El País

Las peores adaptaciones a imagen real de dibujos animados

Aunque Disney continúa arrasando en taquilla con adaptaciones a imagen real de sus clásicos animados, en el pasado hubo otras producciones que fracasaron a la hora de convertir dibujos animados en personajes de carne y hueso. Recordamos las peores.

 

Antes, durante y, seguramente, después de esta fiebre de Disney por convertir en imagen real algunos de sus grandes clásicos de animación, otros intentaron, con poco acierto, transformar dibujos animados en películas de carne y hueso. Actores sobreactuados, efectos digitales de mercadillo, argumentos que caben en media servilleta de papel, nulo interés (o cariño) por el material original o una intención evidente por hacer caja, sin importar la calidad del producto, con unos personajes queridos por el gran público son algunos de los errores en los que, esperamos, no haya caído Aladdín. Con motivo del estreno del nuevo film de Guy Ritchie, que cuenta con Will Smith como el genio de la lámpara, creamos nuestra particular galería de los horrores con aquellos personajes que habrían preferido no dar el salto a la 3 dimensiones.

Dragonball Evolution (2009), de James Wong

Las peores adaptaciones a imagen real de dibujos animados

 

Firme candidata a peor película de lo que llevamos de siglo, Dragonball Evolution posee casi un récord en lo que respecta a colectivos heridos, desde fans del anime de Akira Toriyama que todavía buscan algún parecido, aunque sea por casualidad, con aquel Goku que fascinó a generaciones, hasta el público en general, que se encontró con una mononeuronal comedia de instituto con efectos especiales de quinta y peinados ridículos. Todavía hoy nos preguntamos quién pensó que era buena idea transformar a Justin Chatwin en el super saiyan o a James Masters en Piccolo. Especialmente vergonzoso fue ver a Chow Yun Fat arrastrando su prestigio por un cheque que, esperamos, llevara suficientes ceros.

Los Picapiedra en Viva Rock Vegas (2000), de Brian Levant

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No es que la primera entrega de esta adaptación a imagen real de la mítica serie de animación fuera nada del otro mundo, pero al menos la elección de casting ( John Goodman, Rick Moranis, Rosie O´Donnell y Elizabeth Perkins) mostraba un mínimo de interés por hacer un producto fiel a la esencia de los personajes. Los pocos aciertos de aquella (se llevó dos Razzies) desaparecieron en una infame secuela donde cambiaba todo el reparto (ahora eran Mark Addy, Kristen Johnson, Jane Krakowski y ¡Stephen Baldwin como Pablo Mármol!) para contar los orígenes de estas dos parejas de vecinos y amigos. Una película donde el único chiste era que alguien hubiera invertido dinero para hacerla o verla, y no tenía gracia.

Mr. Magoo (1998), de Stanley Tong

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El único acierto de esta abominación cinematográfica perpetrada por Stanley Tong fue darse cuenta de que  Leslie Nielsen era el único capaz de interpretar a este simpático millonario de dibujos animados con una reducida capacidad visual y la extraordinaria habilidad de meterse en líos y salir ileso sin saber muy bien cómo. Sin embargo, ni el maestro de la comedia absurda pudo levantar esta cinta nefasta a todos los niveles, desde la dirección hasta las caracterizaciones (Nielsen al margen) que ofrecía una trama estúpida, previsible y casi ofensiva sobre unos ladrones de joyas que sólo conocía dos tipos de chistes: los de ciegos y los de idiotas.

Scooby Doo (2002) y Scooby Doo 2 (2004), de Raja Gosnell

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Mucho antes de que James Gunn dirigiera para Marvel Guardianes de la galaxia, escribió el borrador de un guion para una adaptación a imagen real de la mítica Scooby Doo que tenía un punto oscuro y un humor inteligente y retorcido. Nada de eso quedó en lo que terminó en la gran pantalla, un entretenimiento familiar sin alma cuyo único propósito era aprovechar el tirón de la franquicia para sacar los cuartos a padres y niños incautos que, después de dos entregas (a cual más atroz), se preguntaban, y con razón, aquello de "Scooby Dooby Doo, ¿dónde estás tu?". El histriónico Matthew Lillard (marca blanca de Jim Carrey) cumplía como Shaggy, mientras que el verdadero misterio sin resolver de esta saga se esconde tras el casting que llevó a Freddie Prince Jr., Sarah Michelle Gellar o Linda Cardellini a protagonizar la cinta. De su integración con el asustadizo perro CGI mejor ni hablamos.

El El Oso Yogui, Garfield, Los Pitufos, Alvin y las ardillas

Las peores adaptaciones a imagen real de dibujos animados

 

A principios de los 2000, los grandes estudios decidieron aprovechar el factor nostalgia de aquellos que habían crecido con personajes como el Oso Yogui, Garfield, Los Pitufos o Alvin y las ardillas y recuperarlos para las nuevas generaciones en forma de películas de acción real donde los humanos interactuaban con estas criaturas digitalizadas. El problema llegaba cuando el ingenio, el humor y la gracia de las originales se perdían en esta transformación a comedias familiares que terminaban traumatizando a niños y padres a base de chistes fáciles (algunos incluso groseros), diálogos cutres y actores "de prestigio" sobreactuando hasta la vergüenza ajena.

Inspector Gadget (1999), de David Kellogg

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Como si del mismísimo Inspector Gadget se tratara, los ejecutivos de Disney se sacaron de la manga el nombre de Matthew Broderick para que interpretara a este peculiar detective. Sin embargo, como ocurría con la mayoría de artilugios de este personaje, uno de los más míticos de los dibujos animados de los 80, Broderick no terminó de funcionar todo lo bien que se esperaba. Su rendimiento en taquilla resultó ser incluso más fiel al espíritu del material original que la propia película (un producto insulso y falto de carisma), pues tras un comienzo catastrófico, la recaudación internacional apareció para rescatarlo en el último momento. Igual que el Inspector Gadget, Disney no aprendió la lección y dio luz verde a una secuela que ni Penny ni Sultán habrían sido capaces de salvar.

G.I. Joe (2009), de Stephen Sommers y G.I. Joe: La venganza (2013), de Jon M. Chu

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Stephen Sommers daba rienda suelta a su pasión por los efectos digitales en G.I. Joe, cinta donde el espectáculo destructivo es inversamente proporcional a la profundidad de un argumento que, si lo comparamos con la serie de dibujos -basada en una línea de juguetes-, eleva el material original a la altura de una novela de John LeCarré. Su tono desenfadado y que, en definitiva, no se tomaba a sí misma muy en serio, salvaban este entretenimiento pulp que, en su segunda entrega, caía hasta el inframundo del cine de acción, por mucho que Dwayne Johnson y Bruce Willis aparecieran por ahí con cara de badass para llevárselo crudo.

Superdog (2007), de Frederik Du Chau

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Las generaciones que crecieron con la simpática serie de dibujos protagonizada por este perro que, tras un accidente de laboratorio, conseguía poderes y la capacidad de hablar, tuvieron que esforzarse para reconocer algo de aquel simpático beagle con capa en esta cinta que representa lo peor de esas producciones Disney para el público familiar con animalitos, trama predecible, actores de prestigio en modo piloto automático ( Peter Dinklage, John Slattery, ¿qué hacéis ahí?) y una fórmula rancia que la compañía del Ratón llevaba repitiendo hasta la saciedad y ya sólo engañaba a los niños, que no necesitaban mucho para pasar el rato más allá de un par de perros parlanchines con las voces de Jason Lee y Amy Adams.

Death Note (2017), de Adam Wingard

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Se esperaba mucho de lo que podría hacer Adam Wingard, que había deslumbrado con trabajos previos como Tú eres el siguiente o The Guest, con esta adaptación para Netflix del conocido manga posteriormente convertido en anime. Finalmente, el film resultó ser todo un fracaso, en gran parte por ofrecer una trama enrevesada y tediosa donde el realizador, que nunca termina de levantar el freno de mano, evita meterse de lleno en las infinitas aristas morales del material original. El elenco, que sustituye actores nipones por norteamericanos, tampoco aportaba nada nuevo, a excepción de Willem Dafoe, que podría ser inquietante hasta en un anuncio de comida para gatos.

Jem y los Hologramas (2015), de Jon M. Chu

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Cuesta creer que la película que dirigía Jon M. Chu (curtido en la saga Step Up) consiguiera, por momentos, ser más delirante que la serie de dibujos animados (no muy conocida, pero con una sólida legión de seguidores) donde una chica y su grupo de rock recurrían a un superordenador capaz de crear hologramas para salir de todo tipo de situaciones. Visto el resultado, no parece que los responsables de Jem y los Hologramas dedicaran mucho tiempo a estudiar el material que adaptaban, pues la cosa terminaba en una insulsa comedia dramática para adolescentes sobre los peligros de la fama, el valor de la amistad y el poder de Youtube donde no había ni rastro de hologramas, aunque sí peinados imposibles, maquillajes retro y una Juliette Lewis bastante pasada de rosca.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 22/05/2019
 


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