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Crítica: Chema de la Peña revive el golpe de estado con todo lujo de detalles y con tanto rigor como falta de nervio y de profundidad dramática

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
23-F

Lo mejor:
El acabado de la producción es más que digno

Lo peor:
Que De la Peña se limite, casi, a dar cancha a lo que ya sabemos e incluso hemos visto

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 23/02/2011
  • Director: Chema de La Peña
  • Actores: Ginés García Millán (Adolfo Suárez), Paco Tous (Antonio Tejero), Fernando Cayo (rey Don Juan Carlos I), Juan Diego (general Armada), Mariano Venancio (Sabino Fernández Campo), Jordi Bosch (Camilo Menéndez), Joan Pera (Santiago Carrillo), Gonzalo Uriarte (Gutiérrez Mellado)
  • Nacionalidad y año de producción: España, 2010
  • Calificación: Todos los públicos

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Con el antecedente de la impresentable GAL aún fresco en el recuerdo uno se aproxima a 23-F con naturales reservas; no estamos muy duchos por estos pagos en rendir tributo cinematográfico a nuestra historia reciente, y cuando nos venimos arriba para hacerlo tendemos a mirarnos en mala hora en el espejo de la pantalla pequeña. 23-F no es GAL; su equidistancia, la entidad de algunas de sus interpretaciones y la dignidad periodística y artesanal del producto están en otra onda; y sin embargo Chema de la Peña no sabe o no quiere saber eludir el horizonte monodimensional de la ficción catódica. He aquí el clásico ejemplo de ficción histórica estrenado en cine a regañadientes; 23-F está más cerca, para entendernos, de miniseries recientes sobre la monarquía y la Transición producidas por la televisión privada, que de una película con identidad fílmica nítida y preclara.

En torno a una exhaustiva crónica de sucesos De la Peña refotografía la versión oficial, la imagen pública del golpe de estado ofuscándose en un esmerado trabajo de recreación milimétrica en el que tienen más importancia los razonables parecidos de los actores en la piel de nombres propios de sobra conocidos que la propia profundidad caracterial que, presuntamente, debería latir detrás del icono. El problema es ése, que la cinta se queda ensimismada en el icono, inmortalizando esa España post blanco y negro de escalofríos post totalitarios emulando la mediática realidad con pelos y señales.

El invento tiene su aquel, admitámoslo, pero el espesor dramático de la película es escaso; faltan conversaciones clandestinas, cuchicheos entre los bancos del congreso, historias íntimas, especulaciones legítimas; desfilan nombres pero rara vez seres de carne y hueso; De la Peña se olvida de lo esencial, alimentar el drama, cebar la ficción más allá de los márgenes del documental remozado. 23-F es una ficción demasiado estrecha; redibuja las imágenes que todos conocemos, y no indaga en la trastienda, no escarba en las motivaciones de los unos o de los otros.

El resultado es tan pulcro y aseado, tan admisiblemente riguroso y digno como hueco por dentro, hueco de nervio y tensión al rojo. Hay más suspense en muchos de los incontables documentales producidos en los últimos años para la pequeña pantalla sobre el hecho, y eso pone en evidencia un defecto de enfoque

Paco Tous, Juan Diego, Ginés García Millán y demás casi todos están en su sitio, predispuestos a dotar de humanidad a sus respectivos personajes; pero hay poca chicha que agarrar, y más allá del perfil psicopático del triste protagonista de la algarada, se escucha el eco de una dramaturgia incompleta, de una película incapaz de trascender el umbral de una impostada objetividad cronística tan simpática como estéril.

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