Oscar 2012: quinielas, enmiendas e intolerables ausencias

Estrenamos justo a tiempo. Rueda por los suelos la alfombra roja en la antesala del Kodak Theatre, que cambia de nombre en los próximos días. Signo de los insufribles tiempos que corren; Kodak anda ahogada en un mar de pérdidas, en suspensión de pagos, y ha acudido a los tribunales para desvincularse del gravoso contrato que regularizaba el patrocinio del teatro que acoge la gala de los Oscar desde 2001. El show continúa, no obstante, en la madrugada del domingo, con el retorno de las añoradas coñas de Billy Cristal, que fue el amo del cortijo en los 90 y que vuelve a casa como antídoto frente al muermo dominante de las últimas galas. No nos engañemos, los Oscar importan cada vez menos; los premios apenas mejoran el rendimiento de los premiados en taquilla y ya casi nadie se acuerda del título de la película o la jeta del actor que engrosó el palmarés el año anterior. Basta con echar la vista atrás para dar fe del dudoso servicio prestado por la estatuilla dorada a las carreras de Halle Berry, Nicole Kidman, Hilary Swank o Reese Witherspoon, Forest Whitaker, Jamie Foxx o Adrien Brody. A todos les iba mejor sin Oscar. Pero vayamos al grano; hagamos quiniela, repartamos halagos y hagamos sangre con quien está sin mercerlo, que haberlos haylos, si no este circo no tendría gracia. Al fin y al cabo cada año pongo a dios por testigo de que no volveré a trasnochar para ver premiado al Cuba Gooding Jr. de turno, o la lluvia de Oscar a peliculillas tan insignificantes como Crash o Slumdog Millionaire, y aqui seguimos no obstante.

MEJOR PELÍCULA

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GANARÁ: The Artist. Otro año más, por desgracia, el suspense es prácticamente inexistente en la categoría reina. No hay película que previamente haya ganado los premios del sindicato de productores y directores que no haya hecho diana en la gran noche. Y esta es otra de las razones por las que los Oscar interesan cada vez menos; la temporada de premios arranca a finales de diciembre y se explaya a lo largo y ancho de dos interminables meses. El censo de votantes de los premios de los sindicatos es el mismo que el de los Oscar; luego sopresas las justas. A favor de la competencia, si acaso, las cifras; La invención de Hugo es la película más nominada, con 11 candidaturas. Los académicos tienen escasa imaginación y suelen concentrar el voto en las películas con más peso mediático expresado en número de nominaciones. Mínimas opciones también para Los descencientes; Clooney es un tipo con enorme poder de convocatoria en la industria. En cualquier caso no tanto como el de los hermanos Weinstein, que manejan la diplomacia (y la extorsión) promocional como nadie en la industria; The Artist arrastra una maquinaria promocional detrás absolutamente grandiosa, que curiosamente no tiene reflejo en su muy discreto rendimiento en taquilla. Y esa es la paradoja; mientras Los descendientes tiene el apoyo de las masas (su funcionamiento en el box-office ha sido muy notable), The Artist tiene el de los hermanos Weinstein, célebres por sus malas artes, tácticas gangsteriles y llamadas de última hora con ofertas de esas que no podrás rechazar.

DEBERÍA GANAR: No tenemos argumentos en contra de The Artist; es una buena película que, sin embargo, basa casi todo su atractivo en una ocurrencia; La invención de Hugo es una obra maestra con todas las letras. Años buscando una excusa para compensar a Scorsese por años de vacío injustificado amenazando con premiar películas de segundo nivel, y para un año en que concurre con una película de las grandes mirarán para otro lado.

SOBRA: Criadas y señoras es muy bonita, pero le falta un hervor o dos para merecer el trozo de pastel que le ha tocado. También es verdad que es muy Hollywood y muy del gusto de los académicos más chapados a la antigua. Moneyball también, quizá, debería dar explicaciones por haber llegado tan alto.

FALTA: En plural, dos películas demasiado heavies y off Hollywood como para desplazar a otras con pedigrí mainstream. Shame y Drive son de lo mejorcito y más estimulante parido por el cine anglosajón en mucho tiempo. Pero después de verlas hay que tomarse un almax.

MEJOR DIRECTOR

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GANARÁ: The Artist, olemos, es película de esas de amasar una montaña de Oscar. La Academia nunca vota en esta categoría con la cabeza (en realidad ni en esta ni en ninguna) y en los últimos tiempos prima casi siempre el efecto dominó. De diez años a esta parte en ocho veces hubo coincidencia en las categorías de mejor película y director. Esta vez difícilmente habrá excepción a la regla. Michael Hazanavicius ganó el premio del sindicato de directores, y su película el del sindicato de productores. Scorsese ganó el Globo de Oro (un premio que ya no pinta un carajo en la ecuación de los Oscar desde hace años), pero The Artist está en una posición de superioridad prácticamente inabordable. Además La invención de Hugo es una película para toda la familia, y la Academia es tradicionalmente insensible a esta suerte de propuestas. Woody Allen y Terry Malick ponen el toque de distinción, pero su nominación es meramente decorativa.

DEBERÍA GANAR: No compartimos ese viejo tópico de que los premios a mejor película y director deberían coincidir siempre. Aunque sí este año. Scorsese se exhibe en un registro absolutamente inédito con ua película de impacto emocional grandioso y puesta en escena de absoluto genio. De no haber coincidido con el Scorsese más inspirado habría sido un buen año para llorar la derrota del mejor Woody Allen en años. Llorar si acaso nosotros porque él, suponemos, pasará olímpicamente de la gala, como es sana costumbre.

SOBRA: Realmente no desentona ninguno; los cinco, seguramente, merecen la mención, aunque puestos a marginar a alguno para dejar sitio a otro, Malick tendría todas las papeletas. El árbol de la vida es un peñazo con pretensiones, pero hay que reconocer, de realización exquisita. Aún así fuera con él.

FALTA: Steve McQueen, por Shame, William Winding Refn, por Drive, y el mismísimo Steven Spielberg, que se disfraza de John Ford para descolgarse con un alarde de virtuosismo absolutamente brillante en la injustamente denostada War Horse (Caballo de batalla). Si tuviese que elegir solo a uno para ocupar el sitio de Malick estaría una noche sin dormir.

MEJOR ACTOR

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GANARÁ: Nos tememos lo peor: es decir, una cosa es dejarse llevar por el entusiasmo premiando a The Artist con tropecientos premios técnicos y artísticos que no merece (pasará como pasa todos los años en que se concentra el grueso de los premios en una película multinominada) y otra muy diferente caer en el síndrome Benigni premiando no al mejor actor del año sino al personaje más entrañable. Sí, Jean Dujardin tiene todas las de ganar; el premio del sindicato de actores es un termómetro casi infalible, y ahí Dujardin le levantó el premio al hasta entonces favorito George Clooney. También es verdad que se prevé una pelea cerrada entre los dos ganadores del Globo de Oro (de comedia y drama respectivamente). Los demás están de carabinas, incluido Brad Pitt, al que hay ganas de darle un Oscar pasando por alto sus muchos agujeros negros.

DEBERÍA GANAR: Está todo dicho; Clooney con una pata y sin despeinarse. Primero porque es un actor colosal, segundo porque en Los descendientes despacha la mejor interpretación de su carrera, y terecero porque todos sus cuatro competidores están a años luz de proponer una alternativa medianamente sólida. ¿Que Clooney ya tiene Oscar? Sí, pero si es el mejor es el mejor y punto.

SOBRA: Nos falta ubicar a Damien Bichir, luego se salva de la limpia por el momento, pero ni Gary Oldman, ni Jean Dujardin ni Brad Pitt reúnen méritos para estar nominados. Lo de Dujardin pase, al fin y al cabo es el alma y el corazón de una película que descansa fundamentalmente sobre la gestualidad silenciosa de sus actores; lo de Oldman, pues bueno; es un grande, nadie se lo discute, y en El topo está muy sobrio, tanto que apenas tuerce el gesto en todo el metraje. Lo de Pitt ya es más serio; Brad va de más a menos, perdiendo facultades a ojos vista. En Moneyball, otra vez, se pasa media película explotando ese molesto y ridículo tic de mandíbula que arrastra desde Malditos bastardos. O se lo quita o que por aquí no vuelva.

FALTA: La ausencia es, en este caso, especialmente sensible. No falta un actor que debiera estar nominado, falta el actor que debería ganar el Oscar, que es mucho más grave. Clooney está enorme, pero este año la estatuilla debería llevar grabado el nombre de Michael Fassbender, que en Shame se descuelga con un desnudo frontal físico y emocional que agota todos los adjetivos.

MEJOR ACTRIZ

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GANARÁ: Viola Davis tiene dos cosas a favor; primero que ganó el premio del sindicato de actores, y no nos vamos a repetir con respecto a la trascendencia del mismo; y segundo que es una actriz de color y desde 2001, en la persona de Halle Berry, la academia no ha premiado a ninguna. En el paisaje de lo políticamente correcto, tan esencial en el modo de hacer de la Academia, este es un factor que no se debe tomar a la ligera. Además Davis no es una recién llegada, ya estuvo nominada hace unos años como secundaria por La duda. Tanto puede influir el factor antes mencionado que Hollywood está dispuesta a volver, por enésima vez, a ningunear a una de sus actrices predilectas, Meryl Streep, que este año, además, llega con el Globo de Oro bajo el brazo. También aquí la lucha es cerrada; una tentación diplomática frente a una deuda histórica que es ya sangrante. Las demás no cuentan.

DEBERÍA GANAR: Las dos superfavoritas serían justas ganadores. Nadie objetaría gran cosa, en principio, pero en este blog creemos que Davis está impecable pero no de Oscar, y que Streep está enorme, pero en un ejercicio más de imitación que de interpretación. Tiramos por la calle de en medio; Rooney Mara logró algo que a priori parecía imposible, hacerme olvidar a la inquietante Noomi Rapace de Los hombres que no amaban a las mujeres versión sueca. Hace el personaje de Lisbeth Slander suyo, y aunque le daríamos el Oscar sin entusiasmo, creemos que es la mejor del lote.

SOBRA: A Glenn Close la nominan por volver al redil, por ponerse una prótesis nasal y por disfrazarse de hombre, pero Albert Nobbs es fría como un témpano. La culpa no es de Close, es del director, Rodrigo García, que no acierta nunca con el punto de cocción, pero su actores están todos a verlas venir, por buenos y aplicados que sean, y Close no es una excepción.

FALTA: Vaya por delante que no es un año de grandes interpretaciones femeninas, pero hay una ausencia que no tiene justificación posible. Si una actriz ha dado este año un golpe encima de la mesa y se ha ganado la admiración del mundo del cine (no de la tele, que ya la quería mucho), esa es Kristin Wiig, autora de una de las composiciones cómicas, femeninas o masculinas, más brillantes que Hollywood recuerda en mucho tiempo. La variedad de registros cómicos que exhibía en La boda de mi mejor amiga te dejaba con la boca abierta.

MEJOR ACTOR SECUNDARIO

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GANARÁ: Dos nominaciones en tres años empiezan a hacer justicia a un tipo de esos que en buena lógica, a estas alturas, debería coleccionar tropecientas candidaturas y alguna estatuilla como poco. No es el caso, luego la ocasión es idónea para reparar un flagrante olvido. Plummer ganará sí o sí; no tendremos ni un minúsculo gramo de suspense, todo el pescado está vendido en esta categoría. Los demás están de relleno; primero por el nada desdeñable aval de los méritos, segundo porque es una reparación forzosa y tercero porque siempre queda cool (para una institución frecuentemente tachada de retrógrada como la Academia), permiar un personaje homosexual.

DEBERÍA GANAR: Para variar nada que objetar al previsible rumbo que tomarán los acontecimientos. Plummer es el mejor del lote, a ojo al menos. No hemos visto Warrior y, por tanto, solo imaginamos que Nick Nolte estará egregio, como siempre. Nolte es una de mis debilidades y le daría un Oscar todos los años, aunque no estrenara película, pero de momento oro para el veterano infalible.

SOBRA: ¿Qué hace un tipo como Jonah Hill en un lugar como éste? Tan eficiente es su composición en Moneyball como, digámoslo, inexpresiva. Da la sensación que se reconoce el radical cambio de registro de un habitual de la comedia post Apatow, pero eso no debería bastar para desfilar por la alfombra roja.

FALTA: En plural, unos cuantos, empezando por uno imprescindible, el Albert Brooks de Drive, en el pellejo de un perfecto hijo de perra de sangre fría. De haber sido candidato no tendríamos tan claro que Plummer mereciera los laureles. Ben Kingsley por Hugo, Christoph Waltz por Un dios salvaje e incluso Peter Mullan por War Horse habrían desentonado en la terna mucho menos que Jonah Hill.

MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA

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GANARÁ: El Globo de Oro y el premio del sindicato de actores deberían bastarle a Octavia Spencer para esperar su turno de subir al escenario sin nervios. Además The Help es una de las películas preferidas por los votantes, como demuestra el premio, también del sindicato de actores, para el elenco de la película. Los actores son el gremio más representado entre los académicos con voto, luego parece claro que si bien no tendrán fuerza suficiente para impulsar a The Help en la categoría reina, la tendrán en las categorías de interpretación donde solo votan ellos. Su única rival es su compañera de reparto Jessica Chastain. Ojo, eso sí, a la dispersión del voto de los partidarios de The Help entre las dos actrices. Sería la única manera de que saltase la banca.

DEBERÍA GANAR: De existir un premio a la actriz revelación del año Jessica Chastain lo ganaría de calle. No habiéndolo debería ganar igual; primero porque es la mejor del reparto de The Help, y segundo porque ha seminado su muy prometedor talento por un sinfín de películas este año. Es decir, que a diferencia de sus competidoras colecciona varias interpretaciones nominables. A nosotros es, de largo, la que más nos gusta.

SOBRA: Janet McTeer es una excelente actriz, como Glenn Close, nominada por un disfraz y una caracterización masculina. No encontramos razones de peso que justifiquen su candidatura, aunque para ser sinceros tampoco las encontramos en la candidatura de la previsible ganadora Octavia Spencer.

FALTA: Como en la categoría de mejor actor la ausencia es especialmente sangrante, porque la ausente es la legítima propietaria de un Oscar para el que ni siquiera está propuesta. Hablamos de Carey Mulligan, cuya conmovedora composición en Shame, en la piel de una cantante de night club con tendencias suicidas te deja secuelas muy serias. Ella es la secundaria del año; su ausencia en la terna es un insulto al sentido común.

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  • Marta

    Este post si que da gusto!!! He visto los Descendientes y la interpretación de Clooney me parece magistral por lo que creo que debería ganar el oscar como mejor actor, con respecto a Brad Pitt, su interpretación en Money Ball no es nada del otro mundo (también porque el personaje y la historia no dan para mucho más, en mi opinión).A ver si aciertas con tu quiniela de los Oscar…

  • lizbth galvan romerio

    EN MII OPINION YO QUIERO QUE LOS OSCARES SE LLEVEN LEGALMENTE YA QUE A ANGELINA JOLIE LE ROBARO SUS PREMIOS DE TURISTA Y AGENTE SALT Y YO QUISIERA QUE ESTA VES VEAN LAS PELICULAS QUE NO SE AN ESTRENADO YA QUE LLEGAN A GANAN ESAS PELICULAS Y SE LLEVAN LOS RECONOIMENTOS Y YO QUIERO K LE DEN MAS PUNTOS A BRAD PITT YA QUE HIZO UN BUEN TRABAJO EN EL ARBOL DE LA VIDA Y MONEY BALL ESPERO QUE LOS JUECES DE LOS PREMIOS DE LOS OSCARES SEAN LEGALMENTE HONRRADOS Y ALGUNOS ACTORES NO LES DEN DINERO PARA LLEVARSE LA ESTATUILLA.