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Secuencias, por Roberto Piorno. Un blog de Guía del Ocio



ACERCA DE ROBERTO PIORNO

Roberto Piorno
Trasnocho para ver los Oscar desde los trece, miro mal a los que hacen ruido en la butaca de al lado desde los catorce y nunca me arrepentí de dejar colgados a mis amigos el día que fueron a ver “Las Tortugas Ninja”. Probablemente me quedaría en casa con Errol Flynn, Toshiro Mifune o con el mismísimo séptimo de caballería al trote en el Monument Valley de John Ford.
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27abr2012

Justicieros de altos vuelos y borregos de clase media

Es la madre de todas las películas de superhéroes, el All Star de los justicieros urbanos con disfraz de verbena y la razón de ser, cinematográficamente hablando, de Marvel de un tiempo a esta parte. Además va a ser la película que salve el culo de más de un directivo Disney, convalecientes aún de los rotos provocados por "John Carter" en las finanzas de la casa. También es un reto en sí dilucidar si de la suma de cuatro películas mediocres (el segundo Iron-Man, Thor, El increíble Hulk y Capitán América) resulta una buena.

La respuesta es sí pero sin derroches de entusiasmo. No es, creemos, el antes y el después en el cine de superhéroes que muchos venden. No es El caballero oscuro y ni siquiera una película la mitad de buena que esta. Joss Whedon sabe lo que se hace, no hay duda. Los Vengadores presume del tercer acto más potente urdido en una película de acción en los últimos años, pero los otros dos son una cosa discreta. Las cualidades del producto como vehículo de evasión son incontestables, y el talento del tipo que maneja los mandos de la nave también. Pero los malos parecen robados de un episodio de Bioman o los Power Rangers, y el leit motiv de la madre de todas las batallas es el mismo que el del segundo Transformers. Es decir, que no hay para tirar cohetes pero sí para reír la gracia (el autoparódico sentido del humor es uno de los fuertes de la cinta) y distraerse con causa.

Distraida también, y nada más, la última de Eduard Cortés. The Pelayos es la versión cañí de 21: Blackjack y un remozado doméstico de las algaradas de Danny Ocean y sus chicos. Es decir, una atrevida incursión patria en el cine de casinos y en la fauna de los templos del azar. Con menos glamour pero con loable insolencia y desparpajo. Buenos actores, un guion regular y una anécdota verídica con buenos mimbres. Ver y olvidar.

Todo lo contrario que Las nieves del Kilimanjaro. No la olvidas porque no se deja. Confieso mi escaso entusiasmo por el buenismo proletario marsellés de Robert Guediguian, pero su última película abre inerrogación sobre cuestiones peliagudas. El director francés llora la muerte de la conciencia de clase y el aborregamiento de los jóvenes que asistimos impasibles al desguace del estado del bienestar, de los derechos fundamentales que con tanto ahinco defendieron nuestros padres y nuestros abuelos. Una película compleja, que susurra sin pancartismos el escalofriante porvenir social y político que otros diseñan mientras nosotros luchamos a brazo partido por defender nuestro trocito de espejismo de clase media. Quizá es la película de Guediguian que más me ha gustado desde hace unos cuantos años. Altamente recomendable.

Ni puñetero caso a La maldición de Rookford, enésima novida paranormal de casa encantada sin sangre en las venas. Un rollo.

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