El País

10 cosas de la ciencia-ficción que nos enseñó Spielberg

El futuro y los aliens según el Rey Midas del cine

Patrimonio del séptimo arte y una de las grandes leyendas vivas del cine, Steven Spielberg ha triunfado tanto como director "serio" como en su faceta de creador de algunos de los mejores entretenimientos fílmicos de todos los tiempos, que le han hecho ganarse el sobrenombre de Rey Midas del cine. Especialmente destacadas han sido sus incursiones en la ciencia-ficción, donde ha sentado cátedra con películas como Encuentros en la tercera fase, Parque Jurásico o Minority Report. Trece años después, Spielberg vuelve al género con Ready Player One, adaptación del best seller de Ernest Cline ambientado en un futuro superpoblado donde la gente se aleja de su triste vida cotidiana sumergiéndose en un mundo virtual. Cuando su creador muera y ponga su fortuna en manos de quien resuelva unos acertijos relacionados con la cultura pop de los 80, se iniciará una demencial caza del tesoro protagonizada por millones de usuarios.

 

Con motivo de este estreno, recopilamos en la galería sobre estas líneas 10 lecciones imprescindibles sobre la ciencia ficción que nos enseñó el maestro Spielberg.

Hay alienígenas buenos, y otros muy malos (Encuentros en la tercera fase (1977), E.T. El extraterrestre (1982) y La guerra de los mundos (2005))

10 cosas de la ciencia-ficción que nos enseñó Spielberg

 

Salvo honrosas excepciones, la ciencia-ficción que abordaba encuentros alienígenas hablaba de violentas invasiones en las que humanos y extraterrestres se enfrentaban a vida o muerte. Esto cambió con la sensacional Encuentros en la tercera fase, donde un obsesionado Richard Dreyfuss terminaba convirtiéndose en embajador terrícola ante unas bajitas criaturas grises que tenían más curiosidad que deseos de aniquilación. Ocurrió lo mismo con la ya legendaria historia de amistad entre Elliott y el simpático E.T., que demostró que los aliens también podían ser entrañables. Todo lo contrario de lo que pasaba en la última incursión de Spielberg en el subgénero, La guerra de los mundos, donde, esta vez si, los viajeros de otro planeta llegaban a la Tierra con ganas de no dejar humano vivo a su paso.

El ADN: Un universo de posibilidades (Parque Jurásico (1993))

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Al escritor Michael Crichton le atribuimos el mérito de tener una idea tan genial como punto de partida para una magnífica novela que se convirtió, de la mano de un Spielberg en plena madurez, en un clásico instantáneo del sci-fi. Cuando la ingeniería genética y la clonación eran todavía disciplinas en pañales, Parque Jurásico nos mostró el gran poder que se esconde tras el ADN, y nos hizo imaginar todo un mundo de posibilidades cuando vimos, en un ejemplar y didáctico vídeo de 2 minutos, cómo de la sangre de la que se alimentó un mosquito hace millones de años, se podía devolver a la vida a un brontosaurio de 4 pisos de altura, además de otras criaturas un poco menos amistosas.

El futuro son las pantallas táctiles (Minority Report (2002))

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No era la primera película que mostraba algo parecido a la tecnología táctil en el cine (recordemos ese antepasado del iPad en Star Trek: La nueva generación), pero fue Minority Report la que se adelantó, cinco años, al boom de este tipo de pantallas iniciado con el lanzamiento del primer iPhone. Muchos de los gestos que hoy en día hacemos en nuestros smartphones, tablets y demás dispositivos son heredados de aquel Tom Cruise que resolvía crímenes antes de que fueran cometidos, hasta que la tecnología, como en todo buen thriller sci-fi, se volvía en su contra. A Steve Jobs le debemos la innovación, y a Spielberg la inspiración.

Niños y extraterrestres: combinación ganadora (Encuentros en la tercera fase (1977), E.T. El extraterrestre (1982) y La guerra de los mundos (2005))

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Hasta tres películas ha dirigido Steven Spielberg con extraterrestres de por medio y en las tres ha habido niños de por medio. El Rey Midas del cine explotó un filón casi inédito en el cine de ciencia-ficción. Empezó con aquella memorable escena de Encuentros en la tercera fase donde el hijo de Jillian es atraído y abducido por las luces alienígenas, continúo con la relación entre Eliott y E.T. que ya es historia del cine y culminó con una preadolescente  Dakota Fanning intentando evitar infructuosamente que las criaturas del espacio exterior la capturaran, mientras  Tom Cruise tenía que tirarles una granada para atraer su atención.

Los robots también lloran (A. I. Inteligencia Artificial (2001))

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Mucho de lo que se ve en A.I. Inteligencia Artificial se lo debemos al maestro Kubrick, pero fue Spielberg el que plasmó las ideas del genio neoyorkino en una historia visualmente apabullante y con un trasfondo de oscuro cuento de hadas. El centro de todo esto era David (Haley Joel Osment), un joven androide que ha sido fabricado para sentir y que, tras ser repudiado por su familia, busca desesperadamente la forma de convertirse en un niño de verdad. No era el primer robot con emociones del cine (por ahí andan el torturado Robocop, el T100 de Arnold Schwarzenegger o el melancólico Roy Batty de Blade Runner), pero fue este pequeño el que mejor demostró que, entre circuitos y baterías, los robots también tenían su corazoncito.

Destruir monumentos no lo es todo. (Encuentros en la tercera fase (1977), E.T. El extraterrestre (1982) y La guerra de los mundos (2005))

10 cosas de la ciencia-ficción que nos enseñó Spielberg

 

Si por el cine de ciencia-ficción fuera, no quedaría ni un solo monumento terrícola en pie. La Casa Blanca, La torre Eiffel, La Estatua de la Libertad o el Big Ben han sufrido las iras de casi todos los alienígenas que han venido a nuestro planeta buscando pelea. Spielberg, sin embargo, supo plasmar en pantalla la llegada de visitantes de otro mundo sin necesidad de reconocibles postales que le dieran dimensión mundial, algo que, sin duda, beneficiaba a la profundidad de los personajes. Mientras E.T. El extraterrestre estaba ambientada en un pequeño pueblo americano y Encuentros en la tercera fase se ampliaba al territorio de EE.UU., la colonización alienígena de La guerra de los mundos no necesitó destruir ningún edificio, torre o puente emblemático para que el espectador sintiera la claustrofóbica invasión de unos alienígenas con capacidad para cazar a cada humano de la Tierra uno a uno.

A veces, huir no es la mejor opción (Parque Jurásico (1993))

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Cuando uno va a un lugar desconocido, resulta muy útil contar con un guía que conozca un poco el terreno. En Parque Jurásico pocos en el mundo se habían visto antes cara a cara con un Tiranosaurio Rex, así que lo más parecido era escuchar los sabios consejos de un experto paleontólogo. Cuando la cosa se salió de madre, gracias al Dr. Grant descubrimos que, según el tipo de depredador conviene estarse quietecito o salir corriendo como alma que lleva el diablo. Velocirraptores y el Rex dieron variedad de posibilidades a Spielberg para jugar con la tensión y el peligro en unas cuantas escenas memorables. Eso si, la ciencia (la de verdad) ha demostrado que el Rex, de cegato, nada.

La tecnología es un arma de doble filo (Minority Report (2002))

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No es que sea patrimonio de Spielberg contar el reverso tenebroso de los avances de la ciencia y la tecnología (es, de hecho, uno de los grandes leitmotivs de la ciencia-ficción), pero pocos como él plasmaron en la pantalla lo que pasa cuando un grupo de humanos muy inteligentes, pero también un poco inconscientes, se vienen arriba con aquello de jugar a ser Dios. Ya lo vimos en Parque Jurásico cuando un zoológico prehistórico creado a partir de la ingeniería genética convierte a sus visitantes en un buffet libre para las propias atracciones, pero si hay una película que juega bien con este concepto es Minority Report. Un avanzado y, aparentemente, infalible sistema consigue detener al asesino incluso antes de que éste cometa el crimen (con las implicaciones éticas y morales que ésto implica), pero cuando la máquina se vuelve contra su dueño, Tom Cruise se dará cuenta de que nada como el instinto policial de toda la vida.

Para los extraterrestres, la gravedad es una broma (Encuentros en la Tercera Fase y E.T. El extraterrestre)

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Dos de las escenas más memorables de las incursiones de Spielberg en la ciencia ficción son aquellas en las que se demuestra que para los extraterrestres la gravedad no es un problema. Ya se veía en Encuentros en la tercera fase, cuando el bueno de Roy Neary ( Richard Dreyfuss) flotaba dentro de su coche en su primer contacto con los seres interplanetarios, pero sobre todo cuando el pequeño Elliot, su amigo alienígena E.T. y el resto de la pandilla escapaban de las autoridades convirtiendo sus bicicletas en improvisados platillos volantes.

La vida se abre camino (Parque Jurásico (1993))

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Si hay algo que se repite como un mantra en toda la saga Parque Jurásico es ese lema de la novela de Michael Crichton que decía "la vida se abre camino". Lo pronunciaba el genial Ian Malcolm ( Jeff Goldblum) de la cinta original, que resumía en apenas cinco palabras una idea siempre presente en la ciencia-ficción de Spielberg: no hay nada ideado o creado por el hombre que pueda rivalizar con la imprevisibilidad de la naturaleza. Precrimen sucumbía al libre albedrío en Minority Report, los dinosaurios de Jurassic Park no tardaban en saltarse las leyes de control de población de los ingenieros y hasta los alienígenas de La guerra de los mundos morían antes por las bacterias de nuestro planeta que por el armamento humano, entre otros ejemplos.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 28/03/2018
 



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