Titanes cabreados y una boda apocalíptica

Aquí un valiente que se armó de valor en su día para confesar el descerebrado regocijo que le proporcionó la anacrónica Furia de titanes siglo XXI. Supongo que hay que estar enfermo para que ocurra, pero ocurrió. Lo peor de todo es que volví a ella para confirmar mi presumible desliz de criterio (es lo que tiene ver películas a diario y destriparlas por escrito sin espacio para la reflexión; creo que le casqué cuatro estrellas al cuarto Indiana Jones y al Episodio III de Star Wars, con eso lo digo todo), pero nada de eso. Me reafirmé en mis trece. Pero es que la cosa no acaba ahí. Es que lo peor de todo es que también gocé la secuela. En realidad es un calco de la primera pero con culebrón familiar de por medio, pero la factura es mejor, sigue urando 90 minutos y sigue teniendo planteamiento nudo y desenlace. Palabras mayores en estos tiempos de cine de acción mononeuronal y sin estructura. En fin, que se que no es buena pero me divierte. Que le voy a hacer.

Grata sorpresa también con el tercer Rec. Con el segundo me llevé un previsible chasco; la fórmula da para una y gracias. Por eso temblaba ante la tercera; pero resulta, con todo, ser la mejor del lote. Paco Plaza es un director inteligente, un tipo que sabe reaccionar a tiempo y darse cuenta cuando la naranja exprimió ya todo el zumo. Un Rec 3 en la estela de la primera y la segunda era un suicidio; en vez de eso desmelene total, autoparodia macarra y profanación demente del cine de zombis. Rec 3 es una comedia muy burra y un disparate muy genuino. Te hartas de reír y de guiños deliciosamente zafios con un aire grindhouse que tira de espaldas.

Luego ya nos ponemos serios, para tirar de las orejas a Andrea Arnold, que hasta ahora lo había bordado con Red Road y Fish Tank, pero que aquí patina de mala manera intentando una estéril vuelta de tuerca a las Cumbres borrascosas de Emily Bronte. Ni son borrascosas no hay más coartada modernista que una cámara al hombro y un Heathcliff negro. Un rollo muy gordo. No tanto, sin embargo, como la incoherente y abrumadoramente idiota La cazarecompensas. A Katherine Heigl se le escapó el ultimo tren; es hora de asumirlo y retirarse a la tele. En el cine sobra.

Aplausos y aleluyas para recibir a Jia Zhangke, que ha superado el filtro no se sabe cómo y ha logrado raquítica distribución aquí con sus Historias de Shanghai. No es uno de sus mejores trabajos pero todo lo que hace este tipo es extraordinario. Para quien no lo conozca o no le ponga cara ni película, un paseillo por aquí, donde un servidor le rendía tributo hace algún algún tiempo.