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Sexo, drogas y rock & roll: 10 biopics que no se cortaron un pelo

Juergas, orgías y drogas. Recordamos 10 películas biográficas sobre estrellas de la música que no tuvieron reparo en mostrar el lado más polémico de la vida de sus protagonistas.

 

A veces de la manera más explícita y desmadrada, y otras con algo más de pudor, el cine ha sabido alimentar la figura del rockero como esa estrella rebelde, a la que todo le importa un bledo, que sigue a rajatabla dos lemas: el de "sexo, drogas y rock &roll" y el otro, más fatalista, de "vive deprisa, muere joven". No han sido pocas las cintas biográficas que han abordado el lado oscuro de cantantes o grupos y han plasmado en la pantalla los episodios más escabrosos de sus protagonistas, sin los que, todo sea dicho, no se entendería su leyenda. El último en llegar a este particular hall of fame es Rocketman, biopic de Elton John que, según el propio artista y productor del film, no se guarda nada en el tintero. Aprovechando el estreno de la cinta dirigida por Dexter Fletcher y protagonizada por Taron Egerton, repasamos otros atípicos títulos donde destrozar la habitación del hotel es poco menos que pura rutina.

The Doors (1991), de Oliver Stone

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Quizá con la intención de hacer al espectador partícipe de la lisérgica forma de ver la vida de la mítica banda californiana, Oliver Stone convertía este biopic en un viaje (de ácido) desde los orígenes de The Doors hasta su época de mayor esplendor. Por el camino, los numerosos escándalos protagonizados por su líder, Jim Morrison, uno de esos artistas empeñados en vivir deprisa y morir joven. Stone se regodea (a ratos, incluso demasiado) en la mitología y el misticismo que siempre rodeó al cantante, siempre excesivo, enemigo de la autoridad, alcohólico y adicto a las drogas, cuya muerte sigue envuelta en un halo de misterio, en un film cargado de psicodelia e hipérbole donde Val Kilmer sella una de sus mejores interpretaciones, tanto en el apartado actoral como en el musical, de su carrera.

Sid and Nancy (1986), de Alex Cox

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Líder, junto a Johnny Rotten, de los Sex Pistols, mitos del punk y abanderados de ese nihilismo violento que cautivaba a la juventud británica de finales de los 70, Sid Vicious no podía tener un biopic convencional. Alex Cox, en la dirección, y Gary Oldman, en una interpretación prodigiosa como esta anárquica, impredecible e incuestionable bestia del rock, plasmaban en la pantalla los últimos días de Vicious en una película que muestra sin ambages la adicción de su protagonista a la heroína y se centra en la relación tóxica con su novia, Nancy Spungen, marcada por las drogas y que terminó como una tragedia shakespeariana: con ella apuñalada en un hotel y Vicious, descubierto junto al cadáver y acusado del crimen, muerto de sobredosis antes de que comenzara el juicio.

Sexo, drogas y rock & roll (2010), de Mat Whitecross

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Estrella del movimiento punk y new wave de la década de los 70, Ian Dury también era todo un icono de superación. De niño sufrió la polio, lo que le dejó serias secuelas físicas que, sin embargo, no fueron impedimento para que se convirtiera en icono de la vanguardia artística de la época y luego arrasara en la escena underground británica. Un irreconocible Andy Serkis hacía una de las mejores interpretaciones de su carrera como este artista hedonista consumido por sus adicciones. A pesar de que la vida de excesos de su protagonista, repleta de peleas y consumo de drogas, es mostrada sin tapujos, la película también apelaba a la humanidad de Dury a través de la relación con su hijo.

24 Hour Party People (2002), de Michael Winterbottom

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Más que biopic de un artista o banda en particular, Michael Winterbottom recrea la explosión creativa de la ciudad de Manchester que surgió a partir de Tony Wilson, mítico productor discográfico, y su sello Factory Records, cuna de grupos tan emblemáticos como Joy Division. Con este hombre (interpretado de manera soberbia por Steve Coogan) como guía, este clásico de culto ofrece un enérgico, fascinante e irónico relato en primera persona de la escena underground británica en la década de los 70 y 80, repleta de juergas en clubs nocturnos, drogas, peleas o sexo sin prejuicios, así como los cambios que experimentó con la transformación de Joy Division en New Order y la irrupción de Happy Mondays, precursores de la electrónica.

The Dirt (2019), de Jeff Tremaine

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Posiblemente la banda de rock más polémica de la historia, Mötley Crüe arrastra tras de sí una leyenda de excesos más larga que su discografía. Sin intención de censurarse, y dispuestos a revelar los detalles más escabrosos de sus juergas en hoteles y backstages de todo el mundo, la formación publicó unas memorias que no dejaron indiferente a nadie. El libro se convirtió en película para Netflix de la mano de Jeff Tremaine, director de una cinta irregular y poco inspirada que ensalzaba el carácter incorregible de estas estrellas del rock de melenas imposibles y entregadas al hedonismo extremo, las orgías, las noches de cocaína y alcohol o los conciertos multitudinarios.

Bohemian Rhapsody (2018), de Bryan Singer y Dexter Fletcher

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A pesar de ser uno de los fenómenos de taquilla del año y ganar 4 Oscars (aspiraba a 5), todavía hubo un buen puñado de críticos que cargaban sus tintas contra Bohemian Rhapsody por un excesivo edulcoramiento y simplificación de la figura, tan inabarcable como controvertida, de Freddie Mercury. No les faltaba razón, aunque no son pocas las escenas en las que el carácter extravagante del líder de Queen salía a la luz, con las míticas fiestas en su casa (que el mismísimo Elton John calificó de "bacanales que le dejaban exhausto") y sus escarceos con las drogas a la cabeza. Bryan Singer, primero, y Dexter Fletcher después, pecaron de puritanos a la hora de mostrar el lado más turbio de Mercury, pero ¿era realmente necesario ser más explícito?.

Amadeus (1984), de Milos Forman

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El gran Milos Forman convertía a Wolfgang Amadeus Mozart en la primera estrella de rock de la historia en esta obra maestra (8 Oscars) que revolucionó la estructura del biopic. La vida de este genio de la música clásica es contada a través de su gran rival, Antonio Salieri (bestial y maquiavélico F. Murray Abraham), académico y sobrio compositor siempre eclipsado por el talento de su libertino y despreocupado rival. Forman habla de creatividad, envidia y los peligros del éxito en una época donde todavía no existía la industria discográfica, pero en la que los artistas tocados con la varita del éxito ya protagonizaban las primeras bacanales de sexo y alcohol.

I´m not there (2007), de Todd Haynes

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"Yo sólo soy Bob Dylan cuando tengo que ser Bob Dylan. La mayor parte del tiempo quiero ser yo mismo. Bob Dylan nunca piensa sobre Bob Dylan. Yo no pienso en mí mismo como Bob Dylan", dijo el bardo en 1985. Fiel a esta afirmación, Todd Haynes abordó la vida y obra de este mito de la música desde una perspectiva revolucionaria, convirtiendo cada faceta suya en un personaje diferente interpretado por varios actores, desde Christian Bale y Heath Ledger, hasta el joven afroamericano Markus Carl Franklin, pasando por Richard Gere o Ben Whishaw. Sin embargo, es Cate Blanchett la que se lleva la palma con una caracterización donde consigue desaparecer por completo y se transforma en el Dylan de los años 60 en un segmento donde se le acusa de traicionar sus raíces contestatarias en favor de la industria. Un accidente de motocicleta pondría fin a esta esta etapa marcada por sus coqueteos con las drogas.

Casi famosos (2000), de Cameron Crowe

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En lugar de contar la historia de algunas bandas puntera de los 70, Cameron Crowe decidió contar la suya propia como colaborador de la revista Rolling Stone cuando todavía era un adolescente imberbe de California y pudo seguir y entrevistar a mitos del rock como Led Zeppelin, Bob Dylan o David Bowie. Muchas de las anécdotas que vivió se convirtieron en su mejor película hasta la fecha, Casi famosos, un largometraje que destila amor por la música por todos sus poros y mitifica aquella época de giras en furgoneta, caravana o avión; conciertos multitudinarios; sexo sin complejos y juergas regadas con alcohol y psicotrópicos de todo tipo.

The Runaways (2010), de Floria Sigismondi

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Una de las directoras de videoclips más importantes de los últimos años, Floria Sigismondi, se atrevía a llevar a la gran pantalla la vida de The Runaways, una banda que no sólo fue pionera en la escena punk californiana, sino también una de las pocas formaciones "sólo de chicas" que alcanzaron el éxito. Producida por Joan Jett (en la película Kristen Stewart) y basada en la autobiografía de Cherie Currie (interpretada por Dakota Fanning), cabría esperar que la cinta sería eludiría los capítulos más oscuros del grupo, que alcanzó sus mayores cotas en la segunda mitad de los 70. Sin embargo, Sigismonde no escatima a la hora de mostrar a sus protagonistas entregándose a los excesos en una época de revolución sexual y consumo de drogas.

Autor: Juanjo Velasco Fecha de actualización: 29/05/2019
 




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