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12 grandes películas de acción sobre ruedas

Dominic Toretto ( Vin Diesel) y sus hombres regresan en el último capítulo —hasta hoy— de la multimillonaria saga Fast & Furious. Fast & Furious 7, que supone la última aparición cinematográfica del malogrado Paul Walker, está dirigida por James Wan, una de las figuras esenciales del cine de terror de última hornada. El villano, en esta ocasión, es un vengativo Jason Statham que le pondrá las cosas crudas al equipo que conforman Brian O'Conner (Paul y Cody Walker), Luke Hobbs ( Dwayne Johnson) o Letty Ortiz ( Michelle Rodríguez), entre otros. Más espectacularidad que nunca para una entrega que lleva la acción hiperbólica que tan célebre ha hecho a la saga hasta sus límites.

Aunque pueda haber quien se tire de los pelos ante esta afirmación, existen (muchas) buenas car movies. Un subgénero que, en los últimos años, y no sin razón, carga con el estigma "poligonero", aunque también en su vertiente más cani los filmes de acción donde los automóviles son los verdaderos protagonistas puedan resultar más que decentes. Con razón del estreno de Fast & Furious 7, seleccionamos 12 reivindicables filmes que exprimen al máximo el vértigo de la conducción.

 

Un trabajo en Italia (1969), de Peter Collinson.

Todo un muestrario de bólidos de la época que, hay que decirlo, funciona muy bien —bastante mejor que su remake de 2003 a cargo de F. Gary Gray— como bufonada de atracos. Un treintañero Michael Caine nos ofrece una de sus mejores interpretaciones cómicas. Cinismo y humor british para un sólido entretenimiento.

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El diablo sobre ruedas (1971), de Steven Spielberg.

El debut de Steven Spielberg —con guión del insustituible Richard Matheson— es un ejercicio maestro de montaje y realización que, durante una hora y media saturada de tensión, escenifica la persecución del protagonista por parte de un misterioso camión cisterna. Una obra mayor que deposita todo su peso en una extraordinaria arquitectura formal. ¿Se puede pedir más?

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La huida (1972), de Sam Peckinpah.

Sam Peckinpah dirige y Walter Hill escribe este robusto filme de persecuciones protagonizado por un matrimonio de delincuentes acorralado por uno de sus cómplices tras el atraco a un banco. Basada en un libro de Jim Thompson, incatalogable escritor de novela negra, La huida es un asfixiante descenso al infierno, que tiene mucho de viaje psicológico y emocional, de dos personajes que caminan por la cuerda floja, siempre a punto de hundirse definitivamente en las tinieblas.

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Grand Prix en la montaña de los inventos (1975), de Ivo Caprino.

Creemos firmemente que esta rareza noruega rodada en stop-motion e inspirada en los libros de Kjell Aukrust merece ser rescatada del relativo olvido en el que ha caído, pese a que en su momento fuese la película noruega más taquillera de la historia. Un puercoespín, un pajarraco y un genial inventor unen esfuerzos para recuperar los planos robados de un innovador motor de carrera. Cuenta con una de las carreras más bellas que se recuerden en la historia del cine.

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Los caraduras (1977), de Hal Needham.

Bandit (Burt Reynolds en el cénit de su carrera), un curtido camionero, tiene apenas un par de días para transportar, a lo largo de más de 1.000 kilómetros, una preciada carga de cerveza. Esta es la premisa de una de las comedias automovilísticas más gamberras que se recuerden. El argumento se diluye entre colisiones y persecuciones milimétricamente planificadas. Un anárquico divertimento que marcó un antes y un después en el cine de carretera. La película cuenta con dos secuelas, Vuelven los caraduras y Los caraduras 3, cuyo interés es, a todas luces, mucho menor.

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Transporter (2002), de Corey Yuen.

El salto definitivo al estrellato para Jason Statham viene de la mano de esta película francesa escrita y producida por Luc Besson y dirigida por Corey Yuen. Un disfrutable despropósito donde la trama es el peaje a pagar para acceder a un festín de mamporros, product placement y super accidentes en carretera.

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Collateral (2004), de Michael Mann.

Max ( Jamie Foxx), un cándido y profesional taxista descubre, durante un tenso e interminable paseo nocturno, la cara oculta de su ciudad de la mano de un asesino a sueldo ( Tom Cruise) en este clásico moderno de Michael Mann. Pese a su discutible desenlace, hablamos de una producción inmersiva y vibrante, sombría y adictiva, donde las videocámaras digitales utilizadas por el cineasta están al servicio de la creación de una atmósfera poderosamente evocativa.

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Cars (2006), de John Lasseter.

A medio camino entre el género Americana —aproximación dramática, en un sentido amplio, a la vida en el Estados Unidos rural— y la road-movie, dos géneros profundamente enraizados en la cultura estadounidense, Cars es una historia de aprendizaje y crecimiento personal que protagoniza el ya archiconocido Rayo McQueen. Proezas técnicas y consistencia narrativa aparte, John Lasseter creó una mitología automovilística infantil sin precedentes... traducida en millones de dólares vendidos en merchandising.

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Death Race: La carrera de la muerte (2008), de Paul W.S. Anderson.

Remake de La carrera de la muerte del año 2000, del fundamental Roger Corman, Paul W.S. Anderson firma uno de sus mejores trabajos gracias a esta salvaje actualización de todo un legado de la serie B. Un paso adelante en la fusión entre videojuegos y cine cuya violencia gráfica se corresponde con un discurso antisistema tan elemental como efectivo. Un acabado sólido y Jason Statham —pura presencia— hacen el resto.

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Speed Racer (2008), de Andy y Lana Wachowski.

La película más denostada de los hermanos Wachowski toma como fuente de inspiración el anime Meteoro, basado en el manga homónimo de Tatsuo Yoshida. Una frenética cinta infantil de competiciones automovilísticas plagadas de gadgets cuyo alocado despliegue cromático y la absorción de estilemas propios de la animación popular japonesa y del videojuego lo convierten en un filme mucho más interesante, a la hora de definir el estatus actual del audiovisual, de lo que se quiso ver en su momento.

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Fast & Furious: Aún más rápido (2009), de Justin Lin.

La cuarta entrega de la franquicia es, probablemente, la mejor de todas. Antes de que la saga se decantara por un cine de acción pulcro y familiar, Justin Lin rodó este western sobre ruedas tan gozosamente macarra e inesperadamente amargo, que cuenta con un puñado de adrenalíticas set-pieces rebosantes de derrapes, piruetas improbables y vueltas de campana.

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Drive (2011), de Nicolas Winding Refn.

Siendo la más accesible de las cintas rodadas por el danés Nicolas Winding Refn, Drive se sostiene sobre una iconografía visual y musical —basta pensar en la chupa de cuero con el escorpión en la espalda— que la ha convertido en todo un símbolo de "lo guay". Más allá de esto, nos hallamos ante un magnético reciclaje de una tradición cinematográfica que Winding Refn acaba renovando. Eso sí, la mejor escena no tiene lugar en un coche, sino en un ascensor: un milagro de realización, montaje y fotografía que se graba a fuego en la memoria.

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Autor: Ignacio Pablo Rico Fecha de publicación: 30/03/2015



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