El País
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Crítica: Yo, yo mismo y Nick Cave.

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
20.000 días en la Tierra

Lo mejor:
El trabajo de fotografía y montaje.

Lo peor:
Se aburrirá quien espere ver a Nick Cave haciendo de NICK CAVE.



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  • Género: Documental
  • Fecha de estreno: 07/11/2014
  • Director: Iain Forsyth, Jane Pollard
  • Actores: Nick Cave (Nick Cave), Susie Bick (Susie Bick), Warren Ellis (Warren Ellis), Darian Leader (Darian Leader), Ray Winstone (Ray Winstone), Blixa Bargeld (Blixa Bargeld), Kylie Minogue (Kylie Minogue), Arthur Cave (Arthur Cave), Earl Cave (Earl Cave)
  • Nacionalidad y año de producción: Reino Unido, 2014
  • Calificación: Pendiente por calificar

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20.000 días en la Tierra es una de las películas sobre músicos -género, no por casualidad, de presencia regular en la cartelera-, más descaradamente narcisistas que se han estrenado en los últimos años. Y, por eso mismo, por no andarse con disimulos argumentales ni engañar al espectador sobre su condición, se trata también de una de las más estimables.

 Si hay aficionados autocomplacientes a una expresión cultural son los connoisseurs de la música pop y, en especial, quienes encumbran para encumbrarse a sí mismos a iconos que han sabido hacer de sus obras y sus existencias leyendas románticas del anticonformismo y el tormento interior. Aunque muchos no soporten un escrutinio cercano, y otros hayan generado una legión de fans debido, que diría Woody Allen, a un trágico malentendido en torno a sus composiciones; que, de ser realmente comprendidas, no les granjearían tanto "admiradores incondicionales" como el ser quemados vivos en las salas de conciertos.

Daniel Johnston, Leonard Cohen, Tom Waits, Brian Wilson, Bob Dylan, Morrissey, Neil Young, Van Morrison o Keith Richards se cuentan entre los elegidos para la gloria, para la práctica de la hagiografía camuflada bajo los ropajes del reportaje, la semblanza, la entrevista o el documental sobre ellos. Y el músico y escritor australiano Nick Cave (1957), protagonista absoluto de 20.000 días en la Tierra, es otro ejemplo paradigmático de macho alfa taciturno, hondamente sensible bajo su fachada de lobo solitario que fuma y escupe hebras de tabaco a los ojos dilatados por el éxtasis de sus fieles.

 Pero, aparte de que, en tanto artista multifacético, es un tipo más que recomendable, Cave demuestra en 20.000 días en la Tierra ser muy consciente de todos los aspectos reseñados, y no le tiembla el pulso a la hora de ponerlos en cuestión; de preguntarse con valor por el sentido, bajo las apariencias del éxito y la veneración ajena, de seguir creando cuando se han cumplido ya sobre nuestro planeta esos veinte mil días de vida, casi cincuenta y cinco años, a que se refiere el título de la película.

 En un momento temprano del metraje, Cave desvela en voz alta que, si hay algo que le preocupa, es "no ser capaz de continuar haciendo lo que hago, no conquistar un lugar en el que pueda sentirme realizado". Y, con esa confesión, desequilibra la balanza de la película hacia el lado que no suele mostrarse, el de la relación de la vida del músico y su obra con la del ser humano que transita lo cotidiano, desechando todo lo que tenga que ver con la construcción fabulosa, agradecida, rica en anécdotas necias, de la estrella del rock. En tal aspecto, puede que nos hallemos ante la apuesta de este tipo vista en salas comerciales españolas más lograda desde Control (2007).

 Sin embargo, los directores de 20.000 días en la Tierra, los artistas visuales Jane Pollard e Iain Forsyth, no se conforman, como el Anton Corbijn que realizase el film sobre el líder de Joy Division, con brindarnos un relato estrictamente fílmico de tintes biográfico e intimista sobre su protagonista. Trasladan con éxito a la imagen cinematográfica la filosofía de una instalación multimedia sobre Nick Cave, que fuésemos recorriendo con las introspecciones líricas del propio músico como guía. Asistimos, así, a las idas y venidas de Cave durante la grabación en estudio de Push the Sky Away, décimo quinto disco de su banda actual, Nick Cave and the Bad Seeds, en un registro que acierta a armonizar lo testimonial, la ficción, lo representado, lo expositivo, el breviario de recuerdos y paso voraz del tiempo.

 Hasta que, como pone de manifiesto la inevitable escena última de concierto, caracterizada en esta ocasión, no por el espectáculo, sino por un embrujo casi abisal, la pantalla logra materializar ese "lugar deslumbrante donde se cruzan lo imaginado y lo real, donde confluyen todo el amor y todas las lágrimas y toda la alegría", que Cave ambiciona conjurar con su música, y que 20.000 días en la Tierra logra conjurar como experiencia audiovisual.

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