El País

Las peores villanas de la historia del cine

La maldad no entiende de sexos. Recordamos algunas de las villanas que han puesto en jaque a héroes, espías, agentes de la ley o inocentes ciudadanos de a pie a base de planes perversos e instinto homicida.

 

Asesinar, manipular, destrozar la vida de las personas y, en definitiva, todo aquello que implique grandes dosis de sadismo, crueldad y falta de escrúpulos no es sólo cuestión de hombres. A lo largo de la historia del cine, muchas villanas han demostrado ser tanto, o más, malvadas que sus homólogos masculinos. De entre ellas sobresale Maléfica, la hada oscura que maldecía a la princesa Aurora en el clásico de Disney La bella durmiente y que, en Maléfica: Maestra del mal, vuelve a cobrar vida de la mano de Angelina Jolie. Aprovechando este estreno, recordamos algunas de las mejores/peores villanas que han hecho de las suyas en la gran pantalla.

Bellatrix Lestrange y Dolores Umbridge en la saga Harry Potter (2001-2011)

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De todos los enemigos a los que se enfrentaba Harry Potter a lo largo de la saga, dos de los más peligrosos eran estas mujeres que, cada una a su manera, consiguieron convertir su vida en un infierno. Bellatrix Lestrange ( Helena Bonham Carter) es, de hecho, la gran villana de toda la saga. Además de ser la que más dolorosas muertes tiene en su haber, su toque de locura y fanatismo, que la convierte en un personaje cruel e impredecible, le da un carisma que supera, por mucho, al del sobreactuado Señor Tenebroso de Ralph Fiennes. Junto a ella, Dolores Umbridge ( Imelda Staunton) se alza como la otra gran villana de la saga Potter. Nunca antes una señora de mediana edad, amante de los gatos y el color rosa, había resultado tan sádica y perturbadora.

Elle Driver en Kill Bill Vol. 1 y 2 (2003-2004), de Quentin Tarantino

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En su viaje de venganza con Bill (David Carradine) esperando en la meta, Beatrix "La novia" Kiddo ( Uma Thurman) tenía que ajustar cuentas con todos aquellos que convirtieron el día de su boda en una sangrienta masacre. Vernita Green (Vivica A. Fox) y, sobre todo, la jefa de la yakuza O-Ren Ishii ( Lucy Liu) le pusieron las cosas difíciles, pero si hubo una gran villana en este festival de muerte y artes marciales made in Tarantino, esa fue Elle Driver. Daryl Hannah lo bordaba como esta asesina carente de empatía y escrúpulos, pero con mucho carisma y humor negro, para la que asesinar mujeres embarazadas, respetados maestros de kung fu o a sus propios socios es coser y "silbar".

Mística en la saga X-Men (2000-2019)

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Desde que Jennifer Lawrence asumió el papel en Primera generación, Mística se convirtió en una antiheroína con buenas intenciones y madera de líder. Sin embargo, nos quedamos con la primera versión de esta mutante letal e implacable con la capacidad de asumir la apariencia de cualquiera. Rebecca Romijn interpretaba en las tres primeras entregas a la aliada más eficaz para los malvados planes de Magneto ( Ian McKellen), una mujer que, a pesar de su piel azul, el pelo rojo fuego y unos ojos amarillos y penetrantes que helaban la sangre, destilaba esa peligrosa sensualidad que sólo tienen las mejores femme fatales. Sin embargo, sus habilidades iban mucho más allá del ámbito de la infiltración o la seducción. Lobezno ( Hugh Jackman) supo cómo se las gastaba esta camaleónica asesina en el combate cuerpo a cuerpo.

Catherine Tramell en Instinto básico (1992), de Paul Verhoeven

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Es la mujer fatal por excelencia, la reina del picahielos, una escritora capaz de matar a sangre fría, exactamente igual a como lo describe en sus propias novelas, y siempre irse de rositas. En el magistral thriller erótico de Paul Verhoeven, el público, al igual que los detectives de policía (especialmente el interpretado por Michael Douglas) se quedaba embelesado con su infartante físico y el cruce de piernas más famoso de la historia del cine. Mientras tanto, los cadáveres se amontonaban en el armario de este maléfico y calculador personaje inmortalizado por Sharon Stone, que no daba a basto para pagar las facturas de la tintorería a la que llevaba sus sábanas manchadas de sangre y noches de desenfreno.

Annie Wilkes en Misery (1990), de Rob Reiner

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El universo de Stephen King está lleno de personajes perturbadores, sádicos y crueles que consiguen incluso romper los moldes del villano al uso para convertirse directamente en la reencarnación del mal. De todos ellos, cuesta encontrar a alguien más malvado que la Annie Wilkes de Misery. Kathy Bates se llevó a casa un merecido Oscar por interpretar a esta fanática de las novelas románticas del escritor Paul Sheldon (James Caan) que estaba dispuesta a todo, incluido secuestrar al autor y romperle algún que otro hueso, con tal de que su personaje favorito resucitara en una nueva historia. Luego se descubriría que tras esta atenta enfermera se escondía una asesina en serie con un body count que haría palidecer al mismísimo Freddy Krueger.

Cruella De Vil en 101 Dálmatas (¡Más vivos que nunca!) (1996), de Stephen Herek

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Hay muchas villanas Disney, pero ninguna combina como Cruella De Vil la maldad, el carisma y la elegancia. Además, no puede haber plan más perverso que el de capturar a una centena de adorables cachorros de dálmata para matarlos, desollarlos y hacerse un abrigo con su piel. Además de a los animalistas, este personaje consiguió poner los pelos de punta a toda una generación en el clásico animado de 1961. 35 años después, la compañía del ratón decidió revivir antiguas pesadillas y convertir a esta terrible mujer en carne y hueso. La escogida para darle vida no pudo ser otra que una desatada Glenn Close, que demuestra pasarlo en grande siendo mala.

Xenia Onatopp en Goldeneye (1995), de Martin Campbell

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El universo 007 está lleno de chicas Bond que pasaban de la cama del espía británico más famoso del mundo a engrosar la interminable lista de personas que intentan matarlo. Desde la icónica (y letal) Grace Jones en Panorama para matar, hasta otras más maquiavélicas como Sophie Marceau en El mundo nunca es suficiente o Rosamund Pike en Muere otro día. De todas ellas, la que aúna belleza, sensualidad y sobrada capacidad para asesinar con sus propias manos (o muslos) es Xenia Onatopp. Con apenas dos pinceladas de guion, Famke Janssen construía uno de los mejores secuaces de todo el universo Bond, una implacable femme fatale que encuentra el mismo placer casi orgásmico en liquidar a su objetivo durante una sesión de sexo duro, que cuando ametralla sin piedad a científicos inocentes.

Esther en La huérfana (2009), de Jaume Collet-Serra

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Como muchos niños creepy del cine de terror, Esther es una joven que, a su paso, va dejando un reguero de muertes y desgracias. Sin embargo, hay algo diferente en esta muchacha que parece tener mucha más experiencia de la que se presume de alguien con 9 años. Se trata de (¡spoiler!) hipopituitarismo, una extraña enfermedad que detiene el crecimiento y le ha permitido hacerse pasar por una menor cuando, en realidad, tiene ¡33 años!. Mentir con la edad no es un delito, pero asesinar a 7 personas (entre ellas una monja), intentar matar a otras tantas y casi destrozar un matrimonio, quizás si. En los últimos tiempos, la historia de La huérfana ha llegado a inspirar incluso un delirante caso real.

Satánico Pandemonium en Abierto hasta el amanecer (1996), de Robert Rodríguez

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Satánico Pandemonium. Su nombre ya da pistas de la cantidad de maldad que corre por las venas de esta bailarina de un peculiar club de striptease. Salma Hayek saltaba a la fama dando vida a esta mujer de curvas imposibles que, tras protagonizar uno de los bailes más sensuales de la historia del cine, se convertía en una horripilante vampiresa. No es que tuviera un plan muy elaborado o retorcido, simplemente un hambre insaciable de carne humana, un numeroso ejército de súbditos chupasangre para los que los parroquianos del bar de carretera eran platos de un buffet libre y la intención de esclavizar al (no tan) bueno de George Clooney. Todo un ejemplo de sadismo y crueldad con dientes muy largos.

(¡SPOILER!) Amy Dunne en Perdida (2014), de David Fincher

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Pocos giros de guion han resultado tan reveladores (sobre todo para aquellos que no habían leído la genial novela de Gillian Flynn) como aquél que convertía a Amy Dunne (gloriosa Rosamund Pike), una mujer y esposa perfecta, desaparecida y, casi con toda probabilidad, asesinada, en una de las psicópatas más frías y calculadoras de la historia del cine. Para vengarse de su insulso e infiel marido ( Ben Affleck) conseguía idear un plan maestro en el que, en medio de un circo mediático, éste cargara con su falso homicidio. El último plano de Perdida, formidable thriller de David Fincher, muestra el inquietante rostro de una villana sin escrúpulos que, y esto es lo más perturbador, (casi) no tiene que matar a nadie para destrozar unas cuantas vidas.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 16/10/2019
 



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