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Meryl Streep: 10 razones para amarla (u odiarla)

Genio y figura dentro y fuera de la pantalla

¿Qué es lo que hace que Meryl Streep sea una de las actrices más queridas, a la vez que odiadas, en Estados Unidos y Europa? La intérprete más laureada de la historia (3 Oscars y 20 nominaciones) ha compaginado algunas de las interpretaciones más formidables del séptimo arte con otras merecedoras de caer en el olvido. Es posible que esté más cerca de la segunda categoría su trabajo en Mamma Mia! Una y otra vez, donde, sin embargo, saca a relucir sus dotes para la canción como Donna, una mujer que, 30 años atrás, vivió un apasionado verano al ritmo de las composiciones de ABBA.

 

Con motivo de este estreno, repasamos en la galería sobre estas líneas la figura de Meryl Streep, tanto dentro como fuera de la gran pantalla, y las razones por las que uno bien podría amarla... o detestarla.

1. Sus tres Oscar.

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La actriz se ha alzado en tres ocasiones con la anhelada estatuilla dorada: la primera vez, gracias a Kramer contra Kramer (1979); la segunda, al servicio de Alan J. Pakula en La decisión de Sophie (1982); la tercera se la debe a su encarnación de Margaret Thatcher en La dama de hierro (2011). Pero además, ha sido nominada al Oscar dieciséis veces por trabajos como El cazador (1978), Memorias de África (1985), Los puentes de Madison (1995) o Into the Woods (2014)

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2. La discreción con respecto a su vida privada.

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A diferencia de otras tantas personalidades del ámbito, difícilmente encontremos a Meryl Streep en los numerosos blogs y revistas de cotilleo dedicados a las celebridades de Hollywood. Siempre ha sido discreta con su vida personal, pese a la locuacidad demostrada en sus apariciones públicas.

3. Miranda Priestly

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En la infravalorada El diablo viste de Prada (2006), el realizador David Frankel reclutó a Streep para que se pusiera en la piel de una de las villanas más memorables del cine contemporáneo: Miranda Priestly, directora de la revista de moda Runway. Dictatorial e implacable, hacia el final del metraje Priestly revela sus frustraciones y debilidades. Una compleja caracterización, satíritca y dramática a la par, interpretada con una energía y rotundidad que la convierten en un personaje digno de las mejores comedias de Howard Hawks.

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4. El monólogo final de La decisión de Sophie.

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Un speech de casi tres minutos, resuelto principalmente a través de un primer plano intempestivo, que supone un tour de force interpretativo y un descenso íntimo, por momentos difícilmente soportable, al infierno interior de una mujer destruida por la Historia. "He salvado a mi hijo, he salvado a mi hijo. Mañana podré verle y podré despedirme de él. Y él estará a salvo. Dios mío, ¡era tan feliz aquella noche! Tenía esperanzas".

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5. Ha trabajado con los mejores.

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En sus casi cuarenta años de trayetoria, hemos podido verla trabajando con cineastas de la talla de Fred Zinneman en Julia (1977); Michael Cimino en El cazador (1978); Woody Allen en Manhattan (1979); Alan J. Pakula en La decisión de Sophie (1982); Mike Nichols en Silkwood (1983), Se acabó el pastel (1986), Postales desde el filo (1990) y Ángeles en América (2003); Sydney Pollack en Memorias de África (1985); Robert Zemeckis en La muerte os sienta tan bien (1992); Spike Jonze en Adaptation (El ladrón de orquídeas) (2002); Robert Altman en El último show (2006); o Tommy Lee Jones en The Homesman (2014), entre otros.  

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6. Solo ha sido rechazada cuatro veces.

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De todos los papeles para los que se ha presentado en su dilatada carrera, Streep únicamente ha sido rechazada en cuatro ocasiones. A saber: American Gigolo (1980), Lo que queda del día (1993), Dulces sueños (1985) y Elizabeth (1998). Además, tiene la espina clavada de no haber podido colaborar aún con su admirado Martin Scorsese

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7. Su habilidad para cambiar de acento.

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Oriunda de Nueva Jersey, la intérprete ha demostrado un talento inusual para performar los acentos más diversos. Entre ellos se cuentan el australiano, el británico, el danés y el italiano. Impresiona de manera especial su oscarizado trabajo en La decisión de Sophie, donde no solamente ensayó el tono y las inflexiones del alemán y el polaco, sino que estudió concienzudamente este último idioma durante el rodaje. Se dice que los habitantes del área pensaba que se trataba, realmente, de una actriz polaca...

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8.Su activismo político y medioambiental.

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Abiertamente comprometida con el Partido Demócrata, Streep siempre se ha esforzado en demostrar su solidaridad con las mujeres que trabajan en la industria. Recientemente, firmaba una carta —junto a otras celebridades— a Angela Merkel donde se denunciaban las terribles cifras de pobreza femenina a lo largo y ancho del planeta. Defensora del consumo responsable, crió a sus hijos en una casa cuyo suministro energético era de origen geotérmico

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9. Sus grandes interpretaciones secretas.

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No resulta extraño que, en una carrera tan prolífica como la suya, nos topemos con numerosos papeles víctimas de un relativo olvido a día de hoy. Fue militante antinuclear en Silkwood (1983), una mujer golpeada por las secuelas psicológicas de la Segunda Guerra Mundial en Plenty (1985), una madre en busca de su hija desaparecida en Un grito en la oscuridad (1988) y una actriz pasada de rosca en Postales desde el filo (1990).

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10. Está de vuelta de todo.

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Durante los últimos años, para Streep parece haber tenido una mayor importancia el afán de pasárselo bien —sin miedo alguno al ridículo— por encima de seguir añadiendo títulos prestigiosos a una carrera colmada de ellos. Los mejores ejemplos son la cáustica El diablo viste de Prada (2006), aquel festival de vergüenza ajena que fue ¡Mamma Mia! La película (2008), la comedia culinaria Julie y Julia (2009), la fantasía musical de Disney Into the Woods (2014) y, por supuesto, Ricki (2015), donde aborda uno de los papeles más insólitos de su trayectoria. 

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Autor: Ignacio Pablo Rico | Guía del Ocio Fecha de actualización: 20/07/2018
 




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