El País

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Lavarse las manos: qué personajes de cine se librarían del coronavirus y cuáles no

Lavarse las manos se ha convertido en una de las prácticas más importantes de nuestro día a día durante la cuarentena. Por ello, sometemos a algunos de los personajes más carismáticos del cine ante el escrutinio del agua, el jabón y el lavabo.

 

Las autoridades sanitarias se han cansado de avisar que la mejor manera de combatir el coronavirus es lavarse las manos cuantas veces haga falta. Agua, jabón, frotarse bien durante unos 20 segundos y limpiarse con una toalla limpia es la forma correcta de asegurarnos de que nos deshacemos de microorganismos indeseados. Sin embargo, ¿cómo se hace esta práctica tan cotidiana en el cine? En este reportaje hemos recogido algunas escenas de películas de culto o éxitos de taquilla y hemos descubierto que hay quien lo hace bien (hipocondríacos, obsesivos compulsivos y médicos, sobre todo) y quien necesita mejorar.

Pulp Fiction (1994), de Quentin Tarantino

Lavarse las manos: qué personajes de cine se librarían del coronavirus y cuáles no

 

Entre lavarse las manos y mojarlas hay una gran diferencia. Así se lo mostraba Jules ( Samuel L. Jackson) a Vincent ( John Travolta) en esta escena de la mítica Pulp Fiction. Tras volarle la cabeza por accidente al bueno de Marvin, esta extraña pareja de mafiosos busca refugio en la casa de Jimmie ( Quentin Tarantino). Mientras uno se asea a conciencia con jabón, el otro simplemente dejaba que el agua hiciera todo el trabajo. El resultado de una maniobra y otra salta a la vista cuando deciden comparar toallas. El diálogo, repleto de humor negro y motherfuckers, es puro Tarantino.

El aviador (2004), de Martin Scorsese

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El magnate Howard Hughes fue un personaje conocido tanto por su formidable aportación al cine (fue uno de los grandes productores del Hollywood de los años 30, 40 y 50) y la aviación contemporánea, como por sus habituales excentricidades, fruto de un trastorno obsesivo compulsivo y una obsesión casi enfermiza por los gérmenes. Esta fue una de las facetas que abordó el gran Martin Scorsese en un biopic impecable. En esta escena de El aviador, un genial Leonardo DiCaprio nos muestra, con una interpretación espectacular, la problemática de lavarse las manos (con pastilla de jabón traída de casa) en un baño público y salir de allí libre de bacterias.

Torrente, el brazo tonto de la ley (1998), de Santiago Segura

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En su film de presentación, José Luis Torrente ( Santiago Segura), el policía más facha y casposo de nuestro cine, enseñaba a su nuevo pupilo ( Javier Cámara) una particular lección de vida: "hay dos tipos de hombres, los que se lavan las manos antes de mear, y los que lo hacen después". Por supuesto, él era de la primera clase, y lo explicaba de una manera muy acorde a estos días "¿tú sabes la cantidad de excrecencias y microorganismos microbianos que hay en la calle como para luego tocártela?". Claro que él no se refería precisamente a la cara, y que además se aseaba con un chorrito de agua y poco más, pero la intención es lo que cuenta. Su gran amigo  Guillermo del Toro compartió este mensaje a través del implacable Richard Strickland ( Michael Shannon) en la escena del baño de caballeros de La forma del agua.

Mejor imposible (1997), de James L. Brooks

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Cuando hablamos de trastorno obsesivo compulsivo (o TOC) en el cine, enseguida viene a nuestra mente la extraordinaria (y oscarizada) interpretación de Jack Nicholson en Mejor...imposible. En la escena inicial de la película, ya éramos testigos de las numerosas manías de Melvin Udall, un excéntrico, homófobo y detestable escritor que siempre que volvía de la calle desechaba su par de guantes y se lavaba las manos con agua extremadamente caliente y dos pastillas de jabón que, inmediatamente, acababan en el cubo de la basura. Medidas extremas que, sin embargo, serían tremendamente efectivas en estos tiempos de coronavirus.

Si la cosa funciona (2009), de Woody Allen

Lavarse las manos: qué personajes de cine se librarían del coronavirus y cuáles no

 

Hipocondríaco por antonomasia del séptimo arte, Woody Allen ya daba valiosas lecciones sobre la forma correcta de lavarse las manos en Si la cosa funciona, estrenada en 2009, pero cuyo guion data de mucho más tiempo. Como no podía ser de otra forma, Larry David (uno de sus últimos, y mejores, alter egos) interpretaba a un excéntrico y misántropo neoyorquino de mediana edad, obsesionado con los gérmenes que, de la noche a la mañana, acoge a una joven vagabunda ( Evan Rachel Wood) en su casa. En varias ocasiones, el bueno de Boris practica con el ejemplo y muestra cómo las manos no están limpias hasta que hemos terminado de cantar el cumpleaños feliz dos veces.

La pasión de Cristo (2004), de Mel Gibson

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En una de sus obras maestras como director, Mel Gibson inmortalizaba uno de los lavados de manos más famosos de la historia: el de Poncio Pilatos justo antes de condenar a Jesucristo a la cruz. Como vemos en esta escena de La pasión de Cristo (pedimos disculpas por la pobre resolución), Pilatos se asea con poca agua e intensidad, lo que, además de no limpiarle la culpa por condenar a muerte de un hombre inocente, tampoco le habría servido para librarse de bacterias o microorganismos nocivos.

Doctor Strange (Doctor Extraño) (2016), de Scott Derrickson

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Ademas de toser como Batman, también se puede ser un superhéroe lavándose las manos como el Doctor Strange. Antes del accidente que dejaría sus principales herramientas de trabajo inservibles, y le llevaría a un viaje de autodescubrimiento hasta convertirse en el Hechicero Supremo de Marvel, el Dr. Stephen Strange ( Benedict Cumberbatch) nos mostraba en apenas 15 minutos cómo asearse, desinfectarse y protegerse de cualquier microorganismo indeseable a base de agua, jabón, mascarillas y guantes.

Reservoir Dogs (1992), de Quentin Tarantino

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Mucho más tensa que su otra mítica escena de lavabo (la de Travolta y Samuel L. Jackson en casa de Jimmy en Pulp Fiction), Quentin Tarantino se marcaba en Reservoir Dogs una formidable set piece para escenificar la anécdota con la que el Señor Naranja ( Tim Roth) se camelaba al grupo de atracadores en el que debía infiltrarse. Toda ella transcurre en el servicio de una estación, donde el personaje de Roth, con una bolsa llena de marihuana, se encuentra con cuatro agentes de la ley y un pastor alemán. Mientras ellos comentan sus hazañas, él intenta mantener la calma, hacer sus necesidades, lavarse las manos, y salir de ahí. Al final consigue escapar de los ladridos delatores y el largo brazo de la ley, pero con la poca agua y el secador automático empleados, de lo que no se libra es de llevarse consigo una legión de gérmenes.

No es país para viejos (2007), de Joel Coen y Ethan Coen

Lavarse las manos: qué personajes de cine se librarían del coronavirus y cuáles no

 

Como uno de los peores psicópatas de lo que llevamos de siglo, Javier Bardem se llevaba el Oscar por dar vida a Anton Chigurh, un sicario sin conciencia, remordimientos o compasión cuyo rostro pétreo sólo se alteraba mientras mataba a alguien con sus propias manos. En una de las escenas más memorables de No es país para viejos, Chigurh estrangulaba a un sheriff algo descuidado con la cadena de las esposas y entre muecas de perturbador placer. Terminada la faena, se lavaría las manos para limpiarse las heridas y seguir su camino. Sin embargo, al no ver ningún atisbo de jabón en la escena, no descartamos una infección posterior.

Bean: Lo último en cine catastrófico (1997), de Mel Smith

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Antes de lavarnos las manos, no estaría de más comprobar a qué clase de grifo nos estamos enfrentando. Tras una visita al aseo, Mr. Bean ( Rowan Atkinson) no llegaba ni a la fase de mojarse y enjabonarse cuando el lavabo se rebelaba contra sus pantalones, dando lugar a uno de los mejores gags de esa joya incomprendida de la comedia absurda que es Bean: Lo último en cine catastrófico. Eso si, cometía un grave error al intentar secarse con el secador automático, toda una fábrica de absorción y propagación de gérmenes.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 25/03/2020


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