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Crítica: Timur Bekmambetov y Tim Burton unen fuerzas para fabricar un mito de muy escaso interés más allá de los primeros treinta minutos

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Abraham Lincoln: Cazador de vampiros

Lo mejor:
Una fotografía envolvente

Lo peor:
Un libreto abonado al delirio y al exceso

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 31/08/2012
  • Director: Timur Bekmambetov
  • Actores: Benjamin Walker (Abraham Lincoln), Dominic Cooper (Henry Sturges), Anthony Mackie (Will Johnson), Mary Elizabeth Winstead (Mary Todd Lincoln), Rufus Sewell (Adam), Marton Csokas (Jack Barts), Jimmi Simpson (Joshua Speed), Joseph Mawle (Thomas Lincoln), Robin McLeavy (Nancy Lincoln), Erin Wasson (Vadoma), John Rothman (Jefferson Davis), Cameron M. Brown (Willie Lincoln)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2012
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Producida por Tim Burton, probablemente por aquello de cargarle el marrón de dirigir la orquesta a otro sin exponerse tanto, Abraham Lincon: Cazador de vampiros tiene el nada desdeñable mérito de, a rebufo de la obra de Seth Grahame, fabricar un mito ex novo, una leyenda urbana y una cara B de la historia con notables dosis de ingenio e imaginación. Hasta ahí las virtudes. Timur Bekmambetov es poco amigo de la mesura y la contención, y ese apabullante histrionismo formal y conceptual a veces cuaja en algo coherente, en una película con razón de ser. El director kazajo echó el resto con la anfetaminada Wanted, una película de acción acrobática estimable y de rítmica irresistible.

En Abraham Lincoln: Cazador de vampiros no hay tanta suerte. Burton no está y no se le espera, y Bekmambetov está más histriónico y desmadrado que nunca. Concebida como una suerte de fábula para amantes de lo oscuro de la esclavitud y la segregación racial en el primitivo Estados Unidos, lo nuevo del director de Guardianes del día es un chute de adrenalina desmesurado y sin sentido.

Para empezar la fábula se sostiene en pie durante media hora, con una premisa provocadora que se diluye en el fondo digital de la pantalla verde a las primeras de cambio. Las mejores bazas, o por mejor decir, las únicas, de esta singular película de vampiros, se exprimen en el primer tercio. Desde entonces se abona al delirio y a un rococó visual que no acierta, naturalmente, a maquillar las abultadas carencias de un guion que se ahoga de puro efectista.

Ni Lincoln ni nadie; los personajes no tienen un gramo de carisma, y los actores que los encarnan carecen del oficio necesario para dar vida y movimiento a personajes que no tienen ni de lo uno ni de lo otro. Bekmambetov se queda absorto en el bizarrismo y el abalorio, trabajándose mucho la apariencia visual de la cinta pero olvidando por completo el esqueleto. Abraham Lincoln: Cazador de vampiros es cine hueco, sin entrañas; una película cuya chispa sencillamente no hace fuego, y que a la larga trasciende como una sensacional nadería con ínfulas de película de culto que nunca será

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