El País
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Crítica: Declive del zombie

  • Autor: Ignacio Pablo Rico
  • Fecha:
Train to Busan

Lo mejor:
Pese a sus numerosos defectos, no es una película aburrida

Lo peor:
La absoluta pobreza de sus formas

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  • Género: Terror
  • Fecha de estreno: 06/01/2017
  • Director: Sang-ho Yeon
  • Actores: Yoo Gong (Seok Woo), Soo-an Kim (Soo-an), Yu-mi Jung (Sung Gyeong), Dong-seok Ma (Sang Hwa), Woo-sik Choi (Joven Gook), Sohee (Jin-hee), Eui-sung Kim (Yong-Suk)
  • Nacionalidad y año de producción: Corea del sur, 2016
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Tras un puñado de interesantes cortometrajes, Yeon Sang-ho debuta en 2011 con The King of Pigs, erigiéndose en estimulante director de una animación situada en el incómodo punto intermedio entre el naturalismo estricto y una expresividad histriónica hasta lo desagradable. Como el filme citado, la posterior The Fake (2013) brinda una mirada perturbadora a la Corea contemporánea, dinamitando consensos en torno a la pertinencia y validez de principios identitarios, ideológicos e institucionales vigentes.

Precisamente por ello cabe lamentar la tibieza y mediocridad de su salto al cine de ‘acción real’ con Train to Busan: un trabajo cuya acogida entusiasta cabe únicamente achacarla a los malos tiempos que pasa el zombie en pequeña y gran pantalla –reducido a figura deambulante, inexpresiva, en cintas de los géneros más variados, despojado de entidad propia–, así como a una devoción cada año menos comprensible por el cine de género coreano, cuyos días de gloria quedan bien lejos.

En el caso de Train to Busan, las imágenes desprenden un tufo a fotocopia deslucida de productos de éxito internacional como 28 días después (2002), su secuela 28 semanas después (2007) y, especialmente, la cinta de otro coreano, Bong Joon-ho: Rompenieves (2013). Al menos, Sang-ho intenta incidir aquí en los mecanismos genéricos que activa la presencia de los muertos vivientes. Lo mejor que podemos decir de Train to Busan es que el dominio de los ritmos hace de ella una película que se deja ver sin bostezos. Sin embargo, nunca funciona como ficción: le pesan demasiado las ramplonas (y forzadas) lecturas sociopolíticas, la pobreza de los conflictos que surgen en el microcosmos del tren, el nulo carisma de los personajes y unas hechuras dignas de teleserie. Francamente grave es, teniendo en cuenta la carrera previa del cineasta, el espíritu blando, inocuo y anestesiado que desprenden unas imágenes dignas del cine popular más alienado y calculadamente inofensivo. Resulta más interesante Seoul Station (2016), precuela animada sin fecha de estreno en España, capaz de evocar miedos primigenios que estallan en un clima social nauseabundo. 

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