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Él sí que lo haría: Las 10 mascotas más terroríficas del cine

En la mayoría de los casos, son los mejores amigos del ser humano, criaturas simpáticas, fieles y adorables. Sin embargo, en otros son unas bestias sedientas de sangre. En este reportaje repasamos las mascotas más espeluznantes que ha dado el séptimo arte.

 

A menudo protagonistas en comedias familiares o románticas, las mascotas han sido personajes que, con mayor o menor importancia, han sabido despertar la ternura del espectador. Sin embargo, el cine de terror ha sabido encontrar el lado oscuro de los animales de compañía y ha explotado el potencial de convertir a simpáticos perros, gatos y demás criaturas en psicópatas en potencia. Uno de los maestros en este arte, Stephen King, ve cómo una de sus novelas más célebres, Cementerio de animales, vuelve a la gran pantalla en este remake protagonizado por Jason Clarke, John Lithgow y un inquietante felino que ha vuelto de la muerte convertido en mensajero del mal. Con motivo de este estreno, repasamos en la galería sobre estas líneas otros mejores amigos del ser humano que terminaron siendo su peor pesadilla.

La profecía (1976), de Richard Donner

Él sí que lo haría: Las 10 mascotas más terroríficas del cine

 

Uno de los grandes clásicos de terror de los 70, La profecía puede presumir de tener uno de los niños más inquietantes y repelentes de la historia del cine y, a la vez, una de las mascotas más aterradoras. Este tándem infernal conseguía poner los pelos de punta con algo tan sencillo como una fría mirada fija, tan persuasiva que es capaz de animar a cualquier víctima inconsciente a provocarse su propia muerte. Cualquiera le dice al pequeño Damien, hijo del mismísimo Satanás, que no puede quedarse con este rottweiler de considerable tamaño venido del averno para protegerle. Su propio padre adoptivo (Gregory Peck) se tuvo que dar sus buenas carreras por cometer semejante imprudencia. No tuvo mejor suerte Liev Schreiber en el remake de 2006.

Cujo (1983), de Lewis Teague

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Stephen King, maestro del terror, es también todo un experto en mascotas creepy. Junto a Cementerio de animales, Cujo es la otra gran obra del genio de Maine a la que cualquier padre se puede agarrar para convencer a sus hijos de los inconvenientes de tener un animal de compañía. Una de las adaptaciones favoritas del propio King, esta película mostraba cómo un tranquilo y bonachón San Bernardo se convertía en una máquina de matar cuando una mordedura de murciélago le contagiaba la rabia. Mientras el mejor amigo del hombre se convierte en una bestia descontrolada y sedienta de sangre, el aterrorizado se conciencia sobre la importancia de tener a las mascotas al día de sus vacunas.

Cementerio viviente (1989), de Mary Lambert

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En una de sus grandes obras maestras, Stephen King nos hablaba de los peligros de encariñarse demasiado con nuestras mascotas hasta el punto de, llegada su hora, no ser capaces de decirles adiós. Cualquiera que tuviera al lado de casa un cementerio indio con poderes sobrenaturales sentiría la tentación de enterrar allí a su animal de compañía para devolverlo a la vida. El problema es que, cuando regresan del más allá, estas criaturas han cambiado para peor, siendo en los mejores casos torpes y malolientes, y en los peores violentas y agresivas. Por desgracia para sus dueños, el gato Church entraba en la segunda categoría y terminaba formando una aterradora alianza del mal con otro miembro de la casa, también resucitado.

Atracción diabólica (1988), de George A. Romero

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Además de provocar las pesadillas de varias generaciones con los zombis de La noche de los muertos vivientes y un sinfín de secuelas, George A. Romero también se propuso destruir las ilusiones de cualquiera que, en algún momento de su vida, había fantaseado con tener un mono que le ayudara con las tareas domésticas. En este thriller, la amistad entre un hombre que ha quedado tetrapléjico por un accidente de tráfico y la hembra de mono capuchino que le echa una mano en su día a día, se convertía en una delirante y tóxica relación telepática en la que la simia (cobaya de un experimento científico muy loco) no terminaba de digerir bien la furia interna de su dueño y empezaba a matar en su nombre. Por si esto fuera poco, la vida de este hombre y la de la mujer de la que se enamora terminaría corriendo peligro por los ataques de celos de la mona psicópata.

Perro blanco (1982), de Samuel Fuller

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En esta película de Samuel Fuller no mediaba maldición sobrenatural ni fallido experimento científico, sino algo mucho peor: la mano del hombre. Entre el drama racial y el cine de terror, Perro blanco contaba la historia de una mujer que, tras atropellar accidentalmente a un pastor alemán de color blanco (la metáfora es obvia), decide quedarse con él mientras encuentra a su verdadero dueño. A medida que avanzaba la película, y diferentes personas de raza negra eran brutalmente atacadas por el can (cariñoso y dócil hasta que aparecía en su radar alguien de color), la protagonista descubría que el animal había sido víctima de un estricto entrenamiento racista. Fascinante reflexión sobre el odio racial y el vínculo que se establece entre dueños y sus mascotas.

Willard (2003), de Glen Morgan

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Precursor de esa moda de tener ratas como animales domésticos, el siempre inquietante Crispin Glover se montaba su propio ejército de roedores en una cruzada contra el mundo que le había convertido en una persona solitaria y marginada. El gran causante de ello, su jefe (un R. Lee Ermey que interpretaba a seres despreciables como nadie), empeñado en humillarlo delante de sus compañeros, será el principal objetivo de su venganza. Como lugartenientes, Glover tenía a una inteligentísima rata blanca, Sócrates, contrapunto de otra bastante más grande, violenta y desagradable (Big Ben) que, tras la muerte de la primera, tuvo vía libre para liderar una demencial (y antihigiénica) orgía de muerte y destrucción.

Gremlins (1984), de Joe Dante

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Pocas veces de algo tan adorable como Gizmo surgieron criaturas tan desagradables como los Gremlins. Joe Dante nos enseñaba en este clásico ochentero que tener una mascota implica una gran responsabilidad. En el caso del Mogwai, no seguir las reglas de no darle de comer después de media noche, no mojarlo y no exponerlo a la luz del sol tendría como consecuencia la aparición de una inesperada camada de espeluznantes gamberros capaces de provocar destrozos a una escala mucho mayor que la de la tapicería de un sofá o algo de pis en el suelo del salón.

Frankenweenie (2012), de Tim Burton

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Inicio del idilio de Tim Burton con Disney, Frankenweenie vio la luz por primera vez como cortometraje allá por 1984 y, en 2012, se convirtió en una película de animación stop-motion en blanco y negro que hizo las delicias de niños y adultos. En ella, Burton daba rienda suelta a su pasión por los clásicos del cine de terror y, con su estilo gótico habitual, contaba la conmovedora y, por momentos, terrorífica relación entre un niño y su difunto perro, al que conseguiría devolver a la vida al más puro estilo Frankenstein. La criatura, con cicatrices y esas ojeras made in Burton inspira tanta ternura como repelús.

Los ojos del gato (1985), de Lewis Teague

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De nuevo Stephen King y de nuevo un gato. Sin embargo, en esta ocasión el felino no era causante, sino guía y testigo de primera mano, de los horrores de tres historias basadas en dos relatos cortos del propio King y una historia original creada expresamente para la película. Junto a la intrépida mascota, los protagonistas eran un fumador ( James Woods) en una terrible batalla para dejar el tabaco; un mafioso y el amante de su mujer en una apuesta mortal situada en la cornisa de un edificio y, por último, una lucha encarnizada entre el minino y un troll empeñado en robar el aliento a una, por aquel entonces, pequeña e indefensa Drew Barrymore. Más que por su aspecto o sus acciones, este gato daba repelús por ser un imán para las desgracias.

Aracnofobia (1990), de Frank Marshall

Él sí que lo haría: Las 10 mascotas más terroríficas del cine

 

Muchos las tienen como animales domésticos, pero la mayoría comparte casa con ellas muy a su pesar. Las arañas eran las grandes protagonistas de esta cinta de culto, apadrinada por Spielberg, en la que Jeff Daniels y John Goodman se enfrentaban con una criatura venida directamente del Amazonas y su numerosa prole. Aunque la película transcurre más por el cine de aventuras o la comedia negra, era difícil no tener los pelos de punta cuando alguno de estos insectos se paseaba por las lámparas o se metía en un bol de palomitas.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 03/04/2019
 




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