El País
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Artículo: Un remake capaz de reinventarse

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha: 12/08/2011

El japonés Takashi Miike reinventa un clásico del cine de samuráis sesentero de Eichi Kudo.

13 asesinos
  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 12/08/2011
  • Director: Takashi Miike
  • Actores: Kôji Yakusho (Shinzaemon), Takayuki Yamada (Shinrouko), Yûsuke Iseya (Koyata), Gorô Inagaki (Lord Naritsugu Matsudaira), Masachika Ichimura (Hanbei Kitou), Mikijiro Hira (Sir Doi), Hiroki Matsukata (Kuranaga), Ikki Sawamura (Mitsuhashi)
  • Nacionalidad y año de producción: Reino Unido, Japón, 2010
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Siete eran los samuráis de Kurosawa, trece los de Takashi Miike. Trece como trece eran los de Eichi Kudo, autor del 13 asesinos original, estrenada allá por 1963 y engullida en pocos años, pese a sus incontestables méritos, en el olvido. Chambara (película de samuráis) de perfil bajo y serie B, reconvertida con los años en cinta de culto en oriente y occidente, la película de Kudo resucita ahora en manos del 'enfant terrible' del cine nipón, el más carismático, con permiso de Kitano, de entre todos los cineastas en activo en el país del sol naciente. La recesión golpea duro también en el mercado de la distribución, tanto que 13 asesinos es sólo la segunda película japonesa estrenada en nuestras salas en 2011 (la otra fue Tokyo Blues). Pero la espera ha valido la pena.

Con guiño al aliento épico de las epopeyas samuráis de Kurosawa, Miike se despacha a gusto en la primera de dos incursiones consecutivas en el género (acaba de estrenar en Japón el remake en 3D de la inolvidable Harakiri, de Masaki Kobayashi) con una orgía de sangre a la altura de las expectativas. La culpa la tiene Shinzaemon Shimada -encarnado por Koji Yakusho (Babel), uno de los grandes del cine japonés-, un samurái de impecable reputación reclutado por un señor feudal harto, como otros muchos, de los excesos intolerables del señor Naritsugu, hermano del shogun, que abusa de su posición para cometer toda clase de tropelías. Quitarlo de enmedio exige perpetrar un crimen en la sombra.

Para ejecutar el peliagudo encargo, Shinzaemon recurre a los servicios de doce samuráis y ronin de distinto rango y posición, que tenden una emboscada al tirano en una remota aldea por la que transita Naritsugu con su séquito, formado por centenas de hombres. Así, en las calles del pueblo se librará una cruenta y desigual batalla en la que el destino de Japón dependerá del arrojo de trece valientes enfrentados a una fuerza más de diez veces superior. Una espectacular carnicería que, naturalmente, constituye uno de los alicientes esenciales de una película que presume de contener una de las batallas más largas de la historia del cine.

Y todo a pelo, con arreglos digitales muy puntuales, en una cinta que recupera las esencias del cine de samuráis de toda la vida. 13 asesinos enfatiza la decadencia de una casta guerrera movida por un demencial y patológico sentido de la lealtad y el honor (Miike emula así la apocalíptica crisis de valores samuráis de los manga del maestro Hiroshi Hirata) en un 'jidaigeki' (película nipona de época) como los de antes, matizado por un aliento crepuscular y desmitificador que causó furor en la taquilla japonesa el pasado año.

Yakuzas, samuráis y ‘blockbusters’

Oriundo de una localidad del extrarradio de Osaka, Takashi Miike tuvo un maestro de excepción en la Academia de Artes Visuales de Yokohama, Shohei Imamura. Una vez graduado dirigió una ingente cantidad de telefilmes y videofilmes antes de dar el salto a la pantalla grande a mediados de los 90. Su primera película de enjundia fue Shinjuku Triad Society, estrenada en Japón en 1995. Película a película Miike cuajó como uno de los cineatas más populares de Japón y también uno de los más versátiles e inclasificables.

La culpa la tuvieron, sobre todo, Audition y Dead or Alive, ambas de 1999, con las que Miike se ganó finalmente la atención del público y la crítica internacional. Ichi the Killer terminó por consagrarlo como director de culto. Rarezas como La felicidad de los Katakuris y Sukiyaki Western Django, o 'blockbusters' del calibre de Llamada perdida han alimentado su imagen de cineasta todoterreno.

Y además

Samurais siglo XXI

GOHATTO (1999)

La última película, hasta la fecha, del maestro Nagisa Oshima, escarbaba en el reverso de la ética samurái con Ryuhei Matsuda en la piel de un recluta andrógino, aspirante a ingresar en una de las milicias de Kyoto mientras levantaba pasiones y recelos entre sus compañeros de academia. Takeshi Kitano añadía lustre al reparto.

EL OCASO DEL SAMURAI (2002)

Primera entrega de la trilogía samurái de Yoji Yamada (luego llegaron Hidden Blade y Love and Honor), candidata al Oscar como mejor películas extranjera. Deslucía el mito samurái explorando la rutina nada marcial del estamento en el período Tokugawa, después de las guerras civiles. Hiroyuki Sanada encarnaba a un samurái nada admirable.

ZATOICHI (2003)

Hasta 26 películas protagonizó entre 1962 y 1989 este indómito samurái ciego, uno de los iconos cinematográficos más porolíficos de Japón. En 2003 Takeshi Kitano resucitó al personaje, paladín de los deheredados, dotandolo de un finísimo sentido del humor. La cinta mereció el León de Plata en Venecia.

HANA (2006)

Otro de los grandes del cine nipón, Hirokazu Koreeda (Nadie sabe) proyectó su particular mirada al universo del chambara con otra incursión crepuscular en el género. Hana narraba las andanzas de un samurai nada diestro con la katana que busca al asesino de su padre mientas se cuestiona el sentido mismo de la venganza.

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