El País

Crítica: La locura como sujeto y objeto

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Camille Claudel 1915

Lo mejor:
Juliette Binoche

Lo peor:
Película espesa, como poco

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  • Género: Biográfica
  • Fecha de estreno: 22/11/2013
  • Director: Bruno Dumont
  • Actores: Juliette Binoche (Camille Claudel), Jean-Luc Vincent (Paul Claudel), Emmanuel Kauffman (el sacerdote), Marion Keller (Srta. blanca)
  • Nacionalidad y año de producción: Francia, 2013
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Los últimos años de vida de Camille Claudel, y fueron muchos, transcurrieron como un auténtico infierno. Atrapada en un mundo irreal, rodeada de dementes en un oscuro sanatorio sin contacto con el mundo exterior, la artista francesa pagó con creces los recelos de su propia familia, los prejuicios hacia la vida fuera de norma que ella había elegido.

Bruno Dumont no se detiene en antecedentes; su película no es un biopic, ni un retrato de los porqués del escalofriante otoño existencial de la genial escultora. Camille Claudel 1915 es un estudio minucioso (quizá demasiado) del cruce de caminos entre la genialidad y la locura, una indagación terrorífica en los fantasmas del visionario incomprendido, en las volcánicas consecuencias de la hipersensibilidad del artista, del aislamiento emocional del creador que se sabe solo hablando un código que nadie más entiende. Dumont se recrea en ese limbo, sin detenerse siquiera a construir el personaje. Su película es un retrato desnudo de la reclusión flagrante de Claudel, de su soledad terrible en el umbral mismo de la locura. Los internos del sanatorio que rodean a Juliette Binoche son enfermos reales, lo que confiere a la composición de la actriz francesa una desgarradora veracidad nada corriente.

El problema es que Dumont se queda demasiado absorto en la contemplación de esa desoladora decadencia. Su película brota de la necesidad de mostrar, de proyectar sensaciones, parece como si contar una historia no estuviera en la hoja de ruta del director francés. La recreación, a la larga, acaba por resultar morbosa, y de ecuador en adelante uno se cuestiona seriamente los propósitos del filme, la existencia de un punto de destino, y la estrategia elegida, ciertamente impactante, para dar cuerpo a los fantasmas interiores de Claudel. La mirada de Dumont a la rutina de los locos raya a ratos en la morbosidad pura y simple, y poco a poco intuyes que detrás del naturalismo descarnado que justifica la semblanza no hay nada.

Camille Claudel 1915 es una película desconcertante: su propuesta escénica oscila entre la genialidad y, decíamos, la reiteración morbosa más ramplona. Al principio empatizas con lo que Dumont quiere contar, pero secuencia a secuencia te despegas, te alejas, y solo sigues el hilo gracias a la heroica composición de una Juliette Binoche brillante que, no obstante, no es capaz de renunciar a su desmesurada afición al puchero y al llanto a moco tendido.

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