RPM: “A la guitarra, Salvador Domínguez !!!”

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Salvador no es solamente uno de los grandes guitarristas de nuestro tiempo, es también todo un icono para los amantes del rock.

Sus dotes como guitarrista van mucho más allá y su carrera como solista o en grandes bandas se complementa con sus habilidades de producción, su enorme talento y su buen gusto a la hora de escribir sobre música en libros como

BIENVENIDO Mr ROCK

LEYENDAS DE LA GUITARRA DE BLUES

LOS HIJOS DEL ROCK

o sobre la enseñanza de la guitarra con métodos como

LA JUNGLA DE LAS SEIS CUERDAS

PSICÓPATAS DEL MASTIL VOL 1

PSICÓPATAS DEL MASTIL VOL 2 A toda Máquina

En varias ocasiones me he encontrado con guitarristas y profesionales cuyos primeros pasos los dieron con los métodos de Salvador Dominguez.

Con Salvador me une una relación de años en la que hasta en algún momentos fuimos vecinos. Él me inició y enseñó las posibilidades de la escala pentatónica y me abrió el apetito por la “Jungla de las seis cuerdas”. Aunque hace tiempo que no nos vemos, seguimos en contacto gracias a las redes y de vez en cuando a referencias que recibo de amigos comunes.

En mi paso por Warner (WEA), lanzamos en 1984 su disco con Banzai “Duro y Potente”  ,

un magnífico trabajo donde el título expresaba sin lugar a dudas el contenido del disco. Los miembros de la banda residían una mitad en Madrid y la otra en Barcelona lo que desembocó en la disolución del grupo, formando los residentes en Madrid,  Salvador y Peyronel,  el grupo Tarzen.

Pekenikes, Canarios o Miguel Ríos, son también nombres donde la guitarra de Salvador ha dejado su huella, además de temas como “Rocanrol bumerang”, “La ciudad de neón”, “Banzai” y “Reina de la noche”, estas incluidas en el doble LP Rock and Ríos, y en Rocanrol bumerang cuyas composiciones llevan su firma.



Otros artistas como ExtremoduroSeguridad SocialLa Frontera o Jaime Urrutia han gozado de su colaboración.

En solitario su discografía consta de estos títulos:

  • Banana (1978)
  • Recién pinchado (1979)
  • Sangre en la arena (1992)
  • Psicópatas urbanos (1997)
  • New Flower Power (2005)
  • Recuperemos la ilusión (2014)

Y este año, grabado entre Madrid (Masterispont Estudios) y Alicante (El Castellet Studios). Mezclado y masterizado posteriormente en los Cookham Studios del Reino Unido, por Stuart Epps (Led Zeppelin, Elton John, Twisted Sister, Bad Company, George Harrison…) Salvador recrea “Doña Francisquita”.  Todo bajo la producción de Salvador Domínguez.

Se trata de un tema instrumental formado por 3 partes unidas, en una sola canción: “FANDANGO” de la zarzuela “Doña Francisquita” (Música: Amadeo Vives.  Libreto: Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, 1922), “SEVILLE IS BURNING” (Jesús Arispont. 2022) y “DANCE OF THE KNIVES” (Salvador Domínguez.  2022).

El mismo Salvador, escribe magistralmente el porqué y el de donde de esta grabación:

La primera vez que escuché el «Fandango de Doña Francisquita» fue a bordo de un avión Lockheed L-1049 Super Constellation de Iberia, que me llevaba desde Caracas hasta Madrid. El tema, junto con otros de Albéniz, Granados y Falla, sonaba cada vez que despegábamos o aterrizábamos en San Juan de Puerto Rico, islas Bermudas, y las Azores, que eran las escalas de un vuelo de 7.000 Km -a una velocidad de 550 Km/h-, con una duración estimada de 20 horas. Naturalmente, para un crío de cuatro años, como yo, permanecer tanto tiempo inmóvil en un asiento era lo más parecido a una tortura china, aunque algo mitigada, gracias a la música que salía por la megafonía de aquel cuatrimotor con capacidad para 75 pasajeros.

Una fastidiosa alergia, que me hacía toser continuamente por las noches, motivó que mis padres buscasen un clima más propicio para mis pulmones, así que me mandaron a España, a casa de mi tío Federico y mi tía Carmela, que además de matrimonio eran primos hermanos, por lo que, en su momento, necesitaron una bula papal para poder casarse en la muy noble y católica España de la segunda década del siglo XX.

Federico Romero Sarachaga (1886-1976) era escritor, Consejero de Honor de la SGAE -que ayudó a refundar en 1932-, miembro del Instituto de Estudios Madrileños, y autor de muchas de las zarzuelas más populares y significativas de aquel siglo: «La canción del olvido» (1916) -música: José Serrano-, «Doña Francisquita» (1923) -música: Amadeo Vives-, «El caserío» (1926) música: Jesús Guridi-, «La rosa del azafrán» (1930) -música: Jacinto Guerrero-, «Luisa Fernanda» (1932) -música: Federico Moreno Torroba-, «La tabernera del puerto» (1936) -música: Pablo Solozabal- …

Esperándome en Barajas, y a pie de pista -pues aún no se había impuesto la moda de secuestrar aviones y el acceso era relativamente sencillo, no como ahora-, estaban sus dos hijas: mi tía Maruja, doctora en Pediatría, y mi tía Pilar, enfermera, quienes me llevaron a su domicilio, en la calle del Españoleto, 23, 3º Izq.

Sin darme cuenta, arribaba a un mundo desconocido para mí: la España nacional sindicalista de 1957, con las primeras emisiones de TVE y el Real Madrid C.F. paseándose triunfal por Europa.

Al poco de llegar, fuimos a un evento muy importante para la familia. Se trataba del reestreno -o reposición- de «Doña Francisquita», en el teatro de la Zarzuela, con Alfredo Kraus y Ana María Olaria, en los papeles de Fernando y Francisquita. La producción, por todo lo alto, corría a cargo del célebre José Tamayo, y el director de la orquesta era el gran músico leonés Odón Alonso padre. Poco a poco, la obra fue transcurriendo lentamente, hasta que, de repente, en el tercer acto, reconocí la melodía que me había reventado la cabeza en el avión. Se trataba, en efecto, del famoso «Fandango». ¡Vaya subidón, amigo! No me lo podía creer.

Al concluir la función, abandonamos el palco y nos dirigimos a los camerinos, para que mi tío saludara a la compañía. Yo estaba ido. Seguía con la mente puesta en aquel tema, el cual tendría ocasión de escuchar de nuevo las cinco veces que me iba a tocar cruzar el Atlántico los dos años siguientes.

No cabía duda de que los cuidados y el amor de mis tías funcionaban, pues la alergia y la tos habían desaparecido. Tampoco, sobre los efectos que la tutela de mi tío me brindaba, llevándome con él a museos y conciertos, o escuchar sus sabias enseñanzas.

Aparte de eso, y para concienciarme bien de qué iba el tinglado, solía darme dos pesetas por cada dibujo o poema que escribía. «Son tus derechos de autor», me decía… Verle trabajar en su despacho, rodeado de fotos de Vives, Serrano, Sorozábal o Guerrero, a cuyas músicas él había puesto letra, era un curso avanzado de cómo organizarse a la hora de escribir.

De este importante detalle no fui consciente hasta mucho tiempo después, cuando me tocó a mí desarrollar lo que llevaba dentro, sólo que en clave de HardRock y Blues, y no de Zarzuela, claro

Hace mucho tiempo que se desvaneció aquella hermosa fantasía, pero cada vez que necesito alimento espiritual, me acerco a Españoleto, 23, contemplo los ventanales del tercer piso y dejo volar la imaginación. Se repiten entonces aquellos vuelos Caracas-Madrid-Caracas en un Lockheed Super Constellation.

Y a propósito, Felicidades por tu cumpleaños🎸👍🎶🎸👍🎶

 

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