Los fracasos de taquilla más sonados del cine veraniego

Con la mayoría de blockbusters veraniegos a la espera de tiempos más propicios para la taquilla, recordamos otras películas de abultado presupuesto que no necesitaron de una pandemia para convertirse en desastres económicos.

 

La evolución de la pandemia y las medidas de contención dictarán si se cumplen los peores augurios y este 2020 se convierte en el annus horribilis de la taquilla veraniega. Tenet y Mulán, ambas con 200 millones de presupuesto, son los únicos transatlánticos que se atreverán a navegar por esta turbulenta cartelera en la que triplicar lo invertido (punto de partida para generar beneficios) será toda una hazaña. Esperamos que lo consigan, y no acaben formando parte de la larga lista de proyectos faraónicos que, si por algo son recordados, es por poner en alerta roja las arcas de los grandes estudios. En este reportaje repasamos (con precios ajustados a la inflación y teniendo en cuenta los siempre considerables gastos de marketing y promoción) los mayores fracasos económicos de lo que va de siglo XXI.

Campo de batalla la tierra (2000), de Roger Christian

Los fracasos de taquilla más sonados del cine veraniego

 

El nuevo siglo y milenio comenzaba con un hito a la altura de la efeméride: uno de los fracasos cinematográficos más legendarios, tanto a nivel artístico como económico, de todos los tiempos. Se trataba de Campo de batalla: La Tierra, adaptación de la novela de L. Ron Hubbard (fundador de la Iglesia de la Cienciología) que fue producida y protagonizada por uno de sus más ilustres feligreses: John Travolta. La estrella de Grease alcanzó las cotas máximas de la vergüenza ajena como villano de esta infame cinta de ciencia ficción masacrada por la crítica y tratada por el público como una enfermedad infecciosa. A pesar de tener un presupuesto ajustado para una superproducción de Hollywood (entre 70 y 100 millones de dólares), los escasos 30 "kilos" recaudados arrojaron pérdidas de más de 100 millones.

X-Men: Fénix oscura (2019), de Simon Kinberg

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Se esperaba que el verano de 2019 fuera el de la despedida triunfal de los X-Men tal y como los conocíamos, la oportunidad de redención de un Simon Kinberg que, como guionista, llevó a la franquicia a sus cotas más bajas en La decisión final y que se había propuesto reescribir aquella historia en un final apoteósico. Quizá en un universo paralelo todo aquello ocurrió. En el nuestro, X-Men: Fénix Oscura se convirtió en todo un desastre de crítica y público, que la consideraron la peor entrega de la saga (en eso Kinberg sí que consiguió superarse a sí mismo). Todo ello quedó reflejado en una pírrica taquilla de 252 millones de dólares a nivel mundial, que supuso pérdidas de entre 80 y 135 millones para una producción de 200 "kilos", a pagar por su flamante nueva propietaria: Disney.

Cuatro fantásticos (2015), de Josh Trank

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Aunque sus dos primeras adaptaciones de la Primera Familia de Marvel (2005 y 2007) no terminaron de funcionar como se esperaba, Fox se negaba a perder los derechos de la franquicia, de manera que dio luz verde a un reboot que aspiraba a ser uno de los "cocos" de la taquilla veraniega de 2015, pero que terminó convertido en un fracaso con mayúsculas. Las continuas desavenencias entre los productores y el director, Josh Trank, sobre el enfoque de Cuatro fantásticos se trasladaron a un rodaje tenso y caótico y, después, a un producto final que ni fascino por su espectacularidad (acción rutinaria y efectos especiales de todo a 100), ni cautivó por las crisis, humanas y heroicas, a las que se enfrentaban sus protagonistas. Crítica y público dieron la espalda a la propuesta, que recaudó 160 millones de dólares (costó 120), y arrojó pérdidas de entre 80 y 110 millones.

Rey arturo: La leyenda de Excalibur (2017), de Guy Ritchie

Los fracasos de taquilla más sonados del cine veraniego

 

Mientras la reformulación de Guy Ritchie de las aventuras de Sherlock Holmes fue todo un acierto de crítica y público, su versión de la leyenda artúrica siguió un camino muy diferente. Los vaivenes del guión y el descontento del estudio obligaron al rodaje de nuevas escenas y una postproducción de 2 años que terminó disparando el presupuesto hasta los 175 millones de dólares. Pesada losa para una fallida película de espada y brujería pasada por el filtro macarra del director de Snatch: Cerdos y diamantes que tenía que atraer a un público abrumado por superhéroes, simios y Transformers. Al final, la cinta recaudó 148 millones, lo que significó unas pérdidas de entre 119 y 160 "kilos".

El llanero solitario (2013), de Gore Verbinski

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Los pelotazos en taquilla de Iron Man 3, Frozen y Monstruos University sirvieron a Disney para maquillar en su balance anual la catástrofe económica de El llanero solitario, una cinta irregular, pero quizá demasiado masacrada por la crítica, donde Armie Hammer, Johnny Depp y el pájaro disecado de su cabeza intentaban trasladar el modelo Piratas del Caribe al lejano oeste. Tras paralizar la producción por motivos presupuestarios, retomarla, lidiar con conflictos de guión y sufrir una desfavorable campaña mediática, este ruidoso, artificioso y delirante western de, todo sea dicho, impecable factura técnica (punto para el director Gore Verbinski y el director de fotografía Bojan Bazelli) recaudó la nada desdeñable cifra de 260 millones de dólares. El problema es que había costado 215, a los que se suman los entre 100 y 175 millones de campaña publicitaria. Resultado: pérdidas de entre 170 y 200 "kilos" que demuestran que cuando Disney fracasa, también lo hace a lo grande.

Sigo como dios (2007), de Tom Shadyac

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En 2003, Como dios, una de las comedias más caras de la historia en aquel momento y vehículo de lucimiento de un Jim Carrey en la cima de su carrera, consiguió quintuplicar su presupuesto de 80 millones de dólares. Semejante éxito "obligó" a Universal a dar luz verde a una secuela que era una bomba de relojería. Primero, porque se sustituía a Carrey por un Steve Carell que había interpretado a un secundario odioso en la primera entrega y todavía estaba en proceso de convertirse en estrella y, segundo, porque el presupuesto se disparó a los 175 millones. La película, producto rutinario con poca gracia donde el protagonista se convertía, Morgan Freeman mediante, en una versión 2.0 de Noé, no convenció a nadie y recaudó poco más de 170 millones, lo que dejó un agujero cercano a los 109 "kilos".

Green Lantern (2011), de Martin Campbell

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Los recurrentes chistes con los que Ryan Reynolds reniega de su participación en esta cinta (ha llegado a viajar en el tiempo como Deadpool para autoasesinarse mientras leía el guión) refleja hasta qué punto Green Lantern se ha convertido en ejemplo de despropósito en el género. Que hasta el traje del héroe estuviera creado a base de CGI refleja el nivel obsceno de efectos visuales para una película que bien podría ser considerada la Scary Movie del cine de superhéroes. Recaudó 219 millones de dólares, poco más de su presupuesto de 200, lo que supuso pérdidas cercanas a los 85 "kilos". No obstante, su tono kitsch y disfrutón le ha dado una segunda vida como cinta de culto para cierto sector del fandom.

Dioses de Egipto (2016), de Alex Proyas

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Quizá con demasiado retraso, Dioses de Egipto intentó trasladar el estilo visual, entre el cómic y el videojuego, de las dos entregas de 300 y Furia de Titanes y crear su propio universo de croma, oro y CGI. Ni siquiera el gran Alex Proyas, como director, pudo rescatar esta producción de autoconsciente espíritu kitsch y guion escrito en media servilleta donde un mortal se alía con el mismísimo Horus ( Nikolaj Coster-Waldau) para derrocar al malvado usurpador del trono Seti ( Gerard Butler). Mucho público se esperó a que se convirtiera en placer culpable o llegara a alguna plataforma de streaming en lugar de pagar una entrada por ella. Con todo, recaudó 150 millones de dólares (10 más que el presupuesto de producción). Luego llegó la factura de la campaña de marketing y, con ella, pérdidas de entre 80 y 95 millones de dólares.

La momia (2017), de Alex Kurtzman

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En plena fiebre de los "universos cinematográficos", Universal abrió su baúl de los derechos y decidió resucitar los viejos monstruos (desde Drácula hasta El hombre lobo) y crear lo que, foto de estrellas mediante ( Johnny Depp, Javier Bardem, Russell Crowe y Sofía Boutella como El hombre invisible, Frankenstein, Dr Jekyll/Mr. Hyde y la Momia, respectivamente), bautizaría como el Dark Universe, una serie de películas independientes que se reunirían en un gigantesco crossover a lo Una pandilla alucinante. La primera en llegar fue La momia, una de las pocas películas donde apenas se nota ese sello de solidez y entretenimiento que lleva imprimiendo Tom Cruise a sus películas desde hace años. El resultado fue una decente taquilla de 410 millones de dólares que, sin embargo, no sirvió para pagar gastos de producción (entorno a los 200 "kilos") y marketing. El resultado fueron pérdidas de entre 60 y 100 millones de dólares y un Dark Universe que volvió al sarcófago para nunca más salir.

Pluto nash (2002), de Ron Underwood

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2002 fue, sin lugar a dudas, un año clave en la carrera de Eddie Murphy. Recién iniciado el siglo, una de las estrellas más rutilantes de Hollywood firmó 12 meses para olvidar. Las flojas, pero simpáticas, Showtime y Soy espía quedaron en un segundo plano ante el desastre de Pluto Nash, un batacazo cinematográfico que resuena cada vez que se elabora una lista de las peores películas de la historia. Además de ser masacrada sin piedad por la crítica, esta comedia de acción y ciencia ficción, creada como vehículo de lucimiento de Murphy (en el papel del dueño de un nightclub de la luna que intenta mantenerlo al margen de la mafia galáctica) y de 100 millones de dólares de presupuesto, se convirtió en un agujero para Warner de 136 millones tras apenas recaudar 7 en la taquilla mundial.

Autor: Guía del Ocio Fecha de actualización: 17/06/2020

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