El País
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10 memorables monos de cine

Películas que no ganaron para plátanos

Primero fue King Kong el que llevó a los simios a lo más alto de la gran pantalla, dando pie a todo un subgénero de amenazadores gorilas que asombró a varias generaciones. Luego llegaron chimpancés y orangutanes entrañables que, como partenaires de grandes estrellas de Hollywood, desataron las risas del público en alguna que otra comedia que más de uno querría eliminar de su curriculum. Tras una época en la que fueron los monos capuchinos los que asumieron el protagonismo en el cine de aventuras, parece que la tendencia vuelve a recuperar a aquellos grandes y furiosos primates de antaño. Brad Peyton y Dwayne Johnson vuelven a unirse para, con Proyecto Rampage, seguir la estela de la reciente Kong: La isla Calavera y asaltar la cartelera junto a un gorila de espalda plateada que, tras aumentar de tamaño descontroladamente, reducirá a escombros todo a su paso.

 

Aprovechando el estreno de esta película, que adapta libremente el exitoso videojuego de los 80, recordamos en la galería sobre estas líneas a otros primates que han dejado huella en el séptimo arte.

Jack en Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra (2003), de Gore Verbinski

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Uno de los pocos que han sobrevivido, junto al Capitán Jack Sparrow a todas las entregas de la saga Piratas del Caribe es Jack, este mono capuchino bastante caradura. En su caso, el truco está en ser un simio inmortal (o zombi, según le de la luz), que en la primera entrega ponía sus magníficas dotes para el robo y la piratería al servicio de Barbosa. A lo largo de las secuelas ha tenido que pasar por todo tipo de penurias (le han llegado a disparar desde un cañón), pero Jack siempre ha conservado la sonrisa.

Kong en King Kong (1933), de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsak

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El mono más grande de todos los tiempos (literal y metafóricamente hablando) fue este gigantesco simio que, allá por los años 30, viajó de una isla en la que ostentaba la categoría de dios hasta la Gran Manzana, para situar en la cima del Empire State Building su última residencia conocida. El mito de Kong ha sido revisitado en múltiples ocasiones a lo largo de los años (la última, Kong: La isla Calavera), y en todas ellas se mantiene la grandiosidad y el buen corazón de este gorila de dimensiones desproporcionadas, apetito por la destrucción y tanta fascinación por las mujeres rubias como aversión por los aparatos que vuelan.

El planeta de los simios (1968), de Franklin J. Schaeffner

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Si hablamos de simios, no podemos olvidar la saga distópica nacida de la pluma de Pierre Boulle e inmortalizada en el clásico de ciencia ficción protagonizado por Charlton Heston. En la franquicia, revitalizada con la trilogía que cuenta el origen de esta civilización de primates a través del chimpancé de laboratorio César ( Andy Serkys), a posteriori líder y precursor de la revolución de sus congéneres, los monos han evolucionado hasta una sociedad muy avanzada, donde los humanos son un cruce entre esclavos y mascotas. En aquella cinta sobresalían personajes memorables como el Dr. Zaius, Zira o Cornellius, producto de un maquillaje magistral y avanzado a su tiempo, que han fascinado a generaciones.

Cheeta en Tarzán de los monos (1934), de W.S. Van Dyke

10 memorables monos de cine

 

Mientras el hombre mono creado por Edgar Rice Burroughs se convertía en icono cinematográfico entre los 30 y 40 de la mano de Johnny Weissmuller, revisionado frecuentemente en las décadas posteriores, a su lado siempre permanecía su inseparable mona Cheeta, un chimpancé completamente real y amaestrado (en aquel entonces no se llevaba lo del CGI) que le ayudaba en sus aventuras y a rescatar a Jane. A veces, la simia estaba tan unida a la pareja, que le costaba dejarles algo de espacio para sus momentos de intimidad en la playa.

Moon-Watcher en 2001: Una odisea en el espacio (1968), de Stanley Kubrick

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Antes de adentrarnos en la odisea espacial, Stanley Kubrick nos regaló 20 de los minutos más memorables del cine en los que volvía atrás millones de años para mostrar el origen del pensamiento humano a través de una tribu de monos que, a través de un misterioso monolito, descubren el uso de las herramientas y las armas. Algunos de los simios primitivos de este grupo pudieron dar fe de las malas pulgas que tenía su líder, hueso en mano, promulgando una idea de supervivencia a través de la violencia que, siglos más tarde, seguía imperecedera.

Amy en Congo (1995), de Frank Marshall

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Clásico indiscutible de sobremesas y noches intersemanales de los 90, esta disfrutable, pero masacrada por la crítica, cinta de aventuras de Frank Marshall (productor de todas las películas de Indiana Jones) tenía como gran protagonista (incluso por encima de una desorientada Laura Linney) a Amy, una gorila con inteligencia de sobra para beber en copa de Martini y aprender lenguaje de signos que, además, contaba con una mochila con traducción simultánea. La idea, desde luego, es de esas que suenan mejor en la cabeza del guionista que una vez plasmada en la pantalla, donde esta simia animatrónica protagonizaba memorables momentos de comedia involuntaria.

Joe en Mi gran amigo Joe (1998), de Ron Underwood

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La fiebre de King Kong llevó a los estudios a crear exploitations del mono gigante, entre las que destacaba una cinta de 1949 que en España se llamó El gran gorila y a la que debemos el honor de ser la primera en la que el maestro Ray Harryhausen aplicó sus efectos de stop motion. Pasaron casi 50 años y ese pequeño clásico de culto pasó por el filtro del mainstream descerebrado de la Disney para convertirse en Mi gran amigo Joe, una cinta familiar protagonizada por Charlize Theron y Bill Paxton en la que Joe, ahora mitad animatrónico, mitad CGI (se llevó una nominación al Oscar a Mejores efectos visuales) era un gorila sobredimensionado con poco aprecio hacia los cazadores furtivos.

Dunston en Mi colega Dunston (1996), de Ken Kwapis

10 memorables monos de cine

 

Los 90 fueron territorio para películas familiares con todo tipo de animales de compañía. Entre perros y gatos sobresalieron las comedias con monos, que les convertían en estrellas de diversos deportes, desde el baseball junto a Matt Leblanc (Ed, el chimpancé, 1996) hasta el hockey hielo (¡Cómo mola ser mono!, 2000). De todas ellas, la que más recordamos (quizá porque la televisión se encargó de ello con numerosas reposiciones) es Mi colega Dunston, una cinta protagonizada por un niño y un orangután de gustos bastante sibaritas que se instalaba en un hotel de 5 estrellas para desgracia del gerente (Jason Alexander) y su cuidador ( Rupert Everett), que le había adiestrado como hábil ladrón de joyas.

Clyde en Duro de pelar (1978), de James Fargo y La gran pelea (1980), de Buddy Van Horn

10 memorables monos de cine

 

En plenos años 70, donde Clint Eastwood se paseaba por las salas revólver en mano ajusticiando criminales como Harry El Sucio, hubo que retrotraerse millones de años atrás en la evolución humana para encontrar a un compañero de escena que fuera tan badass como él. Lo encontraron en Clyde, un orangután con muy malas pulgas que aprendió de Clint a repartir mamporros y peinetas mientras se ganaban la vida con peleas con poco glamour. La comedia dio lugar a una secuela, La gran pelea, pero después Clint siguió otro camino y no volvió a contar con Clyde, ni siquiera como entrenador para el gimnasio de Million Dollar Baby.

Ella en Atracción diabólica (1988), de George A. Romero

10 memorables monos de cine

 

Entre la horda de zombis que conforma la filmografía de George A. Romero se esconde esta pequeña producción, desconocido y formidable clásico de terror, en la que un prometedor joven ve su vida truncada tras un accidente que le deja tetrapléjico. Para valerse en su día a día contaba con la ayuda de Ella, un mono capuchino que, tras un experimento, sincronizaba su mente con la suya. También se volvía una simia bastante celosa e irascible, que interpretaba los sentimientos de odio demasiado al pie de la letra y se convertía en una asesina fuera de control, incluso para su propio dueño.

Bonus: Los simios animados

10 memorables monos de cine

 

Hasta en tres de las películas de animación más memorables de Disney encontramos emblemáticos monos, en su mayoría grandes secundarios de la compañía del ratón. En El libro de la selva surgía el Rey Louie, un orangután amante del boogie con intenciones oscuras. En El rey león Rafiki, un memorable mandril, era un respetado y divertido chamán que se encargaba de inspirar a Simba algo de sentido común. Por su parte, Aladdín tenía como compañero de fatigas al escurridizo mono Abu. Fuera de Disney destacan el langur dorado con maestría en las artes marciales y voz de Jackie Chan de la saga  Kung Fu Panda y los chimpancés astronautas de la nefasta Space Chimps.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 10/04/2018
 




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