El País
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Crítica: Aquellos maravillosos años

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
¡Ave, César!

Lo mejor:
Las memorables parodias de secuencias de películas de entonces

Lo peor:
La dramaturgia tiene poco fuste

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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 19/02/2016
  • Director: Ethan Coen, Joel Coen
  • Actores: George Clooney (Baird Whitlock), Tilda Swinton (Hedda Hopper), Channing Tatum (Burt), Scarlett Johansson, Ralph Fiennes (Laurence Lorenz), Jonah Hill (Joseph Silverman), Josh Brolin (Eddie Mannix)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2016
  • Calificación: Todos los públicos

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Estrellas vanidosas con séquito de sirvientes, faraónicos decorado de cartón-piedra y paisajes de acuarela, productores de los de puro en boca fabricando coartadas para maquillar las juergas adúlteras de alguno de sus actores de cabecera... Así era el Hollywood de los 40, el trajín diario de los grandes estudios gobernados por productores multiusos de la talla de Zanuck, O’Selznick, o del Eddie Mannix de los Coen (soberbio Josh Brolin), un personaje síntesis de toda una época a través del cual los hermanos diseccionan, en clave de mitómana parodia los usos y costumbres de aquel período bisagra que fueron los primeros 50, cuando el modelo de negocio se asomaba al abismo ante el empuje de la caja tonta y los fantasmas de la Guerra Fría y el Macarthismo.

¡Ave, César! juega en el filón de la nostalgia, y de hecho es muy probable que el espectador profano, no avezado en los usos y costumbres o en las claves industriales y de género del cine de los años dorados, se pierda buena parte de la miga; pero también hay un ramalazo, hablamos de los Coen, de despiadado escarnio en clave bufonesca de los usos y costumbres de aquel gigantesco fabricante de ilusiones enlatadas que era el cine de entonces, con sus contradicciones artísticas y políticas y unas dosis, claro, de frivolidad desarmantes. Todo ese maravilloso mundo desvanecido que fue el Hollywood aquel resucita aquí en una tronchante sátira-homenaje, que toca casi todos los palos, desde los caducos, y entrañables, resortes de producción, pasando por el hábitat del actor-objeto o la paranoia roja.

Para ello los Coen caricaturizan despachos y platós, parodiando musicales, los peplums bíblicos, por supuesto, westerns y hasta películas de piscina a lo Esther Williams en una cinta que es más por la suma de sus impagables gags y guiños al pasado que por el punch de una trama de recorrido corto. Pero a pesar de la levedad del hilo conductor la película se tiene en pie bordando la parodia del costumbrismo hollywoodiense de gran estudio, con dosis de ingenio a la altura del mejor cine de los Coen.

Y eso que, desde la perspectiva del conjunto,  ¡Ave, César! es una obra menor, pero es también, y he ahí donde emerge el talento de los Coen para hacer grande una película que no lo es tanto, una de las mejores comedias del último curso, empujada por una colección de magníficos diálogos, un puñado de píldoras de humor absurdo memorables y una mirada socarrona, entre melancólica e irreverente de lo que fue Hollywood cuando nada ni nadie le hacía sombra, coloreada por un impagable desafío de cameos y por el Clooney más divertido y lunático del que tenemos noticia.

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