El País
Imprimir

Crítica: Los discípulos del carnero.

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Annabelle

Lo mejor:
Esta es una de esas películas cuyo equilibrio entre lo que se propone y lo que consigue es perfecto.

Lo peor:
El personaje interpretado por Alfre Woodard, muy forzado, y que algunos aprovechen la modestia asumida de la propuesta para cebarse con ella.

Valoración GDO


Valoración usuarios
  • Actualmente 3.5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
3.6
32 votos

Gracias por tu valoración!

Ya has valorado esta página, sólo la puedes valorar una vez!

Tu valoración ha cambiado, gracias por contribuir!

  • Género: Terror
  • Fecha de estreno: 10/10/2014
  • Director: John R. Leonetti
  • Actores: Annabelle Wallis (Mia), Eric Ladin (Detective Clarkin), Tony Amendola (padre Perez), Michelle Romano (Mary), Gabriel Bateman (Robert), Brian Howe (Pete Higgins), Paige Diaz (Candy la striper), Shiloh Nelson (Nancy), Morganna May (Debbie)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

+ info

Al salir del pase madrileño para los medios de Annabelle, más de uno y dos críticos manifestaban irónicamente que la película no estaría mal si no fuese por todos los títulos previos que plagia. Argumento carente de sentido. Quejarse de que Annabelle sea deudora de clásicos del terror como La semilla del diablo (1968), La profecía (1976) y Terror en Amityville (1979), sobre todo cuando lo subraya en cada plano, es tan absurdo como si alguien considerase poco original que la película esté rodada en color. Desde hace décadas, guste o no, el fantástico vive de la referencia. Es algo consustancial al género tal y como se concibe hoy. Hasta el punto de que ni siquiera se trata ya de hacer guiños postmodernos a films previos, de dialogar con ellos; sino de reciclar creativamente sus imaginarios de cara a un escenario audiovisual como el contemporáneo; este sí, absolutamente inédito.

El cine hoy no lo componen películas, sino imágenes. Imágenes que ya no cabe adscribir a la memoria o clasificaciones taxonómicas, puesto que están en todas partes y al mismo tiempo en continuas mutación, sinergias, evolución, hasta haber barrido con cualesquiera ideas trasnochadas en torno a la Historia o las formas de producción y exhibición. Cualquier propuesta que acierte a reinventar esas imágenes para que sean pertinentes en el ahora, puede tacharse de nueva, vigorizante, perfectamente válida. Así cabe interpretarlo en el caso de Annabelle. Más aun cuando, para colmo, es una mezcla de precuela y derivado de un éxito reciente como Expediente Warren: The Conjuring (2013), revisión a su vez de los miedos reales y fabulados de los años setenta pero, sobre todo, revisión del efecto de esos miedos en las impresionables mentes infantiles de quienes después han sido cineastas.

En este sentido, con su mezcla de mera ficción, leyendas urbanas y hechos reales, y su obsesión por recorrer los escenarios literales y metafóricos de los terrores que amenazaron hace cuatro décadas el orden de lo doméstico, Expediente Warren bien podía considerarse una atracción de parque temático, un viaje lúdico por las fantasías inducidas de la juventud. Y lo mismo cabe decir de Annabelle, que, a partir de un prólogo que es el de Expediente Warren, y la excusa narrativa de una muñeca regalada a una joven embarazada por su marido, desarrolla hora y media de sobresaltos y amenazas en la sombra con trasfondo satánico, que articulan de manera ejemplar, siempre que el espectador asuma la propuesta en lo que es, sus argumentos e imágenes.

En el primer aspecto, el retrato de la maternidad como estado capaz de arrebatar el alma a generaciones de mujeres; de la pareja en momentos de crisis íntima como Otro extraño y hasta enemigo; de la negación cobarde de cuanto nos rodea como actitud infalible para que el mal se nos cuele bajo nuestra misma cama; o de cultos capaces de desestabilizar lo establecido, es sumamente atractivo, y su pertinencia tiene menos que ver con ecos de películas añosas que con nuestro panorama sociocultural actual.

Y, en el segundo, el realizador John R. Leonetti -director de fotografía habitual de James Wan, artífice precisamente de Expediente Warren- sabe sacar partido del escaso presupuesto, la imagen digital, unos efectos especiales mínimos, y la ubicación mayoritaria de la acción en dos interiores, para mantener nuestra atención en todo momento y hasta para sacar adelante una escena antológica que tiene lugar en un sótano y un ascensor. Más que suficiente, en definitiva, para recomendar una película que no da ni un paso más allá de lo que podía esperarse de ella, pero que no constituye tampoco una de las infinitas decepciones con que nos topamos en la cartelera un viernes tras otro.

Ir a la película >





Servicios


Recibe semanalmente los mejores
planes y premios del Club. ¡Suscríbete!




Blogs


Podcast de cine: BUTACA VIP