RPM: “Promesas Cumplidas”

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Con la música electrónica tengo una relación de amor y odio, y aunque los dos discos anteriores de Floating Points no me habían llevado al éxtasis, este “Promises” me tenía un poco en vilo, seguramente debido a las buenas críticas que he estado leyendo, así que me he decidido a meterle oido y… pues, me tiene casi abducido.

Floating Points es el concepto musical detrás del cual está el compositor, productor y DJ inglés Sam Shepherd. 

Su primera grabación “Elaenia”

Elaenia (album) - Wikipedia

data del 2015 y ya en ese momento la crítica lo valoró muchísimo y le sirvió para girar por todos los festivales del mundo.

En el 2019 con el álbum “Crush”

 

puso en evidencia sus dotes para manejar estructuras clásicas y combinarlas con su maestría en los sintetizadores.

Pero ha llegado el 2021 y el 26 de Marzo ha sacado “Promises”,

desde mi punto de vista un disco revolucionario que si te pilla en un buen momento y aunque no te entre a la primera (depende mucho de lo que hayas estado escuchando hasta entonces), no vas a parar de empapártelo una y otra vez.

“Promises” son 9 movimientos  y 46 minutos de hipnosis musical compuestos por Sam Shepherd 

para el ex-componente del grupo de John Coltrane y gran saxsofonista de 81 años Pharoah Sanders,

para la London Symphony Orchestra

 y por supuesto para los teclados y toda la electrónica de Floating Points.

No es nada fácil que un disco de colaboraciones tan dispersas como las que se dan en “Promises” funcione tan bien como en este caso. Poner en el mismo barco a Floating Points, Pharoah Sanders y la London Symphony Orchestra es esperar que el proyecto acabe a la deriva y no que el resultado sea algo tan verdaderamente excepcional. Parece ser que la idea vino de la mano de David ByrneDavid Byrne - Wikipedia, la enciclopedia libre  gran admirador del trabajo de Shepherd, líder de los Talking Heads y propietario del sello discográfico Luaka Bop Luaka Bop en Discogs

El comienzo del disco ya es intrigante desde sus primeros sonidos y los sintetizadores de Sam Shepherd se muestran muy generosos dejando protagonismo al saxofón embriagador de Pharoah Sanders. Pero hay que dejar que el tiempo avance para que los instrumentos de cuerda aparezcan, ocupen y desplieguen el alma y el gusto de las musas, la tensión y el escalofrío de una tormenta perfecta cuya sinfonía es a veces tan compacta que puede cortarse con los armónicos soplidos del saxo tenor de Sanders, o puede escaparse como el humo convertido en una bocanada eléctrica impulsada por el teclado del compositor de la obra.

Por otro lado la London Symphony Orchestra va transportándote como cuando te asomas por la ventanilla de un avión y entras y sales de las nubes, ves el sol y vuelve la niebla. Así hasta el final del noveno movimiento donde parece que regresas al punto de partida del comienzo del disco, pero en ese momento puedes sentir las huellas de serenidad e inquietud que te han provocado esos 46 minutos de promesas cumplidas.

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