Crítica: Agentes dormidos

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
American Ultra

Lo mejor:
Los actores y el montaje

Lo peor:
La sensación evidente de hallarnos ante un producto indie de laboratorio

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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 11/09/2015
  • Director: Nima Nourizadeh
  • Actores: Jesse Eisenberg (Mike Howell), Kristen Stewart (Phoebe), Walton Goggins (Laugher), Topher Grace (Adrian Yates), Connie Britton (Victoria Lasseter), John Leguizamo (Rose), Bill Pullman (Raymond Krueger), Tony Hale (Agente Petey Douglas), Michael Papajohn (Otis), Teri Wyble (Tech), Monique Ganderton (Crane)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Podría establecerse un paralelismo malvado, pero de lo más pertinente, entre la condición real del protagonista de American Ultra, Mike Howell ( Jesse Eisenberg), un joven adicto a la marihuana e incapaz de abandonar la pequeña localidad donde ha vivido siempre que se desvela un agente dormido perteneciente a un programa secreto de la CIA, y la naturaleza de la película que nos ocupa y su público potencial; en apariencia alternativos, pero en esencia absolutamente conformistas.

 Y es que American Ultra es un preparado de laboratorio que, para su desgracia, ostenta de manera demasiado visible los elementos que se han usado en su formulación. Una producción norteamericana independiente, sí, pero cuyas hechuras e intenciones no tienen nada de extraño, de perturbador, sino de cálculo casi en exclusiva pragmático: desde la elección del director, Nima Nourizadeh -que también lo fuese de la ¿gamberra? Project X (2012)-, y de la pareja protagonista, Eisenberg y Kristen Stewart, que ya habían manifestado tener buena química juntos en Adventureland (2009), de la que American Ultra podría haber constituido una secuela esquinada; a los continuos guiños argumentales y visuales a un tipo de audiencia buscada a golpe de informe demográfico, que se cree al margen del sistema porque consume con colegas emporrados y alcoholizados títulos coetáneos como Superfumados (2008) y Scott Pilgrim contra el mundo (2010), o los que le recuerdan aquellos gestados durante su infancia y verdadera juventud, los años 80 - American Ultra presenta similitudes varias con las recientes y asimismo referenciales Casi humanos (2013) y The Guest (2014)-; pasando por la soterrada pretensión última de la película, que no es otra que inaugurar una franquicia a la moda sobre espías con poderes casi superheroicos, bien que adaptándose a una parroquia adoctrinada por una cultura indie como la que representan inmejorablemente los cómics que dibuja Mike antes de descubrir y descubrirse que es una máquina de matar, y que pretende acabar con él un ambicioso cargo de la CIA deseoso de eliminar toda pista de pasadas operaciones fallidas de la agencia.

 En este aspecto, no pueden darse de lado las aristas críticas perceptibles en la historia escrita por Max Landis -guionista previo de la desapacible Chronicle (2012)-, que atañen a una generación absorta en los paraísos artificiales que le procuran la glucosa, los alucinógenos y la cultura popular, y que, tanto da si están dormidos o despiertos, si son conscientes o no de que todo en ellos es programación, no dejan de abrazar con entusiasmo lo establecido. También son de destacar ese retrato de la CIA como un grupo de niños perdidos y madres al rescate, o ese desenlace en un comercio que nos remite a The Equalizer (2014) y nos deja bien claro que el campo de batalla en el que está atrapada hoy por hoy la sociedad estadounidense no es otro que el doméstico. Pero ni eso, ni el magnífico montaje a cargo de los veteranos Andrew Marcus y Bill Pankow -que otorga una gran solidez no solo a las escenas de acción, también a otras íntimas tan delicadas como el regreso a su hogar de Mike y Phoebe (Stewart) tras un viaje frustrado a Hawái-, pueden soslayar que American Ultra es una película complaciente, gélida, falta de personalidad. Irritante incluso, cuando se empeña en forzar la conexión emocional con el espectador abusando de una nota sobre cualquier otra: el romanticismo a la vez extremo y cotidiano que caracteriza la relación entre Phoebe y Mike, plagado de tics que encantarán a los usuarios de Tumblr, y que solo llega a funcionar en ocasiones contadas, gracias sobre todo a la sintonía entre los intérpretes de ambos personajes.

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