Crítica: Joe Wright capta brillantemente el espíritu de la novela de Tolstoi, pero no su alma con una adaptación sólida pero no memorable

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Anna Karenina (2012)

Lo mejor:
Una atrevida y sugerente puesta en escena

Lo peor:
Keira Knightley

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 15/03/2013
  • Director: Joe Wright
  • Actores: Keira Knightley (Anna Karenina), Jude Law (Karenin), Guro Nagelhus Schia (Annushka), Kelly Macdonald (Dolly), Theo Morrissey (Grisha Oblonsky), Cecily Morrissey (Lili Oblonsky), Freya Galpin (Masha Oblonsky), Octavia Morrissey (Tanya Oblonsky), Olivia Williams (condesa Vronsky)
  • Nacionalidad y año de producción: Reino Unido, 2012
  • Calificación: Todos los públicos

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Consciente de que pretender una adaptación literal del novelón de Tolstoi es un suicidio, Joe Wright y Tom Stoppard, su guionista, optaron por podar el árbol y trabajar solo sobre la polisemia amorosa que maneja el libro. El Anna Karenina (2012) de Joe Wright es una película sobre el amor en todas sus formas, en todas sus variedades. Se prescinde así de todo aquello, trama o subtrama, que no sirva a este fin, apostando por una suntuosa y virtuosa puesta en escena, con la falacia de las apariencias, metaforizada a través de un escenario teatral en el que se mueven las pasiones de esos aristócratas hipócritas y afrancesados de la Rusia de la segunda mitad del XIX, como sujetos de una farsa, de una gran mentira escénica.

Wright huye así de los incómodos corsés del cine de época, de una estéril relectura de un texto hiperadaptado que, ciento y pico años de cine después aún ser resiste a regalar una adaptación más o menos redonda. La de Wright es clásica y moderna a un tiempo, pero a la vez es víctima de una paradoja trascendental. Wright se ha centrado en al amor y en el deseo como motor de la tragedia tolstoiana y si de algo peca precisamente su versión es de fría, de hermética y distante.

Como casi todas las películas contemporáneas de época, Anna Karenina (2012) se centra demasiado en el cómo descuidando el qué. Falta nervio, pasión, falta intensidad emocional en esta correctísima aproximación a las mezquindades de la alta sociedad zarista. Todo es impecable a ojos vista; Wright es un formidable compositor de imágenes, un realizador barroco, en ocasiones, pero dotado de un genio visual y narrativo incontestable. Anna Karenina (2012) es buena prueba de ello. Sus imágenes no te traspasan, no te implican ni te arrastran, y eso a pesar de la atrevida escenografía, del sugerente envoltorio teatral bajo el cual se presenta, de la impecable descripción de personajes que propone el guion de Stoppard, brillante dada la magnitud del inabarcable desafío.

Anna Karenina (2012) acierta a transmitir el espíritu de la novela de Tolstoi, pero no su alma. Wright está sobrio pero sentimentalmente rácano. Demasiado abalorio y poca sustancia aunque, todo hay que decirlo, la sustancia es la de una película seria y eficiente. Su adaptación del texto de Tostoi es estimable, pero falta empaque vital y pasional para ser notable. No ayudan nada los mohínes de la gesticulante Keira Knightley, un lastre muy fotogénico para una película que necesita una actriz y no una percha atractiva para suntuosos trajes de época.

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