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Mi hijo y yo

El cineasta y exjugador de rugby francés, Philippe Guillard, narra una historia sobre un padre campeón de este deporte empeñado en que su hijo siga sus pasos.

  • Género: Comedia .
  • Director: Philippe Guillard
  • Intérpretes: Abbes Zahmani, Darren Adams, Gérard Lanvin, Karina Lombard, Laurent Olmedo, Lionnel Astier, Olivier Marchal, Pierre Laplace y Vincent Moscato.
  • Nacionalidad y año de producción: Francia, 2010
  • Duración: 95 min.
  • Fecha de estreno: 04 / 04 / 2012.
  • Productora: LGM Productions, Hatalom.
  • Guionista: Philippe Guillard.
  • Fotografía. Ludovic Colbeau-Justin.
  • Distribuidora: Emon Films.
  • Música: Alexis Rault.
  • Calificación: Todos los públicos .
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Phillipe Guillard, ex profesional del rugby, declara su amor al balón oval en una comedia familiar tan entrañable como previsible y poco espontánea

Autor: Roberto Piorno

Antes que película Mi hijo y yo es una declaración de amor al rugby, como deporte, por supuesto, pero sobre todo como catalizador de emociones, como dinámica grupal por antonomasia cuyo potencial terapéutico es prácticamente inagotable. Phillipe Guillard no es un director de cine hablando de rugby, es, de hecho, un jugador de rugby haciendo cine. Fue profesional durante una década y probó las mieles del éxito celebrando un título en el Top 14 (la liga nacional francesa) con su club de toda la vida el Racing. Mi hijo y yo es su primera incursión tras las cámaras, y lo de menos es la calidad del envoltorio o la entidad fílmica del producto.

Su ópera prima rebosa ilusión y el ansia, no siempre bien canalizada, por transmitir al público general las bondades balsámicas del deporte al que dedicó su vida. La columna vertebral de la tragicomedia es el emotivo rencuentro de un padre con su retoño; un ex profesional del oval venido a menos, cascarrabias y pasional en exceso sueña con ver a su hijo honrando la tradición familiar y el apellido paterno haciendo carrera como él en el rugby.

Por descontado el chaval es reacio, pero en torno a un proyecto local con chavales y apoyado y respaldado por todo un All Black la confianza padre-hijo renacerá de sus cenizas, como en los cuentos, forjando una complicidad ciega e inquebrantable de, digámoslo, telefilme sentimental de sobremesa. A Mi hijo y yo le faltan dos hervores para ser algo más que un entrañable despliegue de estereotipos del cine deportivo con crío. Guillard no asume riesgos, y además no acierta a la hora de enfatizar la especificidad de su propio deporte.

Hemos visto películas prácticamente idénticas con fútbol, hockey o beisbol de por medio. Sobra corazón y contención del entusiasmo. Guillard está aún muy verde y no hay duda de que aún el medio le viene grande. Su ópera prima tiene factura y entidad de película televisiva. Es idónea para fortalecer, frente a la pantalla, los vínculos padre-hijo, y es una entrañable introducción para chavales y adolescentes al universo del rugby, y a los valores que lo definen y hacen único. Pero no basta; el derroche de entusiasmo no es suficiente, ni aún con el concurso de Karina Lombard y Gérard Lanvin, tan solventes, claro, como de costumbre.

Lo mejor

Sus buenísmas intenciones

Lo peor

Los tópicos y la factura telefílmica

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