El País

10 asesinos de cine que te la clavaron por la espalda y no te diste cuenta

A la sombra de Agatha Christie, el séptimo arte ha regalado al espectador cientos de historias que desafiaban su capacidad de deducción y le invitaban a teorizar sobre quién sería el culpable del crimen. Recordamos algunas de las mejores.

 

Un cadáver, un grupo de carismáticos personajes (casi siempre paradigmas de los diferentes estratos sociales) y la sombra de la culpabilidad planeando sobre todos ellos eran los principales ingredientes de las novelas de Agatha Christie, prodigios del misterio y el suspense que, durante décadas, han alimentado, directa o indirectamente, algunos de los mejores thrillers de la historia. En homenaje a aquellas historias donde el espectador es un detective más que sigue las pistas hasta descubrir al asesino, Rian Johnson compone su particular y revolucionario Cluedo, donde pone a los miembros de una acaudalada familia, todos ellos sospechosos de la muerte del patriarca, ante el escrutinio de un sagaz inspector ( Daniel Craig). Puñales por la espalda nos brinda la oportunidad de recordar (sin SPOILERS) diez ilustres del whodunit, ese subgénero cinematográfico donde la gran pregunta siempre es ¿quién lo hizo?

Memento (2000), de Christopher Nolan

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Hoy en día uno de los mejores directores del planeta, Christopher Nolan comenzó a fraguar su leyenda con Memento, una película de reducido presupuesto que logró fascinar a crítica y público y estar nominada a dos Oscars gracias a una propuesta revolucionaria. El protagonista era Leonard ( Guy Pearce), un hombre que había perdido la memoria a corto plazo durante el asesinato de su mujer. Obsesionado con encontrar al culpable, fotografiaba con su polaroid, anotaba post its y hasta se tatuaba en el cuerpo las pistas que iba recogiendo durante los pocos minutos que podía retener información. Su puesta en escena y su magistral montaje, donde los eventos transcurren en orden cronológico inverso, llevaba al espectador a contagiarse de la confusión y el dolor de este personaje atrapado en un laberinto de indicios, a veces falsos y otras verdaderos, que terminaban conduciendo a un sorprendente culpable.

Asesinato en el Orient Express (2017), de Kenneth Branagh

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Nadie en la historia ha sabido incentivar la perspicacia y el afán detectivesco del lector como Agatha Christie para después, en un giro final, demostrarle que el asesino había estado siempre ante sus ojos. Quizá porque sus novelas se han convertido en droga literaria para varias generaciones a lo largo de un siglo, el cine siempre ha encontrado en estos relatos de homicidas sigilosos y sagaces detectives el material perfecto para sus thrillers. Más de 40 películas han adaptado la obra de Christie, desde clásicos como Diez negritos (1945), Asesinato en el Orient Express (1974) y la saga que tuvo a Peter Ustinov como Hercule Poirot desde Muerte en el Nilo (1978) hasta Cita con la muerte (1988). En los últimos años, este subgénero en sí mismo ha experimentado un repunte gracias a La casa torcida y, sobre todo, el taquillazo de Kenneth Branagh Asesinato en el Orient Express. Entre el clasicismo y la innovación, el actor y director británico destacaba tanto detrás como delante de la cámara en esta historia sobre un grupo de pasajeros del emblemático tren que, al final, tenían más cosas en común que el simple hecho de compartir transporte y escena del crimen.

Sospechosos habituales (1995), de Bryan Singer

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En su bautismo de fuego (nunca mejor dicho) en Hollywood, Bryan Singer firmaba uno de los thrillers imprescindibles de los 90, un neo-noir de culto que ganó los Oscars a Mejor guión original (para Christopher McQuarrie) y Mejor actor de reparto para un Kevin Spacey que se robaba la película. La historia seguía la investigación de un agente de aduanas (Chazz Palminteri, en uno de sus pocos papeles en el lado correcto de la ley) sobre el incendio de un barco y 27 cadáveres que no murieron precisamente por accidente. A través de la declaración del único testigo vivo que queda de la matanza, el detective y el espectador elucubran sobre quién de los cinco Sospechosos habituales que se conocen en una rueda de reconocimiento se esconde tras la identidad de Keyser Söze, un misterioso traficante que se ha convertido en el hombre del saco para policías y criminales.

Identidad (2003), de James Mangold

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El polifacético James Mangold se disfrazaba de Hitchcock en esta pequeña joya, disfrutable sólo para aquellos que se dejan llevar por giros tramposos y delirantes. Identidad regala una primera hora impecable, donde diez desconocidos que se han visto atrapados por una tormenta, terminan confinados en un cochambroso y casi abandonado motel de carretera. Por si el escenario no fuera suficientemente inquietante para estos inquilinos (entre ellos una familia, un ex policía y un peligroso delincuente escoltado por un agente federal), la cosa se ponía aún más terrorífica cuando descubren que cumplen años el mismo día, sus diferentes vidas tienen puntos en común y, además, uno de ellos es un asesino que los va a ir matando uno a uno. Al margen de su delirante twist final, la manera de jugar con las pistas y las teorías del espectador hacen del film una experiencia de lo más divertida.

Gosford Park (2001), de Robert Altman

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Última obra maestra del gran Robert Altman y nominada a 7 Oscars (ganó el de Mejor guion original), Gosford Park proponía una ácida sátira de la sociedad británica de los años 30, desde las clases más privilegiadas a las más humildes. Lo mezclaba con una trama de misterio y asesinato al más puro estilo de Agatha Christie, ambientada en una mansión de la campiña inglesa donde se reúnen nobles, héroes de guerra y productores de Hollywood, para una partida de caza que termina con un homicidio. A partir de esta circunstancia, se desarrollaba una trama de historias cruzadas (la especialidad de Altman) donde se desvelaban secretos de alcoba y relaciones entre aristócratas y sirvientes que se pasaban por el arco del triunfo los estrictos códigos morales de la época.

El juego de la sospecha (Cluedo) (1985), de Jonathan Lynn

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Nadie como el mítico John Landis para llevar a la gran pantalla esa mezcla de misterio y diversión del juego de mesa Cluedo. Tim Curry o Christopher Lloyd eran algunos de los invitados de una particular cena, inspirada por las novelas de Agatha Christie, donde todos los invitados sufren el chantaje de su anfitrión. Cuando éste es asesinado durante un repentino apagón, el resto debía encontrar al homicida antes de que éste volviera a actuar. Lo curioso de esta cinta, ópera prima de Jonathan Lynn, es que el espectador podía verla varias veces sin tener la certeza absoluta de quién sería el culpable, pues se rodaron tres finales diferentes que se mostraban aleatoriamente con cada proyección. Vapuleada por la crítica y desastre de taquilla en su momento, se terminó convirtiendo en una película de culto. Ryan Reynolds como protagonista, y Jason Bateman como realizador, preparan un remake.

Seven (1995), de David Fincher

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Tras decenas de videoclips a sus espaldas y la fallida Alien 3 en su curriculum, David Fincher se descubrió como visionario del thriller con Seven. Muchas han seguido la plantilla de esta mezcla de buddy movie y sórdido relato de asesino en serie, pero pocas han alcanzado la excelencia a nivel de ambientación, montaje y trama. Brad Pitt interpretaba a un detective de homicidios novato y Morgan Freeman a un veterano a punto de jubilarse. Ninguno de los dos había visto antes el nivel de sadismo de John Doe, un psicópata que escenificaba con sus víctimas los siete pecados capitales. Su sorprendente identidad se revelaba relativamente pronto, pero seguro que el espectador no se esperaba lo que vendría después.

Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (2011), de David Fincher

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Quince años después de revolucionar el género de asesinos en serie, David Fincher volvía a invitar al espectador a descubrir quién había asesinado y ocultado el cadáver de Harriet Vanger, la sobrina del acaudalado patriarca de uno de los clanes más ricos de Suecia. La novela superventas de Stieg Larson se convertía en un thriller de cuidada factura técnica que, con sus defectos, mejoraba la adaptación previa de Niels Arden Oplev. Daniel Craig era el periodista encargado de esclarecer el caso, sepultado por décadas de inconfesables secretos familiares y cadáveres ocultos en armarios de Ikea, de sorprendente resolución. Por su parte, Rooney Mara cosechaba una de las cinco nominaciones al Oscar de Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres como la legendaria hacker Lisbeth Salander.

Un cadáver a los postres (1976), de Robert Moore

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Comedia de culto de los años 70, Un cadáver a los postres reunía a algunos de los mejores actores y cómicos de la época (como David Niven, Peter Sellers o Alec Guinness) y algún que otro ilustre debutante (Truman Capote, al que nominaron al Globo de Oro) alrededor de una particular cena que tenía como aliciente la resolución de un asesinato. Los invitados eran algunos de los detectives de ficción más conocidos de la literatura inglesa y americana, desde Hercule Poirot hasta Miss Marple o Charlie Chan. Lo que empieza como una parodia, se termina convirtiendo en una divertida revisión del subgénero de ¿quién lo hizo? repleta de ingenio, humor negro e intentos homicidas que van desde escorpiones a explosivos. Lo curioso de la cinta es que, tras todo tipo de descabellados giros y revelaciones, el espectador es el único que descubre realmente al verdadero culpable.

¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988), de Robert Zemeckis

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Robert Zemeckis hacía su particular homenaje al cine negro de la única manera que sabe: experimentando con las tecnologías e innovaciones cinematográficas. En este caso combinaba acción real y animación para dar vida a un caótico universo de colores chillones y personajes lunáticos, por el que se movía un detective ( Bob Hoskins), contratado por la explosiva femme fatale Jessica Rabbit para demostrar la inocencia de su marido, acusado de asesinato. A medida que intenta esclarecer una trama de escándalos y conspiraciones que ponen en peligro el equilibrio de la ciudad, se revelaría la identidad del verdadero homicida, así como su sorprendente naturaleza y antecedentes. Sin duda, uno de los mejores, y más divertidos, entretenimientos de los 80.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 27/11/2019
 


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