Guía del Ocio

Secuencias, por Roberto Piorno. Un blog de Guía del Ocio



ACERCA DE ROBERTO PIORNO

Roberto Piorno
Trasnocho para ver los Oscar desde los trece, miro mal a los que hacen ruido en la butaca de al lado desde los catorce y nunca me arrepentí de dejar colgados a mis amigos el día que fueron a ver “Las Tortugas Ninja”. Probablemente me quedaría en casa con Errol Flynn, Toshiro Mifune o con el mismísimo séptimo de caballería al trote en el Monument Valley de John Ford.
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15abr2012

John Carter y el club de los ilustres batacazos

En los dos escasos meses de vida de este blog esta es la tercera entrada que dedicamos a John Carter. La primera fue para dar fe de su estreno, la segunda para dar fe de su previsible descalabro y la tercera es para levantar acta de su muerte y sepelio. Decíamos entonces que hay que estar muy sonado para invertir 250 millones de dólares en una película sin rostros reconocibles, con un título tan horrendo y basada en un relato de ciencia-ficción arcaico y semiolvidado de cuya existencia solo sabían los bibliófilos empedernidos del género, o casi. Para saldar rentablemente su carrera comercial John Carter habría tenido que amasar la friolera de 500 millones de dólares, una salvajada nada realista estando los tiempos como están. Que no iba a ser posible lo sabían todos menos la temeraria firma que validó la descerebrada inversión, pero con lo que casi nadie contaba, con todo, es con un registro tan estratosférico como este. Hemos sabido recientemente que John Carter ya es oficialmente el mayor batacazo financiero de la historia del cine. Disney estima que la fiesta le ha costado del orden de 200 millones de dólares en pérdidas, lo que otorga a la cinta, cuya paternidad ahora nadie va a querer asumir, el muy dudoso honor de ser el Avatar de los números rojos.

Diecisiete años después es hora de modificar la entrada correspondiente en el libro Guinness de los records, para alivio de Renny Harlin. Hasta hoy sus páginas registraban el agujero negro de 146 millones de dólares tirados al wc por el director finlandés para "resucitar" el cine de piratas en 1995 con la infumable La isla de las cabezas cortadas. Los efectos colaterales del naufragio aquel fueron muy serios: la carrera de Renny Harlin, que se las prometía felices después de encadenar dos exitazos tan respetables como La jungla 2 y Máximo riesgo, se fue literalmente a pique. Hollywood se olvidó de él y jamás nadie osó ya contratar sus servicios a no ser para despachar producciones de medio pelo y segunda fila. Pero Harlin no fue la única víctima. Matthew Modine enterró allí todas sus esperanzas de cuajar en la gran estrella que nunca terminó de ser, y Geena Davis, esposa de Harlin, desapareció fulminantemente del mapa para dedicarse a sus quehaceres familiares.

Presumiblemente Andrew Stanton pagará el pato de una u otra manera. Difícilmente volverá a asomar el hocico por los alrededores del cine de imagen real, y veremos hasta que punto el estigma del monumental fracaso no reprecute también en su carrera como realizador estrella de Pixar. Talylor Kitsch tiene la inmensa fortuna de haber fichado por Universal y Battleship antes de que John Carter arruinase su carrera irreversiblemente. Lo que es seguro es que no tendrá una tercera oportunidad, si Battleship funciona regular Kitsch tiene las horas contadas en la cima. Entre tanto Disney intenta olvidar y pasar página lo antes posible confiando en que Los Vengadores, de inminente estreno, salve los muebles y arrase al punto de convertir el batacazo John Carter en una mera anécdota. Es probable que así sea, pero el previsible éxito será más amargo de lo esperado porque una sustancial proporción de los beneficios de su asociación con Marvel irán destinados a maquillar el trompazo de la catastrófica inversión.

Sitio pues para John Carter en la nómina ilustre de películas-bancarrota que hicieron temblar los cimientos de los grandes estudios y rodar nucas y cabezas. Entre las colegas más notables en la lista negra brillan con luz propia Pluto Nash y El Álamo (la versión de John Lee Hancock), que coleccionaron pérdidas cercanas a los 120 millones de dólares, El planeta del tesoro, también de Disney, o Sahara, que al menos no arruinó la carrera americana de Penélope Cruz, con pérdidas que rondaron, dólar arriba dólar abajo, los 100 millones. Todas ellas, eso sí, con un denominador común; eran malas con nocturnidad y alevosía.

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