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Los tríos y triángulos amorosos más recordados del cine

Repasamos algunas películas que, al margen de su calidad artística, serán recordadas por albergar conocidas y complejas relaciones a tres bandas donde se mezcla el peligro, la pasión, el erotismo y hasta el humor.

 

Algunos de los mejores dramas (o comedias) de la historia tienen en su núcleo un triángulo amoroso, recurso que, en sus muchas formas, sirve para representar la dualidad humana, la promesa de un futuro prometedor frente a un presente desesperanzador, cuestionarse si, realmente, sólo hay una persona adecuada para cada uno de nosotros o, simplemente, aumentar las dosis de enredo. Keira Knightley, Jason Clarke y Alexander Skarsgard interpretan una intensa relación a tres bandas en El día que vendrá, una cinta donde la traición y el deseo prohibido habitan una casa compartida por dos familias durante la reconstrucción de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Con motivo de este estreno, recordamos en la galería sobre estas líneas algunas conocidas películas que demuestran que no siempre tres son multitud.

Pearl Harbor (2001), de Michael Bay

Los tríos y triángulos amorosos más recordados del cine

 

Junto al espectacular bombardeo japonés de la base de Pearl Harbor, lo único que conseguía mantener la atención del espectador de este largo (y tedioso) mamotreto bélico de 183 minutos era ese triángulo amoroso que se establecía entre dos hombres que habían sido amigos desde la infancia ( Ben Affleck y Josh Hartnett) y la enfermera interpretada por Kate Beckinsale. Objeto de bromas y parodias, la relación entre los tres estaba marcada por los vaivenes románticos de una mujer que se dejaba llevar por la pasión en función de cuál era, de sus dos pretendientes, el que no estaba luchando en el frente o, finalmente, quien volvía con vida. Tratamiento muy desafortunado por parte de un Michael Bay que fracasaba estrepitosamente al intentar aportar algo más de fondo dramático a su habituales fuegos artificiales y demostraba, una vez más, que abordar complejos personajes femeninos no es algo que esté en su vocabulario cinematográfico.

Vicky Cristina Barcelona (2008), de Woody Allen

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Con su agudeza habitual, Woody Allen reflexionaba sobre la pareja y sus diferentes formas en una cinta de enredos, deseos prohibidos y libertad sexual revestida de publirreportaje de la ciudad de Barcelona. Lo que en un principio aparenta ser un triángulo amoroso al uso entre dos turistas americanas, una sensata y a punto de casarse ( Rebecca Hall), otra con afán por descubrir cosas nuevas ( Scarlett Johansson), y un atractivo y carismático lugareño ( Javier Bardem) terminaba derivando en una intensa relación de poliamor entre los personajes de Johansson y Bardem y una histérica y cautivadora Penélope Cruz. Por si esto fuera poco, Hall, desencantada con su reciente matrimonio, volvería a entrar en escena para terminar de rizar el rizo.

La edad de la inocencia (1993), de Martin Scorsese

Los tríos y triángulos amorosos más recordados del cine

 

Aunque ambientada en la segunda mitad del siglo XIX, esta joya de Martin Scorsese tiraba con bala contra la hipocresía y la doble moral de la sociedad neoyorkina. En el núcleo de la cinta, un triángulo amoroso formado por un caballero de la aristocracia ( Daniel Day-Lewis), la joven obediente y de buena cuna con la que está a punto de casarse ( Winona Ryder) y la prima de ésta ( Michelle Pfeiffer), una mujer rodeada por el escándalo debido a la separación de un marido autoritario y una mentalidad adelantada a su tiempo. Entre los personajes de Pfeiffer y Day-Lewis surgiría una irresistible atracción bajo la atenta mirada del de Ryder, que tras su apariencia angelical escondía a una maestra de la manipulación. Deseo, libertad y el yugo de las convenciones sociales se encontraban en una de las películas imprescindibles de la década de los 90.

La boda de mi mejor amigo (1997), de P.J. Hogan

Los tríos y triángulos amorosos más recordados del cine

 

Junto con Pretty Woman y Notting Hill, La boda de mi mejor amigo conforma el trío de películas que demuestran por qué Julia Roberts es la reina de la comedia romántica. Sin embargo, a diferencia de las otras dos, en este film dirigido por P.J. Hogan el personaje de Roberts dejaba de ser el interés romántico único y principal, para convertirse en una maquiavélica y encantadora intrusa "destrozahogares". Junto a Dermot Mulroney y una Cameron Díaz que llegaba a robarle alguna que otra escena, la oscarizada actriz formaba un atípico triángulo amoroso formado por ella, una cínica crítica gastronómica; su amigo, del que descubre que está enamorada justo el día que le dice que se va a casar, y su prometida, una pija de familia acomodada. La persecución final, resumida con atino por el memorable secundario de Rupert Everett, aclaraba en qué punto estaba cada uno en esta relación a tres bandas.

El piano (1993), de Jane Campion

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Sus ocho nominaciones al Oscar (tres de ellas con premio) indican que estamos ante una de las mejores películas de los 90, un drama colonial de alta escuela en cuyo epicentro se encuentra un potente triángulo amoroso. Los protagonistas de esta cinta son Ada (portentosa Holly Hunter), una mujer muda que, tras enviudar, es enviada junto con su hija (Anna Paquin) y su piano rumbo a Nueva Zelanda para consumar un matrimonio concertado con un acaudalado granjero ( Sam Neill). Sin embargo, la negativa de éste de llevarse el instrumento a casa pondrá al personaje de Hunter en contacto con su vecino ( Harvey Keitel), un melómano que aceptará permitirle tocar con algunas condiciones. A medida que pasen tiempo juntos, entre los dos surgirá una irresistible atracción que no será precisamente bien vista por su marido. Jane Campion dotaba de fascinantes imágenes y Michael Nyman de una banda sonora inolvidable a esta película rebosante de seducción, erotismo y pasión.

El diario de Bridget Jones (2001), de Sharon Maguire

Los tríos y triángulos amorosos más recordados del cine

 

Posiblemente uno de los triángulos amorosos más famosos de la comedia romántica británica, está formado por una caótica y encantadora treintañera cuya vida sentimental es poco menos que una catástrofe ( Renée Zellweger); su jefe, un carismático mujeriego ( Hugh Grant) y un perfecto, pero estirado, aristócrata ( Colin Firth). Zellweger conseguía desatar su vis cómica y hacer que el espectador empatizara con sus dramas existenciales en esta película, divertida e ingeniosa, que hablaba sobre la excesiva importancia que a veces damos a la imagen. A la vez, Grant y Firth, cada uno a su manera, desprendían un innegable encanto que explotaba en esa delirante escena, entre la risa y lo patético, donde peleaban por el afecto de Bridget. Los tres repetirían en la secuela, Bridget Jones: Sobreviviré, mientras que en la tercera parte ( Bridget Jones Baby) Patrick Dempsey entraba en sustitución de Grant.

Y tu mamá también (2001), de Alfonso Cuarón

Los tríos y triángulos amorosos más recordados del cine

 

Alfonso Cuarón daba el salto definitivo a la esfera internacional con esta maravillosa película que, entre la road movie y el drama social, seguía el viaje de dos amigos que, literalmente, comparten todo ( Gael García Bernal y Diego Luna) y una mujer (cautivadora como siempre Maribel Verdú) en uno de los peores momentos de su vida. Durante el camino hacia una paradisíaca playa, donde la crónica política se entremezcla con una historia sobre la madurez y el despertar sexual, no tardaría en surgir un juego de seducción, atracciones y celos. Explotarán en una sugerente escena llena de erotismo donde el alcohol y el frenesí llevará a este triángulo amoroso a hacer un trío en el que dan rienda suelta a sus deseos y pasiones ocultas.

Algo pasa con Mary (1998), de Peter y Bobby Farrelly

Los tríos y triángulos amorosos más recordados del cine

 

Sólo un año después de La boda de mi mejor amigo, Cameron Díaz se doctoraba en triángulos amorosos con esta comedia de los hermanos Farrelly, posiblemente la mejor de su filmografía. En esta ocasión, la actriz era el interés romántico de Ben Stiller, un hombre que lleva obsesionado con ella desde un catastrófico baile de fin de curso catorce años atrás y Matt Dillon, el detective privado que contrataba éste para averiguar su paradero. Entre un humor soez y políticamente incorrecto que provocaba irremediablemente la risa, transcurría una competición sin reglas entre el simple e ingenuo personaje de Stiller y el manipulador y despreciable de Dillon por el cariño de Díaz que, como no podía ser de otro modo, enamoraba a cualquiera que estuviera a su alrededor.

Soñadores (2003), de Bernardo Bertolucci

Los tríos y triángulos amorosos más recordados del cine

 

Bernardo Bertolucci volvía a su momento histórico fetiche: las revueltas estudiantiles de mayo de 1968 en París, un clima de libertad y revolución, y lo situaba como telón de fondo para una película repleta de erotismo que transcurría prácticamente en el interior de un apartamento. Los ocupantes del lugar eran dos hermanos ( Louis Garrel y una debutante e inmediato mito erótico Eva Green) y un joven americano ( Michael Pitt). Mientras compartían inquietudes culturales, sociales o políticas, los tres se sacudían los tabúes y convencionalismos sociales (incesto incluido) y exploraban su sexualidad sin límites, aunque tendrían que lidiar con las emociones que surgirían de ello. Bertolucci dirigía con su habitual maestría escenas de alto voltaje que, en su día, no pudieron esquivar la controversia.

La saga Crepúsculo (2008-2012), de Catherine Hardwicke, Chris Weitz, David Slade y Bill Condon

Los tríos y triángulos amorosos más recordados del cine

 

Afianzado en la taquilla, el romance teen entre la joven Bella Swan ( Kristen Stewart) y el vampiro Edward Cullen ( Robert Pattinson) se complicó en la segunda entrega de la saga Crepúsculo. Luna nueva profundizó en un triángulo amoroso, sólo sugerido en el film inaugural, donde el tercero en discordia era Jacob ( Taylor Lautner), mitad adolescente, mitad lobo, cuyo linaje, como no podía ser de otro modo, llevaba siglos enfrentado con el de Pattinson. Gran parte del fenómeno fan de la saga se debe a este juego de deseos y pasiones que, a lo largo de las secuelas, dividió a la audiencia, incapaz de decidir si el mejor partido era un Lautner con alergia a llevar la camiseta puesta o el atractivo, sombrío y melancólico chupasangre.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 10/04/2019
 




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