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El dictador
El camaleónico Sacha Baron Cohen se pone ahora en la piel de un dictador norteafricano que se traslada a Nueva York para hablar ante las Naciones Unidas. Larry Charles, director habitual de Baron Cohen, dirige esta comedia crítica.
- Género: Comedia .
- Director: Larry Charles
- Intérpretes: Aasif Mandvi, Adeel Akhtar, Ben Kingsley, Elsayed Mohamed, Horatio Sanz, Liam Campora, Megan Fox, Michele Berg, Rizwan Manji, Rocky Citron, Sacha Baron Cohen y Sayed Badreya.
- Nacionalidad y año de producción: EE.UU., España, 2012
- Duración: 83 min.
- Fecha de estreno: 13 / 07 / 2012.
- Productora: Kanzaman, Four by Two.
- Guionista: Sacha Baron Cohen, Alec Berg.
- Fotografía. Lawrence Sher.
- Distribuidora: Paramount Pictures.
- Música: Erran Baron Cohen.
- Calificación: No recomendada menores de 16 años .
Sacha Baron Cohen caricaturiza la imagen que occidente tiene del dictador de corte oriental en una sátira que mezcla el ingenio con el humor más soez
Autor: Roberto Piorno

La gracia de El dictador estriba en redibujar la némesis atávica del gran poder americano, es decir, el sátrapa oriental pérfido que niega el Holocausto, desarrolla la tecnología atómica a espaldas de las inspecciones internacionales y desafía el orden mundial tocándole sistemáticamente los bajos a la comunidad internacional por pura maldad, como si de un cartoon en toda regla se tratara. Aladeen es un tirano grotesco, una caricatura no tan hiperbólica como pudiera parecer a primera vista. O mejor dicho, es hiperbólica porque quintaesencia el coco, la pesadilla infantil del americano medio que sucumbe a las soflamas maniqueas de sus líderes y cuyos peores desvelos tienen barba y turbante.
Sacha Baron Cohen juega con esos miedos inducidos con una mala uva notable. Su película, en realidad, no ridiculiza al Ahmadineyad o al Kim Jong-Il de turno, más bien se mofa de la imagen pánfila que de ellos tienen ciertos estadounidenses que compran las cortinas de humo de sus gobiernos, que esconden las vergüenzas domésticas cargando las tintas de la caricatura mediática del dictador en cuestión.
Hay más; Cohen, que no es sospechoso de andarse por las ramas o suavizar la contundencia de las denuncias, se atreve a desmontar la hipocresía brutal de ese mundo polarizado desde occidente entre fuerzas del bien y fuerzas del mal a través de una llamada de atención muy explícita. Aladeen es un despreciable sátrapa oriental, caudillo de una nación irrelevante que no hace sombra al imperialismo económico, a la dictadura capitalista y a la perpetua vulneración de los derechos humanos que mana de la impoluta democracia estadounidense.
Cohen, cierto, no se muerde la lengua, pero las dosis de ingenio se dispersan en mitad de una sucesión de sketches de balance más que irregular. El dictador oscila entre la sátira política sulfúrica y deslenguada menos complaciente al vodevil paródico más soez y más irrelevante en cuestión de segundos. Cohen es un agitador nato, un provocador de libro, y aquí trabaja con las limitaciones y estrecheces de un guion que coreografía todas las gracias. A diferencia de Borat y Bruno, El dictador es cine de ficción al uso.
La frescura de la fórmula Cohen estriba en la frescura de la cámara oculta, en su querencia por el terrorismo humorístico de calle. Es ahí donde el actor británico se siente más cómodo, pero la fama le ha hecho una verdadera faena. Eso y lo hiperbólico de su nuevo personaje. A ratos el Cohen de El dictador está más próximo al histrión de una spoof movie de tres al cuarto que al genio de las bromas pesadas de sus películas precedentes. Con todo se atreve a cruzar líneas rojas en la monumental burla que otros no se atreven ni a merodear.
Lo mejor
El insolente discurso de Aladeen ante la ONU
Lo peor
Sin cámara oculta Cohen es menos Cohen




