se cuelan cada año desde que se nominan diez películas o casi.

Y otra vez es Spielberg el que vuelve a centrar todas las miradas. Esta vez no es solo la marca. Son tres nombres ganadores, lo que no es garantía de nada, huelga decirlo, pero sí bagaje suficiente para que todo dios la vea en la pomada. Lincoln, Daniel Day-Lewis y Steven Spielberg ¿quién da más? El director más mediático de la historia del cine, el actor vivo con más recursos y talento y una figura histórica reverenciada, un referente político en un año, además, de elecciones presidenciales. Son pronósticos a ciegas: no hay trailers, ni fotos que no sean de rodaje ni posters promocionales ni nada, pero se estrena en diciembre, que es cuando se debe soltar la artillería pesada para evitar que se queme antes de tiempo, y a los dos fenómenos ya mentados se suman Joseph Gordon Levitt o Tommy Lee Jones. Ah, y el guion es de John Logan (Gladiator, El aviador, La invención de Hugo...), un imán para los premios.
Decíamos que todos los grandes estudios con ansia de Oscar reservan un viernes de diciembre para soltar a los perros. La razón es simple: los académicos no tienen memoria y tienden a votar la última que han visto. Hay más, no hay tiempo material para que la película repose, los pases privados son, muchas veces, la única referencia y eso mantiene a las películas aisladas del juicio despiadado de crítica y público ganando tiempo. Por eso conviene poner el foco en la Navidad y alrededores, y aunque la mayoría de los títulos resultantes de esa cosecha navideña con olor a Oscar son outsiders con los que nadie cuenta, conviene fijar la atención en las películas que estratégicamente colocan los tacos de salida en ese mes.

De entre todas sobresale Los miserables, adaptación al cine del musical basado en la obra de Victor Hugo y nueva propuesta de Tom Hooper, director de El discurso del Rey. Solo por ser lo nuevo de Hooper ya merece la atención del termómetro pre Oscar, pero si a eso le sumas el elenco más potente y estelar del año aquí hay madera de cine premiable. Hugh Jackman, Russell Crowe, Sacha Baron Cohen Helena Bonham Carter, Anne Hathaway, Amanda Seyfried... En su contra el hecho de que el efecto Chicago es agua pasada. Siempre hay un musical en las quinielas y al final siempre se queda fuera del reparto de oro.
Otros pesos pesados decembriles: Anna Karenina versión Joe Wright, otro con imán para los Oscar. A Wright se le dan de miedo los clásicos de antaño y de ahora, y Orgullo y prejuicio y Expiación son la prueba. Además su cine es muy del gusto de la Academia. Veremos si Keira Knightley y Jude Law están a la altura de Greta Garbo y Frederic March. A mí me huele a decepción y baja en la carrera por los premios a las primeras de cambio, pero los mimbres los tiene bien puestos. Más o menos como The Life of Pi, lo nuevo de Ang Lee después del semi fiasco de Destino:Woodstock. Sobran presentaciones, sus credenciales académicas son impecables. Tigre y dragón y Brokeback Mountain son la prueba. En su contra un género no demasiado del gusto de la Academia, el cine de aventuras. Y además con niño (y tigre, cebra, hiena y orangután). En espera de trailer las primeras imágenes cautivan. Eso sí reparto de perfil medio-bajo con Tobey Maguire y Gerard Depardieu al frente.
Maguire repite presencia en El gran Gatsby, nueva adaptación de la celebérrima novela de Scottt Fitzgerald con DiCaprio Y Carey Mulligan a las órdenes del visionario Baz Luhrman. De esta sí que hay trailer y la factura visual es barroca y deslumbrante, nobleza obliga. Apunta a adaptación irreverente y contra corriente; el apreitivo no estñá mal, pero Lurhmann también era el hombre a batir en 2008 con la inenarrable Australia, y todos sabemos cómo acabó el cuento. Más difícil lo tiene El Hobbit, aunque quizá no tanto. No hará falta recordar que las tres entregas de El Señor de los Anillos fueron candidatas al Oscar a la mejor película, y que El retorno del Rey coleccionó 11 Oscar. Pero ha pasado una década y la inercia Tolkien se ha enfriado mucho. Veremos si Peter Jackson es capaz de volver a encenderla.
Última aspirante navideña: Django Unchained. El estado de expectación con lo nuevo de Tarantino es tal que será fácil que nos llevemos un chasco. Malditos bastardos rozó el palo con ocho candidaturas, incluida la de mejor película. Ya nadie duda de que Tarantino tiene un enorme predicamento entre los académicos. Subversivo homenaje al spaghetti western, lo nuevo del director de Kill Bill, que ya ha profanado el cine bélico, el de artes marciales y el Grindhouse, es la gran baza de los hermanos Weinstein, que ya sabemos cómo dominan las artes de la extorsión para colar sus películas en la noche de autos. De momento fotos y primeras imágenes en movimiento preludian un clásico. Ojo, puede ser al fin el año Tarantino.

Más allá de diciembre hay vida, pero menos. El desconcertante teaser de The Master es poca referencia para fundamentar expectativas y fe en lo nuevo de Paul Thomas Anderson, que versa sobre sectas y religión en la América de los 50. El listón está desmesuradamente alto; Pozos de ambición era tan condenadamente buena que Anderson lo tiene crudo para estar a la altura de sí mismo. De todos modos algo que no sea una película fuera de serie (Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman hacen el pastel aún más apetecible) será una monumental sorpresa. No cabe esperar menos de uno de los grandes del cine americano contemporáneo. En un segundo plano, pero amenazantes, se postulan Hyde Park and Hudson, lo nuevo de Roger Michell con Bill Murray, Gravity, que es de Cuarón, pero sobre todo es con Clooney, talismán por antonomasia en esto de los premios, Gangster Squad, una de mafiosos en Los Angeles de los años 40 (con Ryan Gosling, Sean Penn, Josh Brolin y Nick Nolte, ahí es nada) o "Argo", la tercera cinta de Ben Afflleck como director.
Están en el ajo pero ya menos Killing Them Softly y Lawless, de Andrew Dominik y John Hillcoat respectivamente, que han gustado en Cannes pero sin entusiasmos.
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