El País

10 películas de Marvel que no forman parte de su universo cinematográfico

Superhéroes fuera del canon

Hoy en día, el binomio Disney/Marvel es el gran dominador de la taquilla mundial y cada entrega de su Universo Cinematográfico se convierte en uno de los acontecimientos del año. Sin embargo, hubo un tiempo en que la Casa de las Ideas, al borde de la quiebra, tuvo que vender los derechos de sus personajes a majors como Universal, Fox o Sony. Muchos de aquellos han vuelto a casa, mientras otros siguen protagonizando sagas lejos de ese mundo en el que Iron Man, Capitán América y compañía protegen la Tierra de todo tipo de amenazas. Uno de ellos es Venom, la terrorífica némesis de Spider-Man, que ahora protagoniza su primera película en solitario. Tom Hardy se pone en la piel de Eddie Brock, un periodista obsesionado con desenmascarar a una malvada corporación al que un simbionte alienígena convertirá en una impredecible fuerza destructiva.

 

Con motivo de este estreno, repasamos otras películas y sagas protagonizadas por héroes de Marvel que, sin embargo, existen fuera de su Universo Cinematográfico.

Logan (2017), de James Mangold

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Es una de las mejores películas de un superhéroe Marvel fuera del universo cinematográfico. El western crepuscular de James Mangold adaptaba libremente el emblemático cómic Old Man Logan para despedir con honores al personaje encarnado por última vez, y de una forma magistral, por Hugh Jackman. En un mundo donde casi todos los mutantes están extintos, Lobezno atravesaba el país junto a una niña y un demente Profesor X en una trepidante road movie de violencia cruda y explícita donde, por fin, encontraba la redención al final del camino. Épica conclusión del viaje que inició en solitario en la olvidable X-Men Origins: Lobezno y la irregular Lobezno inmortal.

Spider-Man (2002), de Sam Raimi

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Contribuyó, junto a los X-Men de Bryan Singer, a sentar los cimientos del género de superhéroes tal y como lo conocemos hoy. Uno de los enmascarados más conocidos de la Casa de las Ideas daba el salto a la gran pantalla de la mano de Sony y el director Sam Raimi, que conseguía trasladar con éxito el espíritu del Trepamuros del cómic a la gran pantalla en un film colorido, trepidante y emocionante de principio a fin. Spider-Man 2 subió aún más el listón para situarse entre las mejores cintas del género de todos los tiempos. Por desgracia, Spider-Man 3 fue víctima de las presiones del estudio, que dieron lugar a un cierre de la saga atropellado, caótico y, sobre todo, decepcionante. Reiniciaría Sony el contador 5 años más tarde con el reboot The Amazing Spider-Man, donde Andrew Garfield mejoraba las prestaciones de Tobey Maguire en dos entregas. 3 años más tarde, "nuestro amigo y vecino" volvería a casa, ya con el rostro de Tom Holland, para formar parte del UCM en Civil War, Spider-Man: Homecoming y Vengadores: Infinity War.

Deadpool (2016), de Tim Miller

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Ryan Reynolds ya se movía como pez en el agua en las películas de Marvel como compañero de fatigas de Blade en su tercera entrega o como una versión desvirtuada de Deadpool, el personaje que por fin le daría el éxito, en X-Men Origins: Lobezno. Su empeño y el del director Tim Miller consiguió finalmente que la Fox diera luz verde a una propuesta que, por aquel entonces, era más que suicida: financiar una película de superhéroes en la que no hubiera límites a la hora de mostrar lenguaje soez y violencia y sexo explícito. Sin embargo, el negrísimo humor del Mercenario Bocazas, sus habituales rupturas de la cuarta pared, una acción vertiginosa y un ácido sentido de la autoparodia, donde hay para todos en el género, la convirtieron en todo un fenómeno de taquilla. Los resultados de Deadpool 2, que pierde frescura pero gana en consistencia, ha dejado claro que, si Disney lo permite, tenemos saga para rato.

X-Men (2000), de Bryan Singer

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El film fundacional dirigido por Bryan Singer significó el pistoletazo de salida de toda una época dorada para el cine de superhéroes. Las aventuras del Profesor X, Lobezno, Magneto y compañía demostraron a los estudios que en las páginas de los cómics se encontraba la nueva gallina de los huevos de oro. Pero todo esto no habría pasado si no hubiera sido por la categoría de un film que compaginaba un espectáculo de efectos especiales apabullante con una historia compleja con múltiples capas y matices y unas interpretaciones formidables. Todas estas virtudes pasaron a un siguiente nivel en la excepcional secuela, que profundizaba en ese trasfondo social, el de la fobia al diferente, que se ha convertido en leitmotiv de la franquicia. Le siguieron 3 entregas más (y la magnífica precuela X-Men: Primera generación) que, sin acercarse a la calidad de las dos primeras, han provocado un caos de universos alternativos, viajes en el tiempo y rejuvenecimiento de personajes que resultan difíciles de seguir por el aficionado de a pie.

Blade (1998), de Stephen Norrington

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El gran outsider de Marvel se convirtió en uno de los éxitos de taquilla más inesperados allá por 1998 cuando Wesley Snipes dejaba para la posteridad uno de los superhéroes más carismáticos y badass de la historia del cine. Interpretaba a Blade, mitad humano, mitad vampiro, que recorría los barrios bajos de Nueva York en busca de los chupasangres más abyectos. Terror y acción se fusionaban en este thriller urbano de violencia hiperestilizada que tuvo una excepcional secuela dirigida por Guillermo del Toro, más cercana al género fantástico, y una deficiente tercera entrega que terminó clavando una definitiva estaca en el pecho al personaje y a la propia carrera de Snipes.

Hulk (2003), de Ang Lee

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A diferencia de muchos de sus coetáneos de principios de los 2000, Hulk era un personaje bien conocido por el público mayoritario, merced a la mítica serie protagonizada por Lou Ferrigno. Universal decidió escoger al Gigante Esmeralda para su desembarco en el cine de superhéroes y redondeó la propuesta con un director reputado ( Ang Lee, que venía de rodar Tigre y Dragón) y una pareja de actores en plena evervescencia ( Eric Bana y la recién oscarizada Jennifer Connelly). Incomprendida en su estreno, esta rara avis del género se preocupaba más por la difícil vida interior de Bruce Banner, torturado por el trauma familiar y atrapado en su cuerpo con un monstruo de fuerza devastadora, que en mostrar un descerebrado espectáculo de destrucción. Los puristas no conectaron con la propuesta, heredera de la narrativa comiquera, y el público se quedó corto con las impresionantes 3 set pieces que adornan la película. Ya dentro del UCM, Hulk volvería con la intrascendente El increíble Hulk y cuajaría como secundario de lujo en la saga Vengadores y Thor Ragnarok.

Daredevil (2003), de Mark Steven Johnson

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Odiada por unos y apreciada por otros, Daredevil es el ejemplo perfecto de cómo las decisiones empresariales pueden cargarse un film con posibilidades. Lo que podría haber sido una cinta de superhéroes adulta, donde el protagonista (abogado de día, justiciero de noche) se enfrenta a una ceguera causada por el mismo accidente que le dio sus poderes a la vez que intenta vivir con la culpa que su implacable lucha contra el crimen le causa, se convierte en un festival de peleas coreografiadas entre personas disfrazadas. Ben Affleck, nefasta elección de casting, es devorado en cada escena por los villanos de turno, unos carismáticos Colin Farrell y Michael Clarke Duncan. Por ahí también andaba Jennifer Garner como Elektra, protagonista de un spin off del que mejor ni hablar. Por suerte, Fox devolvió los derechos del personaje a la Casa de las Ideas, que le ha hecho justicia con la formidable serie de Netflix.

El castigador (The Punisher) (2004), de Jonathan Hensleigh

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El justiciero más implacable de la Casa de las Ideas, que ya había probado fortuna en el cine en 1989 con Dolph Lundgren en el papel, dio el verdadero salto a la gran pantalla en The Punisher, donde Thomas Jane firmaba una interpretación magnífica en un film heredero de las cintas de acción de serie B de los 80 y 90. Tenía el encanto, la violencia y el humor negro de aquellas, pero también un argumento muy poco original que hacía una peligrosa apología del ojo por ojo. John Travolta, por su parte, era un villano pasado de vueltas al que el personaje de Jane le daría una sangrienta y brutal ración de venganza por asesinar a su familia. Le siguió una hiperviolenta secuela, Punisher: War Zone, en la que Ray Stevenson se ponía el chaleco de la calavera. Aunque fue la aproximación más fiel al personaje, la película es uno de fracasos de taquilla más estrepitosos de un film de Marvel.

Ghost Rider: Espíritu de venganza (2012), de Mark Neveldine y Brian Taylor

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Capitán de la segunda unidad de héroes de Marvel, plagada de antihéroes que reparten justicia con métodos muy poco ortodoxos, la historia de este motorista acrobático que, trato con el diablo mediante, se convertía en una calavera llameante que enviaba almas pecadoras al inframundo acabó en las oficinas de Sony. No tenemos muy claro cómo semejante personaje terminó protagonizando una cinta tan esperpéntica ni cómo se escogió al histriónico Nicolas Cage para dar vida a esta psique torturada. Tampoco a dónde fueron a parar los más de 100 millones de presupuesto (¿sustancias psicotrópicas?), porque a unos buenos efectos especiales o un guion decente seguro que no. La secuela, Ghost Rider: Espíritu de venganza, cambió todo el equipo (salvo a Cage) y no le fue mejor, pues incluso perdió el tono paródico y el humor negro (lo único salvable de la cinta original) entre tanto movimiento absurdo de cámara y el duelo de sobreactuaciones entre Cage y Ciarán Hinds.

Los 4 fantásticos (2005), de Tim Story

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En 1994, Bernd Eichinger y el mítico Roger Corman produjeron una película sobre Los Cuatro Fantásticos que Marvel se encargó de sepultar antes de su estreno (suponemos que porque da un poco de vergüenza ajena). Once años después, Eichinger conservaba los derechos sobre estos superhéroes, por lo que la Fox le permitió, en plena fiebre del género, hacer una adaptación de gran presupuesto. El resultado fue una cinta familiar, inofensiva y mediocre que, salvo en el apartado de efectos visuales, mejoraba más bien poco a su apócrifa precedesora. Sin embargo, la taquilla acompañó lo suficiente como para sacar una secuela donde se repetían los errores de la original, con un Silver Surfer digital como mejor actor de la función. En 2015 Fox decidió probar suerte de nuevo con Cuatro fantásticos, un reboot absolutamente desastroso en fondo y forma que sólo sirvió para dos cosas: que la productora mantuviera los derechos sobre la Primera Familia y que Jamie Bell conociera a su esposa Kate Mara.

BONUS: Howard: Un nuevo héroe (1986), de William Huyck

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Fracaso absoluto de crítica y público y candidata a peor película de su década, Howard: Un nuevo héroe fue una de las primeras películas de un personaje de Marvel en ver la luz. Convertido en clásico de culto, este film contaba la llegada a la Tierra de un pato parlante tras un accidente en un laboratorio espacial. Para volver a casa y detener a un malvado villano se aliaría con la cantante de un grupo de rock. Fue también la primera película que produjo George Lucas después de la trilogía original de Star Wars.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 03/10/2018
 




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