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Ruta de tumbas ilustres en Madrid

Visitamos los lugares en los que descansan los restos de algunos de los más insignes representantes de la cultura, el arte o la política de nuestro país

Cada 1 de noviembre los cementerios se llenan de personas que visitan a sus muertos, pero Madrid también acoge a un buen número de ilustres cadáveres que podemos considerar como ‘nuestros muertos’. 

Se trata de insignes figuras que permanecen en nuestra memoria y sentimiento colectivo por sus históricas contribuciones a la cultura, el arte o la política española. A continuación emprendemos una ruta por sus lugares de descanso eterno.

Podéis quedaros en paz

Los últimos restos en hallar definitivo acomodo son los de Miguel de Cervantes. Tras años de búsqueda, los investigadores concluyeron esta pasada primavera que entre los huesos encontrados en la cripta del convento de las Trinitarias podrían estar los del autor de El Quijote. A falta de una prueba de ADN que lo garantice, los estudios de historiadores, arqueólogos y antropólogos empujaron al Ayuntamiento de Madrid a habilitar un monumento funerario en las Trinitarias tras el que se encuentran los restos atribuidos al escritor complutense, los cuales se pueden visitar gratuitamente en horario de misa.

Otro templo que sirve de última morada para un eminente español es la ermita de San Antonio de la Florida. Ahí, en el mismo lugar que decoró con sus frescos y bajo una humilde lápida se encuentra el cuerpo de Francisco de Goya. Y decimos el cuerpo porque de su cabeza se desconoce el paradero, perdida en algún traslado de sus restos, que primero se ubicaron en Burdeos, luego en Zaragoza y posteriormente en la madrileña Sacramental de San Isidro para acabar finalmente en San Antonio de la Florida.

Cervantes y Goya no son los únicos que tienen el privilegio de dormir el sueño eterno en iglesias. Una tradición habitual hace siglos pero que quedó en desuso desde el XIX por los problemas de propagación de enfermedades que originaba el mantener los cadáveres en el centro de la ciudad. En Madrid, Fernando VI y su esposa Bárbara de Braganza reposan en la iglesia de Santa Bárbara (General Castaños, 2), mientras que la escritora Emilia Pardo Bazán lo hace en una cripta de Nuestra Señora de la Concepción (Goya, 26).

Sacramentales

Las prohibiciones para enterrar en iglesias provocaron la aparición de cementerios en las afueras de la ciudad. Impulsados por las cofradías sacramentales, muchos de estos camposantos aún permanecen en activo hoy en día. Los cuatro más importantes se encuentran muy cerca los unos de los otros, en Carabanchel, en las proximidades de La Pradera. El más antiguo es el cementerio de San Isidro (paseo de la Ermita del Santo, 78), lugar donde aún puede verse el monumento funerario en el que reposó por un tiempo el mencionado Goya, quien compartía panteón con otros ilustres españoles fallecidos en Francia: Donoso Cortés, Juan Meléndez Valdés y Leandro Fernández de Moratín. Menos visibles son las tumbas de Mesonero Romanos, Ortega y Gasset o Concha Piquer, repartidos por varios de los patios del cementerio.

El cercano sacramental de San Justo (paseo de la Ermita del Santo, 70) también cuenta con un importante panteón de hombres ilustres, levantado por la Asociación de Escritores y Artistas. En él yacen Larra, Espronceda, Gómez de la Serna o Marquina, aunque la visita a San Justo obliga a encontrar también en otros espacios a Gregorio Marañón, Chueca o Zorrilla.

Algo más modestos en cuanto a tamaño –aunque también pueden presumir de inquilinos– son los cementerios de San Lorenzo y San José (donde reposan Gustavo Adolfo Bécquer o Mariano Bellver) y el de Santa María, última morada de Jardiel Poncela o Francos Rodríguez.

La gran necrópolis

Huelga decir que los cementerios no son parques de atracciones y que, aunque resulta indudable su interés como espacios turísticos (no solo por sus inquilinos, sino también por los elementos arquitectónicos que componen estos lugares), lo cierto es que no están acondicionados para ello. No existen rutas señalizadas ni grandes carteles que indiquen el lugar donde reposan nuestros insignes, lo cual puede hacer difícil encontrarlos si no se va acompañado de algún experto en ‘necroturismo’ o se realiza alguna ruta guiada (que las hay). Esto es especialmente reseñable en la gran necrópolis de la capital, el cementerio de la Almudena (av. Daroca, 90), que desde su inauguración en 1884 se convirtió en el destino habitual para la gran mayoría de fallecidos en Madrid. En él reposan premios Nobel como Ramón y Cajal o Vicente Aleixandre, literatos no menos importantes de la talla de Dámaso Alonso o Pérez Galdós, políticos clave en la historia de España y de Madrid como Alcalá–Zamora o Tierno Galván, así como figuras del mundo del deporte (Alfredo Di Stéfano y Fernando Martín) el toreo (el Yiyo) o la canción (Estrellita Castro y Lola Flores, que cuenta con una de las esculturas más llamativas junto a la de su hijo Antonio).

Reposo para los ateos

Aunque actualmente no existe con entidad propia, pues su existencia queda englobada dentro de la misma Almudena, al otro lado de la avenida de Daroca se encuentra el todavía conocido popularmente como el Cementerio Civil. Este espacio de inspiración laica tiene su origen en la negativa de la iglesia en dar sepultura a Maravilla Leal, una joven que se suicidó en 1884. Con el tiempo se convirtió en la alternativa para enterrar a todos aquellos que no deseaban ser despedidos bajo ritos religiosos. Ello explica que junto algunas cruces católicas (que en las últimas décadas han ido incorporándose al lugar con normalidad) campeen los símbolos de distintas tendencias políticas, con mayoría de iconos comunistas. Las tumbas que más visitas reciben son las de la dirigente comunista Dolores Ibárruri, la Pasionaria, y la del fundador del PSOE, Pablo Iglesias. Pero en el Cementerio Civil también podemos encontrar a personalidades de muy distintas tendencias, pues en él descansan políticos de la I República como los presidentes Estanislao Figueras, Francisco Pi y Margall o Nicolás Salmerón; el escritor Pío Baroja, el urbanista Arturo Soria o el intelectual Francisco Giner de los Ríos.

Coleccionismo de huesos

Nadie veneraba tanto los restos humanos como Felipe II. Concretamente el monarca español era un enfervorecido recolector de reliquias de santos, tal y como atesora la colección que guardaba en el monasterio de  El Escorial y que llegó a superar las 7.000 piezas. Las reliquias han sido siempre un motivo de veneración por parte de los católicos. En la actualidad esta tradición de rendir homenaje a los restos de los santos con motivo de su festividad sigue presente en todo el mundo. En Madrid se siente especial apego al cuerpo incorrupto de su patrón, San Isidro, que descansa en compañía de los restos de su mujer, Santa María de la Cabeza, en la Colegiata de San Isidro El Real. Ambos se veneran durante las fiestas patronales. Algo parecido ocurre en Alcalá de Henares con los restos de los Santos Niños Justo y Pastor, que reposan en la Catedral Magistral. Volviendo a la capital, las Escuelas Pías de San Antón aseguran dar cobijo a los restos de San Valentín. Y no solo de huesos vive el cristiano, porque el monasterio de la Encarnación se llena cada 27 de julio para ver si se licúa o no la sangre de San Pantaleón.

Cuestión de estado 

Panteón de hombres ilustres

Pese al objetivo inicial de acoger a todas las grandes personalidades españolas, este edificio neobizantino tiene que conformarse con albergar los mausoleos de políticos de la Restauración como Cánovas, Canalejas, Dato o Sagasta, esculpidos por Mariano Benlliure o Agustín Querol. 

 

Panteón real (Monasterio de San Lorenzo)

En la intimidad de la cripta del monasterio de San Lorenzo de El Escorial reposan los restos de todos los reyes de España desde Carlos V (salvo Felipe V y Fernando VI). Sin embargo los actuales monarcas –y los eméritos– tendrán que encontrar otro lugar, pues ya no quedan urnas libres. 

 

Autor: Javi Montero Fecha de actualización: 18/10/2017



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