El País
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Crítica: Apocalypse Now

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Blue Ruin

Lo mejor:
El trabajo de cámara y fotografía, y la interpretación de Macon Blair

Lo peor:
En algunos momentos, la sofisticación de la película se revela arbitrariedad

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  • Género: Thriller
  • Fecha de estreno: 31/10/2014
  • Director: Jeremy Saulnier
  • Actores: Macon Blair (Dwight), Kevin Kolack (Teddy Cleland), Eve Plumb (Kris Cleland), David W. Thompson (William), Stacy Rock (Hope Cleland), Devin Ratray (Ben Gaffney), Amy Hargreaves (Sam)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2013
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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A quien esté acostumbrado al cine de intriga tal y como lo entiende Hollywood, le sorprenderá considerablemente lo que nos brinda Blue Ruin, segunda realización del estadounidense Jeremy Saulnier; un thriller independiente hasta el punto de haber sido sufragado en parte merced al crowdfunding, y que recibió antes de iniciar su carrera comercial galardones merecidos en festivales como los de Cannes y Gijón.

El protagonista de Blue Ruin es Dwight (Macon Blair), un hombre que se dedica a vagabundear hasta que la policía le informa de que ha salido de la cárcel quien asesinó a sus padres años atrás. Dwight conduce su "ruina azul" (título en castellano del film), el coche que perteneció a sus padres y en el que él ha vivido durante su particular periodo de duelo, hasta su región natal, y allí se toma la venganza por su mano. Pero eso no es más que el principio de una odisea que no pone en peligro solo a Dwight, también a su hermana, y que le revela al público un submundo de relaciones personales que cabe tachar como mínimo de sórdido.

Decíamos que Blue Ruin puede inducir al desconcierto de un espectador poco avisado porque su desarrollo argumental se cimenta sobre lo elusivo, lo elíptico y la abstracción, además de hacer honor al estado mental afectado de Dwight optando por definir el carácter de los personajes y sus motivaciones a través de sus actos -a los que hay que prestar gran atención- antes que por lo que dicen, más bien poco. En este sentido, la película es un magnífico ejercicio de narrativa pura y, a la vez, el retrato de un determinado universo, a cuyas coordenadas tenemos acceso poco a poco mediante detalles -una postal, unas llaves, un adorno- que también son pistas.

Sin embargo, a quien no sea ajeno al cine indie norteamericano de hornada reciente, Blue Ruinestará lejos de chocarle, e incluso podrá anticipar lo que va a suceder en ciertas secuencias o en un desenlace teñido de una ambigüedad algo forzada; la que deriva, no de querer contar nuevas cosas, sino de contar las de siempre pero simulando que se está siendo original. Shotgun Stories (2007), Martha Marcy May Marlene (2011), Cruce de caminos (2012), Joe (2013) y otras películas similares de los últimos años con la América profunda como epicentro, ya habían contribuido antes a redefinir el género que también aborda Blue Ruin: el de las fábulas acerca de la violencia apenas soterrada de la sociedad estadounidense, acerca de las sombras que ciernen en torno a las existencias de los individuos estigmas familiares y sociales de tintes casi bíblicos.

En suma, una Americana renovada en torno a un país que está explorando cinematográficamente sus raíces en un momento de descomposición socioeconómica, pero que, más allá de lo pop y lo mediático, no está encontrando en su interior más que un páramo literal y metafórico; una tierra por la que parece hubiese pasado ya el apocalipsis que Occidente lleva reclamando un tiempo, y en la que viven su ocaso muscle cars, granjas e industrias anticuadas, solares que quizás nunca llegaron a ser urbanizados, y seres humanos sin atributos tangibles de cara al futuro que sea, obligados por ninguna razón a seguir cumpliendo con determinados rituales, aunque haga tiempo que estos no tengan ningún sentido moral ni sean capaces de procurarles alivio. Blue Ruin no aporta a este panorama fílmico nada de extraordinario valor, pero tampoco desmerece del conjunto; y hasta sabe ejercer como soterrada crítica del mismo por la vía del humor negro.

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