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Mujeres artistas en museos españoles

Una selección de autoras cuyos trabajos se pueden ver en las principales pinacotecas del país

¿Es significativo que una obra haya sido realizada por un hombre o por una mujer? Quizá el arte no tenga sexo -o sí-, pero su historia, desde luego que sí. ¿Sabrías decir 10 nombres de artistas que sean mujeres y cuyos trabajos se puedan ver en nuestros museos? ¿Y anteriores al siglo XX? Si tu respuesta es sí, ¡enhorabuena! La gran mayoría los desconocen. En la década de los años 80, el grupo Guerrilla Girls dejó claro que en el Metropolitan Museum of Art las mujeres eran las protagonistas del 85% de los desnudos y las autoras de menos del 5% de las obras. Desde aquí te proponemos los nombres de algunas autoras que puedes encontrar en las principales pinacotecas del país.
 

Los casos de mujeres artistas en el pasado son escasos por muy diversos motivos. Las que podían dedicarse a ello, solían ser hijas de artistas o pertenecientes a familias nobles, por lo que ejercían sin ser consideradas profesionales. A esta limitación social hay que añadir también la estilística, ya que las féminas no tenían permitido estudiar modelos al natural, por lo que sus obras se centraban en géneros considerados menores, como el retrato o los bodegones. Aún así, hubo quienes destacaron por su innovación y personal estilo. Por si fuera poco, muchas de sus creaciones fueron atribuidas a varones.

Esto ha ido cambiando a partir del siglo XX. Sin embargo, entre las muestras del arte actual de nuestros museos todavía es menor el número de obras realizadas por mujeres. A continuación -a través de la galería que hay sobre estas líneas- te mostramos una veintena de nombres, desde el siglo XVI, cuyos trabajos aparecen en centros de nuestra geografía.

Sofonisba Anguissola

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Considerada como la primera mujer pintora de éxito del Renacimiento, Sofonisba Anguissola (Cremona, 1530 - Génova, 1626) nació en una familia noble y fue educada, como su hermano y sus seis hermanas, para cultivar sus talentos. Su aprendizaje en la pintura con artistas locales -Bernardino Campi y Bernardino Gatti- sentó precedente para que las mujeres fueran admitidas como estudiantes de arte. A los 21 años, viajó a Roma, donde conoció a Miguel Ángel. Por ser mujer en aquella época, no pudo estudiar anatomía dibujando del natural, pero destacó con sus retratos y autorretratos en poses informales.

Ya conocida, en 1559 vino a España, a la corte de Felipe II, invitada como pintora -aunque por su condición de noble, esto no era un oficio, sino una virtud- y dama de compañía de la reina Isabel de Valois. En ese tiempo, trabajó con Alonso Sánchez Coello, aproximándose a su estilo y haciendo compleja la atribución de algunos de sus cuadros por su falta de firma. Recientemente, incluso, se ha llegado a considerar que La dama del armiño, atribuida al Greco, podría ser suya. Hacia 1571 se casó con Fabrizio de Moncada, hermano del virrey de Sicilia. Y, tras quedarse viuda, volvió a contraer matrimonio con el noble genovés Orazio Lomellino.

En la actualidad, el Museo del Prado alberga, al menos, cuatro obras suyas: Giovanni Battista Caselli, poeta de Cremona (1557-1558), Isabel de Valois sosteniendo un retrato de Felipe II (1561-1565) -en la imagen de arriba-, Felipe II (1573) y Retrato de la reina Ana de Austria (1573).

Clara Peeters

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Pionera de la pintura de bodegones en los Países Bajos, la enigmática Clara Peeters (Amberes [?], h. 1588/90 - Amberes [?], después de 1621) es, ahora, un poco más conocida por el gran público, gracias a la exposición que se pudo ver en el Museo del Prado entre el 25 de octubre y el 19 de febrero de 2017 - El arte de Clara Peeters -, la primera que la pinacoteca ha dedicado a una mujer artista. La muestra sirvió para acercarnos a la obra de una de las escasas féminas que pudieron dedicarse a la pintura a principios de la Europa Moderna, cuando el arte era cosa de hombres.

Por su estilo, que plasma la apariencia real de las naturalezas muertas, la pintora flamenca revela una mentalidad avanzada para su época, en la que el realismo comenzó a ser una alternativa al idealismo renacentista. Sus esmeradas composiciones incluyen aves y pescados –por primera vez en los bodegones- dispuestos para ser cocinados, alimentos sobre la mesa y vajillas de lujo, todo ello representado con gran detalle, contraste elegante, sobriedad y con una curiosidad: a menudo aparece su autorretrato, en diminuta escala, reflejado en copas y jarras, lo que reafirma su voluntad de visibilidad como mujer pintora, así como un cuchillo de plata con su nombre grabado, indicio de que pudo estar casada.

El Prado cuenta en sus fondos con cerca de 8.000 pinturas realizadas por más de 5.000 artistas varones. Tan solo unas 70 obras son de 41 artistas mujeres, más otras 12 contemporáneas. De Clara Peeters, posee cuatro obras, de la treintena que se conocen suyas. Aunque hasta ahora solía estar expuesta solo una. El talento de esta autora barroca impulsó al matrimonio Holladay a abrir, en 1987, el National Museum of Women in the Arts (​NMWA​)​.

Otra de las mujeres pintoras más reconocidas de esta época fue Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 - Nápoles, 1652/3), hija del famoso pintor Orazio Gentileschi y quien, marcada por la violación de su maestro, Agostino Tassi, supo plasmar en sus cuadros el dolor de su propia vida. Su obra Nacimiento de san Juan Bautista (1635) está custodiada en los almacenes del Prado, junto a piezas de artistas como Rosario Weiss -probablemente hija no reconocida de Francisco de Goya-, Flora López Castrillo, Marguerite Marie Benoit, Angelica Kauffmann (también en el Thyssen-Bornemisza), María Luisa de la Riva y Callol, Louise de Liniers, Anna María Teresa Mengs o Marietta Robusti Tintoretta, entre otras.

La Roldana

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Luisa Ignacia Roldán Villavicencio (Sevilla, h. 1652 - Madrid, 1706), conocida como La Roldana, fue uno de los principales nombres de la escultura barroca de la Andalucía de finales del siglo XVII y principios del XVIII y la primera escultora española registrada.

Se formó en el taller de su padre, Pedro Roldán, hasta que se casó en 1671, a pesar de la negativa paterna. Con el barro modeló figuras de gran calidad y comenzó a recibir pedidos. Tras pasar dos años en Cádiz, se fue a Madrid, donde trabajó como escultora de cámara para los monarcas Carlos II y Felipe V -algo insólito para una mujer-, hasta su fallecimiento, en lamentable situación económica. Sus obras, de temática religiosa, siguen las recomendaciones del Concilio de Trento para acercar la religión al pueblo. En su producción destacan esculturas de imaginería, terracotas y belenes.

Algunos de sus trabajos se pueden ver hoy en día en: la Colección del Conde Güell (Barcelona), la Catedral Nueva de Cádiz, Iglesia de San Francisco (Córdoba), Museo Provincial de Guadalajara, Convento de Santo Domingo (Jerez de la Frontera), Convento de las Descalzas Reales (Madrid), Ermita de Nuestra Señora de los Santos (Móstoles), Monasterio de El Escorial, Catedral de Sevilla, Hospital de los Venerables (Sevilla) o Catedral de Canarias (Gran Canaria), entre otros lugares.

Louise Élisabeth Vigée Le Brun

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La retratista Louise Élisabeth Vigée Le Brun (París, 1755 – Louveciennes, 1842), más conocida como Madame Lebrun y, sobre todo, por haber sido la pintora oficial de la reina María Antonieta, fue una de las pintoras francesas más importantes del siglo XVIII.

Aunque era hija del pintor Louis Vigée, este falleció cuando ella tenía doce años, por lo que se formó a cargo de Davesnes y Doyen de Briard, quien le facilitó el estudio de los grandes maestros. En 1774 fue nombrada miembro de la Academia de San Lucas y, dos años después, se casó con el marchante de arte Jean-Baptiste Le Brun. Tras la Revolución Francesa, viajó a Italia, Viena, Praga, Dresde, Berlín, San Petersburgo, Londres y Suiza, realizando numerosos retratos de estilo rococó con adopciones neoclásicas de la aristocracia europea.

Sus cuadros se ven en museos como el Hermitage de San Petersburgo, la National Gallery de Londres o el Louvre. En España, el Museu Nacional d'Art de Catalunya (Barcelona) expone su Retrato de niña (1788-1790) en la sala 35 del Legado Cambó. Edyth Starkie, Ethel Reed, Mela Mutermilch, Maria Rusiñol Denís y Olga Sacharoff son algunas autoras más que esta institución incluye entre sus itinerarios.

Gabriele Münter

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Gabriele Münter (Berlín, 1877 - Murnau am Staffelsee, 1962) destaca por ser de las pocas creadoras vinculadas al expresionismo alemán. Sus padres apoyaron su formación artística con maestros privados. Asistió a una escuela de arte para mujeres en Düsseldorf y, tras un viaje a Estados Unidos, se estableció en Münich, donde pronto se apuntó a la escuela de arte Phalanx, en la que trabajaba el que fue su maestro y compañero sentimental, Vasily Kandinsky.

Influida por las nuevas corrientes, su estilo fue evolucionando hacia la simplificación de la forma. En su trayectoria, participó en las exposiciones fauvistas de la Neue Künstlervereinigung (NKV), asociación que abandonó para formar parte de Der Blaue Reiter (El Jinete Azul). Al comenzar la Primera Guerra Mundial, se trasladó a Suiza y, después, en solitario, a Copenhague. Al finalizar la guerra regresó a Murnau, donde terminó sus días junto al filósofo e historiador del arte Johannes Eichner.

Pero, además de pintora, se la conoce por haber salvado gran número de obras de Kandinsky y diversos pintores expresionistas, escondiéndolas, durante la Segunda Guerra Mundial, de la persecución del nazismo que consideraba este arte como degenerado.

El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid cuenta, entre su colección y la de Carmen Thyssen-Bornemisza, con cuatro cuadros suyos: Vista desde la casa del hermano de la artista, Bonn (1908), Autorretrato (c. 1908), Las escuelas, Murnau (1908) y Murnau (Murnau en mayo) (1924).

María Blanchard

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Artista excepcional de las vanguardias de primera mitad del siglo XX, María Gutiérrez-Cueto Blanchard (Santander, 1881 - París, 1932) nació en el seno de una familia acomodada, con una deformidad resultante de una cifoscoliosis con doble desviación de columna que le marca en su vida y en la devoción por su trabajo. Desde muy joven cultiva el dibujo, se traslada a Madrid y comienza su vocación, estudiando con Fernando Álvarez de Sotomayor. Logra la tercera medalla de pintura con la obra Los primeros pasos y entra en el taller de Manuel Benedito.

Gracias a unas becas, continúa su carrera en París. Allí se aleja de la pintura académica, conoce el cubismo, obtiene la segunda medalla en la exposición nacional de Bellas Artes con la obra Ninfas encadenando a Sileno y contacta con pintores como Anglada Camarasa y Diego Rivera. Tras volver varias veces a España, regresa finalmente a París. Entra en el círculo cubista, junto a Lipchitz y Juan Gris, y expone para importantes galeristas y en el Salón de los Independientes de París, donde obtiene gran éxito de la crítica. La muerte de Juan Gris, su progresivo aislamiento y sus dolencias físicas caracterizan su última etapa.

En el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid) se custodian algunas obras suyas y se pueden contemplar cuadros como Mujer con abanico (1916) o Femme à la guitare (Mujer con guitarra) (1917).

Sonia Delaunay-Terk

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Sarah Ilínichna Stern (Hradyzk, Ucrania, 1885 - París, Francia, 1979), conocida como Sonia Delaunay-Terk, fue una gran representante del arte abstracto, junto a su marido Robert Delaunay. Fundamental en el desarrollo del orfismo, expresó esta corriente tanto en la pintura como en el diseño de moda.

De familia judía, Sonia fue confiada con cinco años a su tío materno Henri Terk, de San Petersburgo, cambiando su nombre y apellido. Comenzó sus estudios de pintura en Alemania y continuó su formación en la Académie La Palette, de París, donde pudo admirar el postimpresionismo de Vincent van Gogh y Paul Gauguin, así como el fauvismo de Henri Matisse. Allí se casó por conveniencia con el marchante alemán Wilhelm Uhde y conoció a artistas de vanguardia como Picasso, Braque o el propio Robert Delaunay, su segundo marido. Ambos se adentraron en la investigación del color y en la abstracción, aunque por caminos diferentes.

En 1964, como consecuencia de la donación de sus obras, se convirtió en la primera mujer a la que el Musée du Louvre le dedicó una exposición.

En Madrid, se pueden contemplar dos obras suyas -Contrastes simultáneos (1913) y Vestidos simultáneos (Tres mujeres, formas, colores) (1925)- en las salas del Museo Thyssen-Bornemisza.

Georgia O'Keeffe

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Cambiando de estilo y continente, Georgia O'Keeffe (Sun Prairie, Wisconsin, 1887 - Santa Fe, Nuevo México, 1986) fue una de las principales figuras del arte moderno que surgió en Estados Unidos alrededor del fotógrafo y galerista Alfred Stieglitz. A lo largo de su trayectoria desarrolló un estilo muy personal, que se ha dado a conocer como el nuevo arte indígena americano.

Con antecedentes irlandeses y húngaros, se formó en el Art Institute of Chicago y en la Art Students League de Nueva York. Trabajó como ilustradora y maestra de arte de educación primaria. A partir de 1917, comenzó a exponer en galerías y en la década de los años 20 alcanzó su madurez artística con una particular combinación de simbolismo, abstracción y fotografía. Destacan especialmente sus lienzos de grandes flores del desierto y sus paisajes aéreos. En sus últimos años, debido a su pérdida de visión, abandonó sus pinturas al óleo y se decantó por la alfarería, con la que recibió numerosos galardones.

El Museo Thyssen-Bornemisza, de Madrid, posee tres obras suyas de la década de 1920 y dos de los años 50.

Maruja Mallo

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La pintora surrealista Ana María Gómez González (Vivero, Lugo, 1902- Madrid, 1995), a quien conocemos como Maruja Mallo, es una artista española de la generación del 27. Transgresora, iconoclasta y con un gran talento, la que fuera cuarta hija de catorce, comenzó su formación en la Escuela de Artes y Oficios de Avilés y, con 20 años, entró en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, mientras asistía, junto a su hermano, el escultor Cristino Mallo, a la Academia Libre de Julio Moisés.

Tanto en Madrid como en París, se relaciona con numerosos artistas, escritores o cineastas de la época como Dalí, García Lorca, Buñuel, Zambrano, Alberti, Miguel Hernández, Magritte, Max Ernst, Miró, Giorgio de Chirico, Breton o Paul Éluard.

Los viajes realizados a lo largo de su vida y las diversas actividades ejercidas, como pintora, escenógrafa o docente, incluso formando parte de las Misiones Pedagógicas, se van sucediendo a la vez que va desarrollando sus diversos estilos, desde el realismo mágico de su primera exposición organizada por Ortega y Gasset en los salones de la Revista Occidente, hasta sus retratos de mujeres, considerados precursores del arte pop estadounidense, pasando por su notable etapa surrealista o su giro al orden geométrico de la naturaleza y al constructivismo.

En el exilio, recibió un rápido reconocimiento. Pero cuando regresó a España en 1961, era casi una desconocida en su tierra. Sin embargo, en la década de 1980 se quiso saldar esta deuda otorgándole la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, del Ministerio de Cultura, y el Premio de Artes Plásticas de Madrid. Después recibiría la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid y la Medalla de Galicia. En 1993, el Centro Gallego de Arte Contemporáneo se inaugura con una exposición antológica suya.

Hoy en día, el Museo Reina Sofía custodia diversas obras suyas y, al menos, cuatro se pueden encontrar colgadas en sus paredes.

Rosario de Velasco

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Como en el caso de Maruja Mallo, la pintora figurativa Rosario de Velasco (Madrid, 1904-Barcelona, 1991) formó parte también de una familia de catorce hermanos. Sin embargo, su estilo difiere bastante de los de la artista gallega.

Formada con Fernando Álvarez de Sotomayor, retratista adscrito al regionalismo gallego, su obra es representativa del retorno al clasicismo o ‘retorno al orden’, experimentado por las vanguardias europeas en el periodo de entreguerras.

En 1932, la autora ganó la segunda medalla de pintura en la Exposición Nacional de Bellas Artes con el óleo Adán y Eva, que se puede ver en la actualidad en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Es, precisamente, su producción figurativa anterior al año 1936 la que más se aproxima al realismo de colectivos como los de la Nueva Objetividad alemana o los italianos Valori Plastici, aunque con un innovador tratamiento formal, que incluye los aspectos técnicos y el empleo del color.

Instalada en Barcelona, junto a su marido y su hija, tras la Guerra Civil, Rosario inició allí una intensa actividad pictórica, aunque alejada de las corrientes artísticas y rodeada de amigos como Dionisio Ridruejo, Pere Pruna, Carmen Conde o Eugenio d'Ors.

Grete Stern

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Con estudios de artes gráficas en Stuttgart y de fotografía en la Escuela de la Bauhaus, Grete Stern (Alemania, 1904 — Argentina, 1999) es una de las figuras más representativas de la mujer como fotógrafa.

Tras la llegada de Hitler al poder, emigró a Londres, por su origen judío y su ideología de izquierdas. Se casó en 1935 con el fotógrafo argentino Horacio Coppola y, al año siguiente, ambos se trasladaron a Buenos Aires, donde dejaron su mayor legado fotográfico. Allí se relacionaron con intelectuales y personajes como Neruda, Borges o Bertolt Brecht. Y, ya divorciada, recorrió el país fotografiando a la escasa población indígena e, incluso, llegó a ser profesora de fotografía en la Universidad de Resistencia en la Provincia del Chaco.

A través de su cámara, Grete Stern expresó sus inquietudes sociales, utilizando las imágenes como sistema de comunicación para reflejar los problemas, sueños, venturas y desventuras. Así, por ejemplo, sus fotomontajes surrealistas realizados para la revista Idilio, representaban el análisis que el sociólogo Gino Germani hacía de los sueños que las lectoras enviaban a la Redacción.

En 1982, recibió el Premio Konex - Diploma al Mérito como una de las 5 mejores fotógrafas de la historia en Argentina.

El Instituto Valenciano de Arte Moderno -IVAM- custodia en su colección alguna de sus obras bajo el capítulo de ‘Poéticas oníricas y Dadá’.

Dora Maar

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Nacida como Henriette Theodora Markovitch (Tours, 1907 - París, 1997) en una familia muy cosmopolita, la pintora, fotógrafa y escultora francesa Dora Maar disfrutó de una gran preparación intelectual y artística y formó parte de los círculos más vanguardistas del París de los años 20 y 30. Entre los surrealistas, era amiga de Brassaï y de Cartier Bresson. Y sus fotografías de personajes excluidos de la sociedad estaban muy bien valoradas. Sus imágenes parecen envueltas en una atmósfera enigmática, mística y melancólica que refleja, en cierto modo, su propio carácter.

Su relación con Picasso comenzó con una anécdota bien conocida. En un café parisino, ella jugaba con una navajita entre sus dedos y, a pesar de sangrarle la mano, no detuvo el juego. El pintor la observó y le pidió su guante manchado. Dora se convirtió en su amante y musa, y fotografió todo el proceso de composición del Guernica. Al final de su amor, ingresó en el hospital psiquiátrico de Sainte-Anne. Tiempo después, volvió a la pintura, pero apenas a la fotografía.

En el Museo Reina Sofía se pueden ver algunas de sus fotografías, tanto las que realizó de la obra del malagueño, como otras de personajes en escenas callejeras.

Louise Bourgeois

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A la artista y escultora francesa nacionalizada estadounidense Louise Joséphine Bourgeois (1911 – 2010), se la conoce como ‘Mujer Araña’, por sus particulares arácnidos. Galardonada con numerosos premios, está considerada como una de las más importantes autoras del arte contemporáneo y fundadora del Arte Confesional. A lo largo de casi siete décadas de trayectoria artística, en su trabajo se entrecruzaron movimientos vanguardistas del siglo XX, como el Surrealismo, el Expresionismo Abstracto y el Posminimalismo, pero siempre mantuvo su propia visión creativa.

Sus obras son autobiográficas y expresan temas como la traición, la soledad y la ansiedad, que pueden estar inspirados en un trauma de infancia: el descubrimiento de la relación entre su padre y su niñera.

Una de sus obras más ambiciosas es Mamá (1999), con casi 9 metros de altura. Sus arañas vienen a ser un homenaje a su madre, que era tejedora. Esta forma parte, hoy en día, de la colección del Museo Guggenheim Bilbao.

Ángeles Santos

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Pintora y artista gráfica, Ángeles Santos Torroella (Portbou, 1911 – Madrid, 2013) comenzó su trayectoria creativa entre el surrealismo y el expresionismo, aunque luego tendió al postimpresionismo con temas de interiores y paisajes. Fue la última superviviente de la generación del 27 y, en 2005, recibió de la Generalidad de Cataluña el Premio Cruz de San Jorge.

Comenzó a pintar con apenas 14 años y, con tan sólo 18, realizó las que están consideradas como sus grandes obras: Tertulia y Un mundo. Este último, de estilo surrealista y grandes dimensiones, se puede contemplar en el interior del Museo Reina Sofía.

Tras numerosas exposiciones en diversos países, la ilustradora catalana renegó de sus cuadros tempranos, por considerarlos tétricos. Durante la Guerra Civil, se fue a Francia. Y cuando regresó en 1937 para tener su primer hijo, dejó los pinceles hasta 1963, año en el que volvió a París con su marido.

Nancy Spero

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Reconocida internacionalmente por su obra y su lucha por la igualdad, Nancy Spero (Cleveland, Ohio, Estados Unidos, 1926 – New York City, 2009), sitúo su trabajo entre lo literario y lo pictórico.

En sus intentos por ‘feminizar’ el espacio masculino del arte, abandonó pronto el lienzo, por considerarlo un medio masculino y optó por la fragilidad del papel.

En la década de los años 60, centró su trabajo en el compromiso político y en mostrar su antibelicismo. Así, sus composiciones incluyen hongos nucleares, bombas fálicas y frases del argot militar. Y, diez años después, el objetivo de su producción fue la denuncia de los malos tratos hacia las mujeres.

En los 80, procuró eliminar diferencias entre la obra y el espacio en el que se exhibe, mostrando obras llenas de movimiento, y el cuerpo de la mujer ocupó sus proyectos.

También el Museo Reina Sofía, de Madrid, expone algunas de sus obras, que pertenecen a su colección.

Yoko Ono

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Aunque el matrimonio con John Lennon y la influencia que pudo tener sobre él y la disolución de los Beatles suele ser el centro de atención cuando se habla de Yoko Ono (Tokio, 18 de febrero de 1933), esta artista conceptual perteneciente a la aristocracia japonesa era ya conocida en la década de los 60 por formar parte de movimientos vanguardistas como Fluxus.

Su obra es de lo más variopinta, desde ‘performances’ y conciertos en los que el público se tiene que imaginar la música, hasta discos experimentales o películas. Su producción de artes plásticas y música, caracterizada por su economía de recursos, suele abordar temas como la paz, la libertad de pensamiento, la lucha contra el racismo, la homofobia y el sexismo y la valoración de las pequeñas grandes sensaciones cotidianas.

Varias de sus películas de la serie ‘Fluxfilm Anthology’ están expuestas en el Museo Reina Sofía, de Madrid.

Colita

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La fotógrafa española Isabel Steva Hernández ó Colita (Barcelona, 1940) es una de las artistas más destacadas de la fotografía catalana contemporánea. Estudió Civilización Francesa en la Sorbona de París. De regreso a Barcelona, se relacionó con los fotógrafos Oriol Maspons, Julio Ubiña y Xavier Miserachs. Y se convirtió en la retratista de la Gauche divine.

En sus años de trayectoria artística ha realizado más de medio centenar de exposiciones, ha elaborado portadas de discos, pósteres, ha colaborado con revistas, ha publicado más de 30 libros de fotografía y no ha dejado de recopilar imágenes con su cámara.

En 1998, el Ayuntamiento de Barcelona le otorgó la Medalla al Mérito Artístico junto a los fotógrafos Oriol Maspons y Leopoldo Pomés. Y en 2014 se concedió el Premio Nacional de Fotografía, aunque lo rechazó por la situación de la cultura y la educación en España.

Su obra figura en la colección del Museo Nacional de Arte de Cataluña y también se puede ver en el Reina Sofía.

Carmen Calvo

Mujeres artistas en museos españoles

 

La artista conceptual Carmen Calvo Sáenz de Tejada (Valencia, 1950) destaca por su aportación al arte contemporáneo de la Comunidad de Valencia. Estudió en la Escuela de Artes y Oficios, así como en la Escuela Superior de Bellas Artes de Valencia. Desde sus comienzos en 1976, con pequeñas exposiciones en la galería Temps de Valencia, ha consolidado su participación en muestras por toda España, además de en Estados Unidos, Japón, Argentina, México, Uruguay, Francia, Portugal, Suiza, Austria, Venezuela y Egipto.

Su obra se encuentra en numerosas colecciones de arte, entre las que destacan la del Museo Español de Arte Contemporáneo, el Guggenheim de Nueva York, la Fundación Joan Brossa, Fundación La Caixa, Museo Reina Sofía y el IVAM.

Cindy Sherman

Mujeres artistas en museos españoles

 

La artista, fotógrafa y directora de cine estadounidense Cynthia Morris Sherman (Nueva Jersey, 1954) es una de las representantes más importantes de la fotografía de posguerra en Nueva York y una de las fotógrafas más respetadas del siglo XX.

Su obra se caracteriza por ser, casi siempre, ella misma la que aparece en sus fotografías, aunque no son autorretratos tradicionales, ya que suele disfrazarse y representar papeles, como si de un fotograma cinematográfico se tratara, para cuestionar temas de actualidad, como la función de la mujer o del artista o la naturaleza interpretativa de la psique femenina. La artificialidad y la transgresión son algunos de los componentes por los que destaca su trabajo.

El IVAM posee alguna de sus obras en la sección de su colección titulada ‘Mitologías individuales’.

Cristina Iglesias

Mujeres artistas en museos españoles

 

La escultora y grabadora Cristina Iglesias Fernández Berridi (San Sebastián, 1956) tiene trabajos repartidos por museos y espacios de todo el mundo, por lo que se podría decir que es una de las artistas españolas más internacionales de las últimas décadas. Entre sus más conocidos en España, encontramos el Portón-Pasaje realizado en 2007 para el nuevo edificio del claustro de Los Jerónimos en el Museo del Prado, formado por seis grandes planchas móviles con forma de vegetales fosilizados en bronce.

Tras practicar el dibujo y la cerámica en Barcelona, estudió escultura en la Chelsea School of Art en Londres, donde conoció al que fue su marido, Juan Muñoz, y a otros artistas como Anish Kapoor. Y, gracias a una beca, se formó después en el Pratt Institute de Nueva York. Su reconocimiento comenzó con su participación en la Bienal de Venecia de 1986, como representante de España.

Atraída por el constructivismo ruso y la arquitectura italiana del renacimiento, para sus trabajos e instalaciones utiliza materiales muy diversos, como el acero, el hormigón, el agua, el bronce, el cristal o el bambú, entre otros.

Tras numerosas exposiciones y participaciones en otras bienales, en 1999 fue galardonada con el Premio Nacional de las Artes Plásticas y en 2016 con el Tambor de Oro de la Ciudad de San Sebastián.

En España, se pueden ver más obras suyas en museos como el  MACBA, el IVAM y el Reina Sofía

Autor: Silvia Álvarez Fecha de actualización: 06/03/2018
 




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