El País

Crítica: Con los ojos cerrados

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Blair Witch

Lo mejor:
La última escena, sugerente aun cuando ponga de manifiesto por enésima vez lo perdidos que han estado creativamente Adam Wingard y Simon Barrett

Lo peor:
Es otra de esas películas que cabe tachar sobre todo de oportunidad perdida

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  • Género: Terror
  • Fecha de estreno: 04/11/2016
  • Director: Adam Wingard
  • Actores: James Allen McCune (James), Callie Hernandez (Lisa Arlington), Corbin Reid (Ashley), Brandon Scott (Peter), Wes Robinson (Lane), Valorie Curry (Talia)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2016
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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En uno de los momentos sobre el papel más escalofriantes de esta secuela imprevista y a la postre superflua de El proyecto de la Bruja de Blair (1999), Ashley (Corbin Reid) comprueba horrorizada cómo la herida que se ha hecho en un pie mientras recorría cámara en mano los bosques de Maryland siguiendo con varios amigos la pista de Heather Donahue -la documentalista que protagonizó el filme original de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick-, ha degenerado en la presencia de un organismo vivo alojado en su gemelo.

 Sin embargo, para lograr que apreciemos ese movimiento perturbador en la pierna de la chica, Blair Witch recurre a un efecto digital obvio, chapucero... Ya en una ficción convencional, planteada desde un punto de vista objetivo, esa constatación nos alienaría de lo que se nos está narrando. En una como esta, que pretende erigirse como su predecesora en metraje encontrado, en suma de las grabaciones efectuadas sobre el terreno por los propios personajes, haber descuidado ese efecto, haberlo planteado siquiera cuando el espectador es consciente de que no puede aflorar en el ámbito simulado de una imagen naturalista, es directamente una aberración.

 El empleo de dicho efecto fallido se basta para poner de manifiesto que el dúo creativo compuesto habitualmente por el guionista Simon Barrett y el director Adam Wingard, ha malinterpretado o, sencillamente, no ha comprendido nada, de lo que supuso en su momento El proyecto de la bruja de Blair; un título capital del cine de terror contemporáneo, clave además para aprehender las derivas del universo imagen a partir de la democratización de las nuevas tecnologías e Internet, a partir de la mutación del concepto sociedad del espectáculo en el que apela al espectáculo de la sociedad. Nuevos paradigmas que trajeron consigo la omnipresencia de lo visual, y, al mismo tiempo, la conciencia inquietante de que nuestra pulsión escópica es insaciable, ansía en última instancia el abismo ubicado más allá de lo enteramente visible.

 Resulta sorprendente -o quizás no tanto, dado que muchos simples adeptos al terror también continúan menospreciando o ignorando los discursos implícitos en aquel filme- que Adam Wingard y Simon Barrett hayan hecho tan poco por revisar y actualizar con rigor El proyecto de la bruja de Blair, de la que para colmo se declaran fans. Al fin y al cabo, lo cierto es que su cine a cuatro manos ha girado hasta la fecha en torno a la reinterpretación más o menos irónica, más o menos efectiva, del fantástico producido en décadas previas, véanse títulos como A Horrible Way to Die (2010), Tú eres el siguiente (2011) y The Guest (2014); y sus aportaciones concretas a la saga V/H/S acreditaban abiertamente su deuda hacia lo representado por El proyecto de la bruja de Blair.

 Pero en Blair Witch han operado con los ojos cerrados, sin pretensión clínica ninguna. A nivel formal, se recurre a la simple multiplicación exponencial de las cámaras con que registran los hechos los personajes de cara a elaborar el correspondiente documental -no falta ni un dron- y a la explicitud desesperada, como ya hemos apuntado, de los fenómenos paranormales y truculentos para impactar al espectador. Y, a nivel narrativo, se tira de excusa sentimental absurda: veinte años después de que Heather se desvaneciese mientras elaboraba un reportaje sobre los misteriosos crímenes acaecidos en la zona donde vivió una bruja asesinada en el siglo XVIII, su hermano James (James Allen McCune) decide buscarla en la casa abandonada donde culminó el found footage original y donde ciertas imágenes recientes colgadas en YouTube parecen situar aún a la chica.

 Tediosa, chillona, profundamente inexpresiva, Blair Witch acaba por hacer buena la primera secuela, hoy olvidada, de El proyecto de la bruja de Blair: El libro de las sombras: B W 2 (2000), que, al menos, supo entender que el meollo de la película de Myrick y Sánchez no estribaba en el drama, los personajes, o el desenlace satisfactorio de una intriga; sino en los arcanos de la imagen, de lo que entendemos como ficción, de ese terror que "actúa con completa autonomía provocando estragos ontológicos, cuyo origen no podemos determinar porque es más real que nosotros mismos" (Thomas Ligotti).

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