El País

Crítica: ¡Esto es Atenas!

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
300: El origen de un imperio

Lo mejor:
Una vez más la propuesta visual es insuperable

Lo peor:
Un planteamiento demasiado conservador

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 07/03/2014
  • Director: Noam Murro
  • Actores: Sullivan Stapleton (Themistocles), Lena Headey (Reina Gorgo), Rodrigo Santoro (Jerjes), Eva Green (Artemisia), Sullivan Stapleton (Themistocles), Scott Burns (guerrero espartano), David Wenham (Dilios), Jack O´Connell (Calisto), Callan Mulvey (Scyllias), Hans Matheson (Aesyklos), Andrew Tiernan (Ephialtes), Nancy McCrumb (mujer ateniense)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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No es culpa de Zack Snyder ni de Frank Miller, pero lo cierto es que, casi una década después, la fórmula 300 ya está completamente exhausta. Hablamos de una de las películas más icónicas de la primera década del siglo en curso. Para lo bueno, y sobre todo para lo malo, es cine de ese que crea escuela, que marca tendencia. Imitada hasta la saciedad, víctima y objeto de réplicas cinematográficas y televisivas de calidad cuestionable, la cinta que elevó a Snyder a los altares patentó un nuevo modelo de épica pseudohistórica, definido por un esteticismo chillón, muy de viñeta, que han clonado sin disimulo películas como Inmortals, Hércules: El origen de la leyenda, la saga Furia de titanes o la serie de televisión Espartaco.

En resumidas cuentas, el toque Frank Miller está ya gastado por exceso de uso. Y sin embargo 300: El origen de un imperio tiene una ventaja muy notable con respecto a la película original: el cómic es la coartada de la película, y no a la inversa. 300 alargaba las páginas de la novela gráfica con incontables minutos de relleno; era puro músculo, el guion brillaba por su ausencia, la construcción narrativa era, más allá de las revolucionarias coreografías cuerpo a cuerpo, exigua en el mejor de los casos. Snyder se obcecaba por vender inquebrantable lealtad a las páginas del cómic, y su película carecía por completo de personalidad fílmica como tal. Era, en el mejor de los casos, un brillante ejercicio de mestizaje entre el lenguaje visual de la viñeta y el del cine. La secuela, por fortuna, va un paso más allá.

Miller ha cocinado el libro como un storyboard muy vistoso de una película. Esta vez el cómic sirve a los intereses de la película y no a la inversa. No nos engañemos, las coordenadas son las mismas: épica de torso desnudo, testículos y coágulos digitales manchándolo todo, pero esta película al menos tiene un contexto, al menos un planteamiento, un nudo y un desenlace. Todo un progreso, la epopeya ya no bebe exclusivamente de los gritos y la testosterona. En 300: El origen de un imperio hay algo más, no mucho, pero a juicio del que esto escribe es un paso adelante.

Reventado el efecto sorpresa, el deslumbrante impacto visual de esa colorida Grecia de pantalla verde, Noam Munro se revela mejor narrador que Snyder (que no es tan difícil) facilitando un cuadro general de fondo, del todo ausente en el primer episodio, que da fuste a las ínfulas épicas del show visual. La secuela, además, tiene algo que no tenía el primer "300": Eva Green llena la pantalla cada vez que la cámara la busca, componiendo una con carisma que ejerce de sólido antagonista desplazando al gigantón Jerjes (un personaje sin historia) a un discreto segundo plano, y la película lo agradece.

La secuela es una suerte de 300 mejorada. Es más de lo mismo: cambien espartanos cachas de a pie aguantando embestidas de una horda de persas por atenienses de agua resistiendo las sucesivas dentelladas de la ingente flota del rey Jerjes. Esta vez, no obstante, tienes la sensación de que hay un guion (exiguo, pero guion al fin y al cabo) detrás de la pantalla verde. El ballet hoplítico no se resiente en absoluto; Munro torea con el 3D con mucho oficio, y las secuencias de acción (casi todas) de su película, igualan o superan a las de la película de Snyder. La saga gana con el cambio de director, con el fichaje de una actriz de enorme presencia escénica y talento, y de la finalidad genuinamente cinematográfica de la empresa. Quizá seamos demasiado benévolos, pero al lado de otros neopeplums griegos de nueva generación, 300: El origen de un imperio es una cinta de acción (completamente ahistórica) bastante estimable.

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