El País
Imprimir

10 películas para no meterse en el agua

Mejor verlas desde la orilla

En plena época de vacaciones, la playa es el destino perfecto para deshacerse del calor con un baño en el mar. Sin embargo, el cine nos avisa de los peligros que se esconden bajo las aguas cristalinas. En las profundidades aguardan al bañista o navegante incauto desde fantasmas a monstruos marinos, pasando por criaturas mucho más cotidianas como el siempre recurrido tiburón blanco. Precisamente el antepasado de este gran depredador vuelve de la prehistoria para aterrorizar a una estación subacuática en Megalodón, cinta que combina acción, comedia y terror y en la que este escualo de más de 20 metros encontrará la horma de su zapato en Jason Statham.

 

Con motivo de este estreno, repasamos en la galería sobre estas líneas otros títulos que, desde el suspense o el terror, sugirieron una inquietante sombra bajo la idílica y relajante estampa de las olas del mar.

Tiburón (1975), de Steven Spielberg

10 películas para no meterse en el agua

 

No puede haber ranking de cine veraniego sin mencionar el clásico de Steven Spielberg. Mucho menos si hablamos de meter miedo al bañista y hacerle escudriñar con atención el horizonte, por si alguna criatura indeseada espera con sus mandíbulas preparadas para darse un banquete de carne humana. Tensión, cámara subacuática, mucha perspectiva en primera persona del escualo rondando las pantorrillas de los inconscientes veraneantes, la inmortal partitura del maestro John Williams y uno de los clímax más tensos y trepidantes de la historia del cine inquietó y fascinó a generaciones de espectadores que, desde entonces, no meten el pie en el mar de la misma forma.

Piraña (1978), de Joe Dante

10 películas para no meterse en el agua

 

El éxito de Tiburón dio pie a toda una serie de exploitations en los que todo tipo de criaturas acuáticas se merendaban a los bañistas. De todas ellas, la más destacada fue esta cinta de Joe Dante en la que una legión de estos pequeños peces carnívoros terminaba en un río abarrotado de turistas disfrutando de las vacaciones de verano. Un buffet libre que estas insaciables criaturas se esforzaban por amortizar en un festival de muertes y mucho humor negro. Tuvo secuela (aunque James Cameron reniegue de ella) y remake ( Piraña 3D), con un Alexandre Aja completamente desmadrado que aprovechó al máximo las posibilidades del 3D.

Calma total (1989), de Phillip Noyce

10 películas para no meterse en el agua

 

Una pareja se hace a la mar en su pequeño velero para intentar olvidar la triste pérdida de su hijo, y en lugar de algo de paz y tranquilidad se encuentran al siempre inquietante Billy Zane saliendo de un barco en el que todos, excepto él, han muerto. Tras rescatar al náufrago, el pequeño yate se convertía en el tablero en el que Phillip Noyce construía con maestría un tenso y angustioso juego del gato y el ratón que elevó la carrera de una joven Nicole Kidman a un nuevo nivel.

Deep Blue Sea (1999), de Renny Harlin

10 películas para no meterse en el agua

 

Fue el réquiem de Renny Harlin (artesano del actioner noventero) de las películas de gran presupuesto, pero se despidió con una trepidante cinta en la que los tiburones eran más inteligentes que sus presas humanas. También se exigía al espectador que no recurriera mucho a la lógica para disfrutar de este tren de la bruja repleto de sustos (y algo de vergüenza ajena) de ritmo vertiginoso. Mientras una moderna estación subacuática se colapsaba, y los escualos se paseaban por los pasillos de la instalación, Thomas Jane, Ll Cool J o Samuel L. Jackson van sobreviviendo y avanzando fases a golpe de carisma. Uno de los tres no llega a la superficie, pero a cambio nos regala la muerte más apoteósica del film.

Esfera (1998), de Barry Levinson

10 películas para no meterse en el agua

 

Híbrido entre el terror y la ciencia ficción, la aventura subacuática del contrastado Barry Levinson tenía todo para convertirse en un clásico. Sin embargo, el potente punto de partida y el lujoso reparto ( Dustin Hoffman, Sharon Stone, Samuel L. Jackson) no era suficiente para levantar un segundo y tercer acto repleto de defectos. Había sensación de suspense y paranoia, en gran parte gracias al desconcierto que provocaban los giros de guión y el reguero de muertes sin sentido entre los miembros de una misión de investigación que, en el fondo del mar, encuentran una extraña nave espacial con una esfera de inquietantes propiedades en su interior. El espectador, al final, se quedaba con más preguntas que respuestas.

Open Water (2003), de Chris Kentis

10 películas para no meterse en el agua

 

Este verano, mucho cuidado con las clases de buceo. No vaya a ser que pase lo que a los protagonistas de Open Water (película basada en hechos reales), una pareja de turistas que, tras subir a la superficie, presencian horrorizados que la barca que les ha llevado hasta allí ha desaparecido. En mar abierto, a la deriva y en una zona infestada de tiburones, harán al espectador partícipe de la tensión y la angustia de una situación límite y casi real. Hizo de su mínimo presupuesto (sólo 120.000 dólares) una virtud, y tras una efectiva campaña de marketing, unida a un premio en Sundance, consiguió recaudar 450 veces lo que costó y dió pie a dos olvidables secuelas.

Abyss (1989), de James Cameron

10 películas para no meterse en el agua

 

James Cameron daba rienda suelta a su fascinación por el mundo submarino en esta cinta que jugaba más con la intriga que con el terror y en la que un grupo de científicos, apoyados por una unidad del ejercito, intentaban rescatar un submarino nuclear atrapado en las profundidades del océano. Una vez ahí, descubrirían una criatura que les acechaba y que no parecía ser nada conocido por el hombre. Sin embargo, el monstruo marino no resultaba ser el mayor problema de la tripulación, presa de la paranoia en un clima de tensión casi irrespirable. Formidables Ed Harris, Mary Elizabeth Mastrantonio y Michael Biehn como el trío protagonista.

Deep Rising (El misterio de las profundidades) (1998), de Stephen Sommers

10 películas para no meterse en el agua

 

Un año antes de La momia, Stephen Sommers experimentó con el CGI en este film con monstruo marino en el que jugaba con el suspense, el terror y el humor negro. El espíritu de autoparodia le sentaba de fábula a este placer culpable donde todo es tan absurdo y ridículo como endiabladamente divertido. Treat Williams derrochaba carisma y terminaba convertido en héroe de acción mientras combatía a unas misteriosas y tentaculares criaturas acuáticas surgidas de lo más profundo del mar que ocupaban un lujoso crucero y digerían a la gran mayoría de su tripulación. Algunas escenas creepy y un final abierto que confirmaba la falta de vergüenza de la cinta completaban la propuesta.

Mandíbulas (1999), de Steve Miner

10 películas para no meterse en el agua

 

Puro y duro entretenimiento de serie B, en esta ocasión no era la playa, sino un lago; ni un tiburón, sino un cocodrilo prehistórico, el que aterrorizaba a una pequeña población norteamericana. Sin embargo, Mandíbulas copiaba descaradamente la plantilla de Tiburón mientras mostraba en pantalla un espectáculo de muertes subacuáticas a cargo de una criatura que cobraba vida gracias a la leyenda de los efectos especiales Stan Winston. El humor predominaba sobre el terror, pero el gran depredador acuático protagonizaba algún que otro logrado susto. Bill Pullman, Bridget Fonda, Oliver Platt y Brendan Gleeson conformaban el multidisciplinar equipo que intentaba dar caza a la bestia.

Ghost Ship (Barco fantasma) (2002), de Steve Beck

10 películas para no meterse en el agua

 

Steve Beck debutó como director con la divertida casa del terror de 13 fantasmas y, un año después, se llevó a su legión de espectros a un lujoso crucero que, tras décadas vagando por el océano, se encuentra con un equipo de rescate marítimo. Por supuesto, la tarea de llevarlo a puerto no sería cosa sencilla, ya que sus antiguos pasajeros estaban empeñados en que los polizones se unieran a su fiesta de ultratumba. A pesar de una terrorífica escena inicial, el film se iba desinflando poco a poco entre muertes absurdas y mediocres giros de guion, pero el ritmo ágil y algún que otro susto competente hacen de este inquietante viaje por alta mar una interesante alternativa para una tarde de verano, eso si, en tierra firme.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 08/08/2018
 




Servicios


Recibe semanalmente los mejores
planes y premios del Club. ¡Suscríbete!




Blogs