Manolo García: "Antes decía que era músico y pintor amateur. Ahora me siento músico y pintor"

Con motivo de la inauguración de la exposición "Cuerpos Celestes" en Alhaurín de la Torre, charlamos con el gran músico y pintor catalán para hablar de arte, ecología y justicia social.

Todo lo que toca se convierte en arte. Manolo García es una suerte de Rey Midas de la cultura española. El ex integrante de grupos como Los Rápidos, Los Burros o la mitiquísima banda El Último de la Fila, cantautor, poeta, pintor… vive con los pies en el suelo, arena en los bolsillos, una mano en la guitarra y otra en el pincel. Precisamente, la mano en el pincel es la que nos lleva a esta entrevista telefónica, que más se parecería a una conversación con amigos tomando un café (que tenemos pendiente), de esas que solemos definir coloquialmente como las de “nada, aquí, arreglando el mundo”.

El polifacético artista catalán presenta en Alhaurín de la Torre su exposición “ Cuerpos Celestes, una muestra que reúne escultura, óleos y dibujos de sus giras en la que podemos descubrir su particular visión del mundo, siempre con elementos vegetales y animales formando parte de la pieza, y desarrollando la imaginería de su propio bosque interior. Para muestra, un botón:

De todo ello y mucho más charlamos con el gran Manolo García. Y ya sabes: todo es ahora. Así que deja un rato tus obligaciones para sentarte a interiorizar sus palabras con calma y sírvete entretanto lo que te apetezca, que corre de nuestra cuenta.

Guía del Ocio: Música, literatura, poesía, pintura, escultura… Pocas disciplinas se te escapan. ¿Cuál es el truco para compaginarlas todas sin volverte loco?

Manolo García: El truco es la ilusión. La ilusión de cada día al despertarte, de tirar adelante proyectos en los que puedas compartir vida con otras personas, como es el caso del arte: la música o la pintura. Esa posibilidad tan maravillosa de compartir vida, emociones, transmitir, recibir y sentir un abrazo común en el caminar de los días. Esa disciplina, que también requiere, como la palabra lo dice, una tarea continuada. Tampoco puedes estar tres meses sin hacer nada. No, hay que trabajar y levantarse con ganas de hacer cosas. El método te lleva siempre al resultado. Tiras la caña y algo pescas de emociones.

GDO: ¿Alguna vez que estés componiendo música y se te ocurre algo perfecto para tu obra pictórica o viceversa? De hecho hemos podido ver algunas de tus pinturas como portadas de tus discos.

M.G.: Sí, eso sucede. Personalmente, encuentro a veces en mi pintura la oportunidad de un título. Tengo una tela en blanco y se me ocurre escribir en un margen una frase que se me ocurre, empiezo a pintar… y con esa frase, a las horas de estar pintando, descanso y me da pie para hacer una canción. A lo mejor esa tarde me dedico a trabajar con esa frase, continuar un texto para hacer una canción. Esas dos posibilidades se realimentan. Se dan vida la una a la otra. [...] Yo siempre tengo una intención. Puede ser inconsciente, pero es muy real. Es el “volver a ser niño”, como dice la canción de Los Secretos. Volver a ser atemporal, a no tener siempre la losa del tiempo, las prisas, nuestra vida actual, nuestra sociedad. Las mil ocupaciones que te distraen de lo realmente importante. A veces estamos a mil cosas y dejamos de vivir. Estamos angustiados, con las prisas, las obligaciones, deberes muy cuestionables en muchos casos. El niño no tiene tiempo, vive en un mundo de magia. Es lo que busco, de una manera casi irracional. Creo que yo y cualquier artista. Tener esa posibilidad de sumergirte en un ‘no tiempo’. Los cuadros, las canciones, te hermanan con los demás seres vivos. Emocionarse, compartir, dudar, hacerse preguntas, horrorizarse (como en las Pinturas Negras de Goya), o alegrarse ante una obra colorista (como Sorolla, ¡qué alegría! ¡qué sensación! Esos niños bañándose en el mar en un Mediterráneo limpio).

GDO: ¿Qué música escuchas (si es que la escuchas) cuando pintas?

M.G.: De hecho, escucho mucha música. Si se para el CD, lo echo de menos. Paro de pintar, vuelvo al CD y lo pongo de nuevo. Si pinto sin música no es lo mismo. Escucho de todo, música muy variada. Rock, flamenco, blues… De repente, pongo un disco de Nirvana, Lole y Manuel… voy dando saltos.

GDO: Tienes pinta de ser alguien que, a pesar de lo duro del confinamiento, no se ha aburrido. ¿Cómo has vivido esta etapa?

M.G.: Ha sido una pausa para todo el mundo y he intentado que esa pausa me sirviera. Es como esa sensación que tienes cuando vas en un bus o en un tren, que sabes que durante unas horas no vas a poder salir de allí; te da tranquilidad. Llevas tu libro, tu música, y como no puedes hacer otra cosa, disfrutas de ellos. Yo viví el confinamiento así. Como no se podía hacer otra cosa, pensaba “estoy agradecido por este tiempo”. Evidentemente, terrible para millones de personas y ojalá nunca hubiera llegado esta situación tan nefasta y se arregle todo pronto. Pero dentro de que no puedes hacer nada, ese encerrarte un poquito en tu concha, interiorizar, calmar el ritmo… En mi caso, he pintado mucho, he compuesto muchas canciones, he tocado mucho. La soledad me ha dado la posibilidad de cantarme nanas a mí mismo.

GDO: ¿Qué se te viene a la cabeza cuando hay un lienzo en blanco frente a ti?

M.G.: El corazón bombea y tiene sus miedos, necesidades, querencias y afectos, y lo que sale al cuadro es eso: naturaleza, animales… Exorcizo pequeños demonios que llevo dentro, que todos llevamos dentro. Pinto a veces con colores muy intensos, muy puros, muy vivos. Lo que sale al final al lienzo eres tú, tu vida, tu esencia, tus ganas de vivir.

GDO: Un poco de terapia hay ahí.

M.G.: Sí, totalmente, pero eso es así para cualquier músico, pintor… para cualquier artista. La constatación del paso del tiempo es una losa muy pesada. El cuadro está hecho de instantes muy intensos. Pintar para mí es eso.

GDO: ¿Cómo ha evolucionado tu pintura desde que cogiste tu primer pincel hasta ahora?

M.G.: Desde hace tres giras me dediqué a dibujar (35 obras en total) en los hoteles y a partir de una hoja en blanco ponía la fecha, la ciudad donde estaba y hacía un dibujo a lápiz. De ese tiempo hacia acá he notado un cambio en mi pintura. He vuelto a una pintura un poco más figurativa, algo que yo siempre he admirado; un arte más sincero, con una mirada real, pero injertada en un mundo onírico, de sueños, y esta etapa es la que estoy disfrutando. De hecho, he de confesar que yo hasta hace unos 7 u 8 años siempre cuando hablaba de este tema decía que era pintor amateur, y desde esta temporada hasta ahora, en mi sentir, soy músico y pintor. Me siento pintor. Sin ningún tipo de vanidad o importancia, pero tengo mirada de pintor y esa querencia, ese tirón hacia el cuadro, y cuando veo acabado el trabajo de ese papel, o esa escultura, pienso que he dado un paso más en la vida, y que quizá así aporto algo a otras personas que vean esa obra.

GDO: ¿Qué tienes en el tintero?

M.G.: Pues en primer lugar la exposición en Alhaurín de la Torre, y a partir del año que viene, en marzo, expondré también en Burdeos. Y luego ya, el trabajo musical que hemos gestado en este tiempo de confinamiento.

GDO: ¿Cuáles son tus referentes pictóricos y artísticos?

M.G.: Tengo una lista de pintores favoritos muy larga, y entre ellos hay un grupo, los pintores expresionistas, que me marcaron mucho de jovencito y en ese tiempo pasado, un pintor de Reus, de Tarragona, que era Mariano Fortuny me marcó. Una pintura que me ha magnetizado. También la pintura del siglo XX, todos los -ismos (dadaísmo, expresionismo) me han enganchado. Picasso, que fue el atrevido de los atrevidos. En mi lista también está Dalí y algunos paisajistas, pintores alemanes, catalanes... Zuloaga. Podría decir muchos nombres y no acabar nunca. La alegría de Sorolla, la oscuridad de Julio Romero de Torres. Cuando era pequeño coleccionaba tanto cromos de futbolistas como fascículos relacionados con la historia del arte, y mis amigos no lo entendían. Me decían, "tronco, esto es un tostón" y yo respondía "pues a mí me gusta", y ahí me he quedado. Yo ahora les acompaño a ellos a ver partidos de fútbol, disfruto con ellos, pero ellos en cambio no vienen conmigo a un museo (ríe).

GDO: En tu obra, tanto pictórica como musical encontramos un tema principal al que a menudo haces referencia: la importancia de preservar la naturaleza, algo muy presente en el conjunto de obras que presentas en la exposición.

M.G.: Yo soy un militante activo en grupos ecologistas. He trabajado con muchísimos grupos. Siempre he creído, desde muy jovencito, que el comportamiento humano, el consumo, esta vida tan de consumir y de fabricar y necesitar mil cachivaches, es maltratar al planeta. Entiendo que habría que encontrar un punto intermedio, donde nosotros podamos mejorar nuestras condiciones de vida, pero a la vez con la absoluta certeza de que estamos machacando el planeta lo mínimo posible, o puestos a querer, nada. Lo ideal sería tener menos necesidades superfluas y centrarnos en lo elemental: cobijo, alimento, sanidad. Pero lo demás, tanta cacharrería… yo creo que no necesitamos tanto. Yo puedo estar 10 horas con una tablet, las redes y lo único que hago es tener ansiedad. En cambio, si estoy paseando un rato por el campo, comiendo con unos amigos, una fogata, unas migas, unas sardinas… esa conversación… soy un millón de veces más feliz que si estoy con mi móvil contestando WhatsApps. No es una crítica a nadie, que quede claro, es mi apreciación personal. 

GDO: ¿Crees que hemos evolucionado como sociedad en este sentido?

M.G.: Creo que somos cada vez más dependientes. Ya es incluso una cuestión médica, estamos enganchados. Insisto en que no es una crítica, pero yo creo que esa dependencia absoluta de los aparatos es una pequeña trampa. Yo intento todos los días vivir en tres dimensiones; en dos dimensiones no hay plenitud para mí. Un ejemplo: con la pandemia he tenido que grabar alguna cosa a través de la pantalla con músicos que están a miles de kilómetros de mí, “vamos a hacer esta guitarra así, esta batería asá”, y puedo asegurar que no tiene nada que ver. El calor humano, estar varias personas hablando cara a cara, tocando juntos, haciendo música, no tiene punto de comparación. Es todo más confortable, más humano, más cálido. Esta dependencia de la tecnología nos lleva al “yo, mí, me, conmigo”, a este mundo nuestro de voracidad consumista, de Black Friday, de gastar y gastar y es algo que no alcanzo a comprender. [...] En un planeta en el que cada vez somos más habitantes tendría que tenerse mucho cuidado con la robótica. Desde la revolución industrial se ha visto. Mi abuelo era segador y trabajaba con cien hombres y luego llegaron y dijeron “tenemos una máquina que lo hace todo. A casa todos”... Ostras… Se pierde algo que… Mi abuelo cantaba en la siega para animar en el trabajo. Yo no digo que tengamos que volver a los árboles, pero de ahí a lo que está sucediendo hay un trecho. Las empresas echan gente a la calle, los empresarios ganan mucho más, porque cada vez hay menos gente y más máquinas. Las máquinas no se quejan, no reivindican mejoras sociales ni salariales. No es correcto, hay que dar trabajo a las personas, que todos nos sintamos útiles y no hacer que unos pocos estén esclavizados y el resto tirados en la calle sin trabajar.

GDO: En una entrevista de El Mundo asegurabas que a pesar de estar presente en las plataformas de streaming musicales, no estás muy conforme con esta opción.

M.G.: No. No me parece justa la situación. Hemos llegado a esto de una manera obligada. Nadie nos ha pedido permiso ni opinión. [...] De repente, en el colectivo musical mundial nos encontramos que hacen con nuestra música lo que les da la gana. Tus canciones están en YouTube y en otras plataformas y hay anuncios. Yo, ni cobro de eso, ni me han pedido permiso. Si me hubieran pedido permiso hubiera dicho “no, perdona. Yo soy músico, no comercial”. Nos han conducido a una situación muy ventajosa para ellos, donde manejan toda la industria musical del mundo y nos tiran unas migajas repugnantes. Y hay mucha gente que lo pasa mal en el colectivo de músicos. Empezaron sin pedir permiso y, aunque ahora se supone que está todo más organizado, no es cierto. Está todo organizado para su lucro. Es una realidad. Los músicos somos como todo el mundo. Como decía un músico callejero, “yo también pago impuestos y también tengo que comer cada día. Yo estoy en la sociedad y contribuyo con mis impuestos a mejorar la sociedad”. Es todo muy complicado… Es un tema más de hablar así en charla de café, es de tribunales, de charla seria. Es una cuestión de justicia. Cuando escuchas por ahí que se está debatiendo si Google tiene o no que pagar impuestos, tú dices “¿cómo que si tiene que pagar impuestos?” Quien tiene un pequeño negocio familiar tiene que pagar impuestos a saco. El resto de los españoles pagamos lo que se nos pide. Estarás de acuerdo o no, pero pagas y cumples con la sociedad. Es un pastel muy raro al final.

GDO: La última pregunta es obligatoria, ¿cuándo habrá gira nueva y disco nuevo? Aunque sé que no me lo vas a decir.

M.G.: Eso no te lo voy a decir... (ríe).

Autor: Miriam Hernández Fecha de actualización: 03/12/2021

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