El País

Crítica: Superhéroes, supercatástrofe

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Batman v Superman: El amanecer de la justicia

Lo mejor:
Los primeros minutos, en los que se vislumbra una épica verdadera

Lo peor:
Desde su horrendo título, todo huele a intento desesperado por hacer marca y taquilla

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 23/03/2016
  • Director: Zack Snyder
  • Actores: Ben Affleck (Bruce Wayne / Batman), Henry Cavill (Clark Kent / Superman), Gal Gadot (Diana Prince / Wonder Woman), Jason Momoa (Arthur Curry / Aquaman), Amy Adams (Lois Lane), Lauren Cohan (Martha Wayne), Jesse Eisenberg (Lex Luthor), Ezra Miller (Barry Allen / The Flash), Michael Shannon (General Zod), Holly Hunter (Senator Finch), Jena Malone (Barbara Gordon), Laurence Fishburne (Perry White), Tao Okamoto (Mercy Graves), Diane Lane (Martha Kent)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2016
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Aunque, a la hora de escribir esta crítica, se hallan en fases diversas de preparación títulos como Suicide Squad (2016), Wonder Woman (2017) y Justice League Part One (2018), continúa sin haber nada que permita apreciar en el universo cinematográfico gestado por Warner Bros. a partir de los cómics de la editorial DC, una cohesión como la existente en las películas y series de Marvel Studios.

Hasta la irrupción de Iron Man (2008) y El caballero oscuro (2008), la idea de todo un ecosistema de imágenes en movimiento habitado por superhéroes de un mismo sello era un sueño húmedo de frikis. Pasados ocho años, se ha convertido en una realidad, que Marvel ha sabido articular de manera tan armónica como tendente a lo impersonal, a lo profesional en el sentido más laxo y complaciente del término; Warner, mientras, acuciada desde la conclusión de las series Harry Potter, El Señor de los Anillos, El Hobbit y la trilogía sobre Batman que orquestase Christopher Nolan, por la falta de una marca o ramillete de marcas con proyección hacia un horizonte de taquilla lejano, también ha apostado por la creación de un universo, aunque sin una línea de producción firme.

Ese defecto, achacable a la falta de un gestor tan consciente de su papel como el directivo de Marvel Kevin Feige, ha traído aparejadas consecuencias agridulces: fiascos como Linterna verde (2011) se solapan con la citada El caballero oscuro; una película compleja, con mucho de autoral, difícil de imaginar en el contexto de la Marvel presente. Christopher Nolan fue justamente el encargado, con la complicidad de uno de los directores mainstream más interesantes de los últimos quince años, Zack Snyder300 (2006), Sucker Punch (2011)—, de resucitar al buque insignia clásico de DC Comics, Superman, en un título que aspiraba a otorgar de una vez carta de naturaleza al panteón Warner de superhéroes. Sin embargo, El hombre de acero (2013) volvía a ser una rareza; tanto en comparación a Linterna verde o El caballero oscuro, como en sí misma. Sus innumerables condicionantes de producción eran demasiado perceptibles en pantalla, y repercutían además en unos argumentos y unas formas grumosos, dislocados, que aportaban poco al espectador.

Su continuación, Batman v Superman: El amanecer de la justicia, hace, digámoslo ya, de El hombre de acero un prodigio de hondura y armonía. La película que nos ocupa, materializada por la mayor parte del equipo técnico que ya intervino en aquella, sigue su estela en la intención de brindar un espectáculo grave y elocuente. Para ello, se aprovecha con ingenio la polémica suscitada cuando se estrenó El hombre de acero —Superman ( Henry Cavill) era retratado como un superhéroe inmaduro cuyos superpoderes contribuían a asolar Metrópolis—, al hacer que Bruce Wayne/Batman ( Ben Affleck, en sustitución de Christian Bale) se cuente entre quienes piensan que el inmigrante de Krypton es un peligro público, un dios ingobernable. A esta trama de enfrentamiento entre los dos pesos pesados de Warner/DC hay que sumar la aparición de Lex Luthor (en esta ocasión, Jesse Eisenberg), un joven e inestable emprendedor, deseoso como Ícaro de volar más allá de lo que le permiten sus talentos humanos…

Durante los primeros minutos, aunque no se tenga muy claro qué pretende la ficción, constituye un alivio reencontrarse con el mejor Zack Snyder—emasculado en El hombre de acero en virtud de una apuesta por el naturalismo de raigambre nolaniana—, a quien, no por casualidad, vuelve a secundar su director de fotografía habitual, Larry Fong. Pero la retórica ampulosa de Snyder, que valdría para dibujar una gran panorámica contemplativa y relativista del universo DC —al que se agregan con mayor o menor presencia y sentido de la oportunidad Wonder Woman, Aquaman, Flash y Cyborg—, fracasa por completo cuando ha de desarrollar premisas, discursos elaborados, una narrativa. Transcurridos veinte o treinta minutos de metraje, el relato se desintegra y los valores expresivos abdican de cualquier pertinencia. Las ciclópeas, presuntuosas, puede que desesperadas ambiciones de Batman v Superman: El amanecer de la justicia por prorrogar El hombre de acero, reinventar a Batman tras la conclusiva El caballero oscuro: La leyenda renace (2012), introducir a la Liga de la Justicia, remitirse a varias historietas significativas en el acervo de los superhéroes protagonistas, y poner de manifiesto algo significativo, se dan de bruces con tantos problemas que no es exagerado hablar de catástrofe, lindante con lo ridículo en más de una ocasión.

En efecto, ni los actores son convincentes —atención a un Jesse Eisenberg que se erige de nuevo en encarnación pluscuamperfecta del hipster millennial, aquí psicótico—, ni las motivaciones de los personajes que interpretan son comprensibles o solventes, ni sus diálogos son otra cosa que intercambios de frases dignas de Paulo Coelho o el propio Nolan, ni las situaciones y dilemas en que se ven envueltos pasan de viñetas mal estructuradas, carentes de hilo conductor. Batman v Superman: El amanecer de la justicia avanza a hachazos, como si todas las escenas de continuidad se hubiesen quedado en la sala de montaje —se habla de una edición para formato doméstico que rondaría las tres horas—, hasta un clímax caótico, eterno, en el que se confunden sonido y música chirriantes e imágenes desproporcionadas, hasta el punto de rozarse una suerte de abstracción inclasificable. La impresión es la de encontrarse con una de las superproducciones más cansinas que uno se ha echado a los ojos en años, y, de hecho, en el fracaso de la propuesta se respira el hálito de bodrios tan míticos como El regreso de la momia (2001) o La liga de los hombres extraordinarios (2003).

Habrá quien defienda la cinta en virtud de a saber qué servidumbres para con su publicación, la distribuidora, o su falta de criterio; habrá quien apele a que Wonder Woman tiene papel destacado para enarbolar laudos en torno a supuestos feminismos. Pero, lo visto, agrava hasta el límite con lo abisal la idea de que Warner/DC no sabe cómo hacer viables películas de superhéroes, darles una entidad creíble y con proyección; y puede que la primera damnificada por ello sea precisamente la amazona Diana Prince, cuyas aventuras en solitario veremos en junio de 2017. A saber con qué ánimo, después de lo que no es arduo vaticinar como fracaso de Batman v Superman: El amanecer de la justicia.

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