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Ruta por plazas con encanto en Madrid para citarse con la historia

A veces, con las prisas de Madrid, olvidamos parte de sus encantos. Sin duda, una de las cosas que más personalidad le dan a la Villa y Corte es el sinnúmero de plazas, plazuelas, plazoletas y explanadas que salpican el entramado urbano de la capital. Entre estas destacan las que por ubicación e historia se han convertido en impagables puntos de encuentro.

 

Plaza de la Villa

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Paseando por el Madrid de los Austrias, entre la Plaza Mayor y la catedral de la Almudena, el caminante se encuentra con una de las plazas más turísticas y a la vez de las más discretas y tranquilas. La Plaza de la Villa se encuentran tres edificios históricos de valor: la casa y torre de los Lujanes – los dos edificios de carácter civil más antiguos que se conservan en Madrid-, la casa de Cisneros y la Casa de la Villa, antigua sede del ayuntamiento hasta hace una década y en cuyo interior se encuentra la estatua original de la Mariblanca, amarilleada por el tiempo a diferencia de su copia en Sol.

Plaza de la Villa de París

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Dentro del distrito Centro encontramos una plaza amplia con zonas ajardinadas, zonas de juegos infantiles y arbolada. La plaza de la Villa de París tiene un nombre - dado en 1905 con la visita del presidente de la república francesa Émile Loubet – que le viene al pego con su aire elegante. La plaza está rodeada por un paseo arbolado y formada por dos espacios terrizos, en el centro de cada uno de ellos se encuentra una estatua, la de Bárbara de Braganza y la de su esposo Fernando VI. Además, en la plaza se encuentra la fachada del Tribunal Supremo, antiguo convento de las Salesas.

Plaza de la Provincia

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Al lado de la Plaza Mayor, se encuentra la Plaza de la Provincia, lugar perfecto para comenzar una visita por la Villa y Corte. En la placita encontramos la fuente de Orfeo, réplica moderna de la obra proyectada por Juan Gómez de Mora a comienzos del XVII, y el palacio de Santa Cruz, edificio herreriano del mismo siglo, que albergó la cárcel de la ciudad y hoy es ocupado por el Ministerio de Asuntos Exteriores. No obstante, aún se mantiene el viejo dicho castizo de "dormir bajo el ángel" como sinónimo de estar en la cárcel, en referencia a la estatua del arcángel Miguel que preside el palacio en su parte más alta.

Plaza de Ramales

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En pleno Madrid de los Austrias, el rey José Bonaparte, conocido entre los madrileños con el remoquete de Pepe Plazuelas, derribó la iglesia de San Juan Bautista como parte de su proyecto  de rediseñar urbanísticamente la Corte construyendo plazas. Este es el origen de la plaza de Ramales, hoy un reparador espacio peatonal, pero antiguamente presidida por dos de las iglesias más antiguas de Madrid. En la antes mencionada iglesia de San Juan Bautista se cree que con toda seguridad estuvo enterrado Diego de Velázquez, por lo que en medio de la plaza se levantó un monolito en honor del pintor sevillano, obra de Fernando Chueca Goitia, y en 2005 se simuló la silueta de parte del templo con unos elementos de piedra. Quizá el edificio que más destaque de la plaza sea la casa-palacio de Ricardo Augustín, mandada construir en 1920, característico por su balaustrada y la torre.

Plaza Santa Ana

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Reinando José I precisamente también se derribó el convento de Santa Ana dando lugar a una de las  plazas más conocidas de Madrid, en parte gracias a las terrazas, bares y cervecerías que la circundan.  En Santa Ana, la primera plaza peatonalizada de la ciudad (1925), se encuentra Villa Rosa, el tablao flamenco más antiguo de la ciudad, y las fachadas, enfrentadas, del Hotel Reina Victoria, con elementos modernistas, y del Teatro Español. En este último, Lorca estrenó La zapatera prodigiosa (1930) y Yerma (1934), por lo que a finales del siglo XX se erigió una escultura obra de Julio López dedicada al poeta granadino en la parte baja de la plaza.

Plaza del Alamillo

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Disimulada en el barrio de la Morería, se encuentra un pequeño ensanche de la calle del Alamillo aparentemente anodino, pero, tras la tranquilidad que rezuma, cargado de historia y referencias literarias y cinematográficas. En la plaza se encontraba el antiguo alamín o alamud, el tribunal de justicia de los mudéjares en Madrid, bajo la cual se encontrarían los pasadizos subterráneos secretos por los que deambulan los protagonistas de La torre de los siete jorobados, primero novela de Emilio Carrere, y después obra maestra del séptimo arte español, de Edgar Neville.

Plaza de las Comendadoras

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El Convento de las Comendadoras de Santiago, de 1650 pero con una arquitectura actual de finales del siglo XVIII de Francesco Sabatini, da nombre a una de las plazas más tranquilas y familiares del centro de Madrid. La fachada rojiza del convento señorea en una plaza situada en la frontera entre Malasaña y Chamberí, entre lugares más modernos y vibrantes y otros más residenciales y castizos. Precisamente en la plaza ambientó Galdós el comienzo de su novela Miau, aunque ahora convivan por sus alrededores los personajes y aires galdosianos con la amplia oferta cultural del Museo ABC, el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid y el Centro Cultural Conde Duque.

Plaza Mayor

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Ordenada construir por Felipe III en 1617 sobre la plaza del Arrabal que había ido surgiendo desde el siglo XV, su azarosa historia incluye tres incendios y múltiples reformas hasta la de 1969 que la cerro al tráfico y le dio el aspecto que hoy conocemos.

Plaza Tirso de Molina

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Tirso de Molina es la frontera entre el centro más turístico y el popular y multicultural barrio de Lavapiés. Hoy, la plaza está viviendo un proceso de modernización, remozada con nuevas discotecas y bares, pero conservando sus características terrazas y floristerías. Un dato curioso es que, en la excavación del metro, los obreros se toparon con los restos de los monjes del cementerio del antiguo convento que ocupaba la explanada y se decidió trasladarlos a una galería paralela a los andenes de la estación.

Plaza de Callao

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La plaza de Callao remeda con sus pantallas digitales Times Square, Picadilly o Shibuya en Tokio, pero con un aire más familiar y castizo. El espacio, construido entre 1917 y 1922, ha perdido algo de glamour en los últimos años con las franquicias, pero aún conserva los edificios con influencias norteamericana de comienzos del siglo XX, art decó y eclécticos como el edificio Carrión o el Palacio de la Prensa. Al fin y al cabo, la plaza no deja de ser una zona comercial, de las más transitadas, que se ha adaptado a los cambios de la ciudad: el Cine Callao es una reliquia de los pasados tiempos en los que la Gran Vía era un rimero de salas de cine y la plaza de Callao principia hoy el tramo de la avenida más neoyorquina y musical.

Plazuela de San Javier

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San Javier, un recoveco en el Madrid de los Austrias, es la plaza más pequeña de Madrid. Es tan pequeña que solo tiene dos números y recibe el nombre de plazuela. Sin embargo, su encanto recae en su cercanía a la plaza Mayor y el estar situada en una zona de la capital repleta de pequeñas callejuelas con encanto y cientos de anécdotas. Destaca, además, por la fachada roja que da a la Calle del Conde y porque en ella se ambientó la conocida zarzuela Luisa Fernanda (1932), en "el riñón del viejo Madrid".

Puerta del Sol

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En origen una de las puertas de la cerca que delimitaba la ciudad en el siglo XV, su planta semicircular alberga varios de los iconos de Madrid: la sede la Comundad con su emblemático reloj, las estatuas de Oso y el Madroño y la Mariblanca, el kilómetro 0....

Autor: A.A. / J.C. Fecha de actualización: 18/01/2019
 




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