Cine en Madrid
- Estrenos
- Cartelera
- Críticas
- Trailers
- Próximos estrenos
- Estrellas
- Galerías
- Personajes
- Salas
- Noticias
- Archivo películas
Buscar por:
-
Género
-
Edades
- No recomendada a menores de 7 años y Especialmente recomendada para la infancia
- No recomendada menores de 12 años
- No recomendada menores de 13 años
- No recomendada menores de 16 años
- No recomendada menores de 18 años
- No recomendada menores de 7 años
- Todos los públicos
- Todos los públicos y Especialmente recomendada para la infancia
Archivo
Las nieves del Kilimanjaro (2012)
Nada que ver con el texto de Hemingway. El título se refiere a una canción francesa de los años 60 que se oye en este drama comprometido de Robert Guédiguian en torno a un sindicalista maduro que se queda en el paro.
- Género: Drama .
- Director: Robert Guédiguian
- Intérpretes: Adrien Jolivet, Anaïs Demoustier, Ariane Ascaride, Gérard Meylan, Grégoire Leprince-Ringuet, Jean-Pierre Darroussin, Julie-Marie Parmentier, Karole Rocher, Maryline Canto y Robinson Stévenin.
- Nacionalidad y año de producción: Francia, 2011
- Duración: 90 min.
- Fecha de estreno: 27 / 04 / 2012.
- Productora: Agat Films & cie, France 3 (FR 3), Ex Nihilo.
- Fotografía. Pierre Milon.
- Distribuidora: Golem.
- Calificación: Todos los públicos .
La muerte de la conciencia de clase y la mansedumbre de la juventud ante la depredación insaciable de los poderosos en manos de un Guédiguian brillante e incisivo
Autor: Roberto Piorno

A las películas de Robert Guédiguian se les suele dibujar media sonrisa in extremis, aún en la perpetua nostalgia de tiempos mejores. A Las nieves del Kilimanjaro (2012) , sin embargo, se le queda cara de circunstancias y el ceño fruncido después de abandonar a Ariane Ascaride y Jean Pierre Darroussin a pie de playa, asumiendo una paternidad altruista que sus hijos adultos no comprenden. Hay un abismo irreversible entre las dos generaciones, pero hay mucho más que eso.
Lo nuevo del director de Marius y Jeanette dibuja en el tono amable característico del director galo un terrorífico estado general de la cuestión. Las nieves del Kilimanjaro (2012) habla de la muerte irreversible de la conciencia de clase y de las utopías que nuestros abuelos y padres soñaron para que nosotros viviéramos en un mundo mejor. Guédiguian se rinde al paisaje deprimente de una Marsella irreconocible. La camaradería obrera ha muerto, y el sacrificio por el bien ajeno es una reliquia en un horizonte industrial escalofriante, donde el trabajador confunde lealtades y olvida toda referencia comunitaria.
Hay un duelo generacional muy intenso en este drama marsellés de conciencia obrera. Las nuevas generaciones han sucumbido a la tentación de un individualismo atroz, de un egoísmo imperdonable que censura cualquier gesto de solidaridad desinteresada. El drama abre una ventana de panorámica ingrata; los jóvenes se han vuelto conservadores y reaccionarios, han sellado la paz con el sistema a cambio de un mísero pedacito de confort que no están dispuestos a repartir con nadie.
Por eso Las nieves del Kilimanjaro (2012) es película de actualidad tan rabiosa; en un tiempo en el que se cuestiona lo esencial, en que se destartalan los cimientos del estado del bienestar en un abrir y cerrar de ojos ante la pasividad de quienes lo creímos consustancial e inherente a la modernidad, obviando el sacrificio de quienes pusieron Europa y el mundo patas arriba para conquistar lo que ahora sus nietos entregamos tan mansamente y a precio tan bajo. Lo nuevo de Guédiguian destripa esa claudicación humillante. Muerta la conciencia de clase, la solidaridad del grupo el mundo que nos legaron nuestros abuelos está condenado a una extinción irreversible.
Pero no hay dogmas ni subrayados, ni indignaciones políticas de trazo grueso. Las nieves del Kilimanjaro (2012) abre y cierra interrogación, esboza veladamente el derrumbe de un sistema que creíamos ya inmutable, pero no desliza respuestas fáciles ni denuncias de perogrullo. Es verdad que Guédiguian se deja arrastrar, cómo no, por esa perenne ingenuidad marsellesa de sus películas de barrio proletario, por ese sentimentalismo tierno, buenista y estereotipado que a veces linda con la ingenuidad narrativa de un principiante. Pero ese tono amable y conciliador es parte de su ser; sin él sus películas serían de cualquier otro y no suyas.
Lo asombroso es que sea capaz de decir e insinuar tantas cosas susurrando, con el corazón en la mano y la conciencia por bandera, con esa media sonrisa entre cínica e incurablemente optimista que aquí, no obstante, se torna inquietantemente plana. Y es que no está el circo para muchas risas; su película habla, a su bola, de ese nuevo orden que está surgiendo del desguace, la liquidación y la asfixia social. Lo dicho, para comedias estamos
Lo mejor
Que perfile un boceto tan vívido e inquietante del mundo que estamos viendo derrumbarse
Lo peor
Ese ingenuo sentimentalismo suburbial marca de la casa




