Entrevista | Fito Cabrales: “Cuando ingresé en una clínica de desintoxicación, iba por los pasillos gritando: ¡me cago en Jimi Hendrix!”

El ex de Platero y tú se encuentra en plena gira de su último trabajo 'Cada vez cadáver', que ha tenido que interrumpir una semana debido al Covid.

Hace un par de semanas, Fito Cabrales tuvo que parar en seco su gira ‘Cada vez Cadáver Tour’, que comenzó el pasado 18 de marzo en A Coruña, por Covid. Nada grave, dolor de garganta y una sensación parecida a la gripe. También se pospusieron esta y otras entrevistas, pero al showman de los Fitipaldis, al menos, le dio un respiro para lo que le viene encima, un calendario maratoniano de conciertos que le llevará por toda España para promocionar su último trabajo.

Guía del Ocio ha hablado con él por teléfono. Se encuentra bien, recuperado y con ganas de volver a los escenarios. Nos atiende desde su casa, con su guitarra cerquita, como un “osito de peluche”. El artista vasco se define a sí mismo como un obrero de la música, que pico y pala construye sus melodías. Lo suyo, más que talento, reconoce, es esfuerzo y dedicación. Y con eso se ha montado una carrera, la que soñaba desde joven, en plena ola de rock salvaje y reivindicativo vasco de los 80, que él vivió de forma paralela entre litros de alcohol y excesos. Después de todo, sigue aquí para contarlo, ¿se puede pedir más?

GDO: ¿Qué te parece el nuevo trabajo de Iñaki “Uoho”?

F.C.: Ya lo tenía. Soy de las primeros que en cuanto empezó a grabar cosas le animó. En el grupo están encantados y los veo tan animados y tan de buen rollo como si fuesen unos chavalillos. Iñaki nunca se vio en una de esas, así que le digo que haga lo que le haga feliz.

GDO: He leído en una entrevista que dices que “la primera regla de oro del rock es tocar los huevos”, ¿sigue hoy Fito con ganas de tocar lo huevos?

F.C.: Yo creo que ahora mismo esa capacidad para molestar no la tiene el rock. Las revoluciones son contemporáneas. La nuestra nació de la electrificación de los instrumentos, lo que supuso un cambio brutal, y el concepto del rock era el más acertado. Esa revolución es ahora internet. La gente más joven se siente más identificada con el trap. Tiene otra sonoridad, el cante viene del hip y hop, pero las maneras son un poco punkis.

GDO: ¿Te interesa ese estilo musical?

F.C.: Hay cosas que me interesan. El mayor de mis hijos tiene una banda de trap y no hay muchas diferencias. Hay artistas buenísimos y otros desechables, pero le veo un sentido; depende de lo que hagas.

GDO: ¿Conoces algunos grupos?

F.C.: No conozco nombres, mi hijo me pone discos de Ca7riel, que es un tipo que tocaba la guitarra en plan heavy e hizo un cambio. En España no lo sé, pero todo lo que conozco es por él. Son músicos que tienen esa onda, es muy cambiante y varía mucho de un disco a otro. Ellos piensan en hip hop, bases, la forma de cantar y después todo fluye. También, el mensaje es más juvenil. El rock es eterno, sigue habiendo mucho público porque es un espectro muy amplio.

GDO: ¿Por qué parece que son los jóvenes los únicos que tienen derecho a rebelarse?

F.C.: Es lógico que sea así. Los que van a tener una visión global tienen que cambiar y nosotros estamos tratando de que suceda lo que en su momento quisimos que fuese, pero seguimos en eso también. La edad te hace más empático. Quiero pensar que con el tiempo tenemos una sensibilidad diferente. Cuando tienes 15 años eres más individualista, te preocupas de tu proyecto. No digo que el resto te de igual, pero te enteras de menos cosas. Con el tiempo, ese proyecto es igualmente ilusionante, pero si los demás no están bien, te duelen más las cosas. Te vuelves más vulnerable. No puedo ver imágenes que antes sí veía. No quiero ver imágenes de niños sufriendo.

GDO: Desde que eres padre, ¿tienes un impulso por trasmitir tu sabiduría a las generaciones más jóvenes?

F.C.: El papel de padre es tan diferente... es maravilloso, increíble. el deber nuestro es formar personas. Todos esos sueños suenan a hippies: la empatía, preocuparse por los demás y por uno mismo, desde luego, pero no hay que ser un tipo que solo se mira el ombligo. Yo soy músico y estoy encantado de que mi hijo vaya por ese camino, pero lo que queremos los padres es formar buenas personas.

GDO: ¿Te pasa con tu música?

F.C.: Cuando escribimos canciones, la mayoría de los artistas queremos expresarnos, ser nuestra propia obra. Queremos que nuestro trabajo defina lo que pensamos y que nuestros valores estén reflejados. Cuando empecé con Platero, la ilusión de tener una banda de rock era la hostia, era una lotería. Cuando hice los primeros ensayos con Iñaqui y Juantxu y me llevaron al local, no ha habido un momento en mi vida en el que me haya sentido más importante. Éramos vecinos, nos conocíamos desde niños. Esa sensación me dura con 55 años.

GDO: Platero y tú comenzó en plena ola del rock radical vasco…

F.C.: Estábamos en el mismo circuito. Íbamos a los círculos alternativos, era nuestra movida. El despertar artístico sí estuvo ahí. Sacábamos maquetas y estábamos en ese carro, pero no teníamos nada que ver con el punk ni con la reivindicación política. Estábamos fuera de onda, éramos unos borrachos y unos drogadictos y nos lo pasábamos bomba. Con Leño teníamos ese punto en común.

GDO: La película El Pico, de Eloy de la Iglesia, retrata muy bien ese momento

F.C.: Me encanta, refleja Bilbao como era: muy punk. Sucedían muchas cosas, había una hecatombe de novedades en toda España importadas de Inglaterra. La cultura alternativa comenzó a bullir y cada uno podía hacerse el disco y no tenía que fichar por una discográfica, había un montón de cosas. Estuvo bien salir airoso.

GDO: ¿Fue entonces cuando comenzó su amistad con Robe?

F.C.: La primera vez que vi a Robe fue en el programa Plastic. No lo conocía de nada, flipé. Me pregunté, pero quiénes son estos. Al muy poco empezamos a tocar con ellos y nos hicimos muy amigos. Comenzamos a hacer proyectos juntos.

GDO: ¿Los jóvenes de hoy ya no empatizan con vuestras letras?

F.C.: Sigues teniendo que enganchar a los jóvenes. Si tocamos en pabellones es porque estamos con la gente joven, no llenas espacios tan grandes solo con gente de 50 años. Pero ahora el testigo se ha pasado al trap o al hip hop, que cuenta las cosas que quiere escuchar un chaval que está en un polígono. Quizás Extremoduro no es irreverente, pero no creo que busque ya nadie la irreverencia en esa música.

GDO: Se te ve una actitud muy abierta con los nuevos géneros…

F.C.: Las buenas bandas de trap tienen buenos músicos, pero en España falta cantera. Es como pensar que el que hace hip hop no es un gran músico. Pensar que un género te hace mejor que otro es de paleto. Hay que profundizar.

GDO: Cuando te das cuenta de que el talento no tiene nada que ver con las drogas ¿no te sientes un poco estafado?

F.C.: Cuando ingresé en una clínica de desintoxicación, la verdad es que iba por los pasillos gritando: ¡me cago en Jimi Hendrix! El problema es que puedes tener el talento y estar a merced de algo que es variable. Las drogas no le dieron el talento, ya lo tenía, pero luego lo cultivó. No conozco a nadie que no trabaje como un loco. En mi caso es más esfuerzo. Los músicos estamos todo el rato pensando en música. La gente imagina que vamos a un concierto, tocamos y ya está. Mientras hablo contigo, tengo una guitarra aquí. Recuerdo cuando estábamos en la pandemia, al principio de todo que salía Pedro Sánchez, que hablaba con Diego, de Fetén Fetén y le decía que estoy abrazado a la guitarra como un osito de peluche.

GDO: ¿Por qué decidiste colaborar con Estopa?

F.C.: Me mandaron un mail y me dijeron: desde que hicimos esta canción pensamos que era tuya. Se la pedí, la escuché, me encantó y me puse a tocarla. Luego hablé con ellos e hicimos migas. En persona son lo que son, me enamoraron y ya comencé a pensar. Y fue fácil, aunque no podíamos vernos. Empezamos a grabar en el teléfono móvil una versión y hacíamos algunos arreglos. Recuerdo que tuvimos que hacer un cambio con el saxo por el tono, cada uno quería uno diferente. Me pareció un buen momento. El otro día me mandaron un vídeo de ellos tocando la canción en un concierto.

GDO: ¿Qué sientes cuando ves a un músico callejero tocar tu música y al público embobado escuchando?

F.C.: La movida esa que pasó con el chaval fue flipante, ni la recordaba. Íbamos al programa de La Resistencia y de repente estaba el chaval cantando y nos mirarnos. Había mucha gente para entrar en el teatro. A la vuelta estuvimos hablando. Fue muy guay.

GDO: Escribir la letra, ¿es un mal necesario?

F.C.: Completamente. Es muy divertido, pero enfrentarme a un papel en blanco es un suplicio. Es una mezcla entre abrir el cajón de mierda y algo liberador, una especie de Yin y yang

GDO: ¿Te consideras una persona melancólica? 

F.C.: Melancólico no, pero no me parece algo malo. Puede ser un sentimiento positivo asociado con lo negativo.

Autor: Alfonso Álvarez-Dardet Fecha de actualización: 11/04/2022

Por la situación actual, algunos eventos, salas y establecimientos pueden estar cancelados, cerrados o con restricciones de acceso y horario.



La revista hace un paréntesis

Por la situación actual, la revista Guía del Ocio ha tenido que hacer un paréntesis, pero pronto regresará.

Servicios

Venta de entradas

Sorteos y promos

Ocio en familia con Lola La Mota


Recibe semanalmente los mejores
planes y premios del Club. ¡Suscríbete!




Blogs


Podcast de cine: BUTACA VIP