El País

Crítica: Fidelidad bien entendida

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Carlitos y Snoopy: La película de Peanuts

Lo mejor:
La combinación singularmente acertada de modos expresivos

Lo peor:
Sería comprensible que algunos manifestaran haberse aburrido con ella

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  • Género: Animación
  • Fecha de estreno: 25/12/2015
  • Director: Steve Martino
  • Actores: Noah Schnapp (Charlie Brown), Bill Melendez (Snoopy / Woodstock), Rebecca Bloom (Marcie), Anastasia Bredikhina (Patty), Trombone Shorty (Miss Othmar / Srita del pelo rojo), Alexander Garfin (Linus), Hadley Belle Miller (Lucy )
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: Todos los públicos y especialmente recomendada para la infancia

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Hemos tenido que llegar a los últimos compases de 2015, un año caracterizado hasta límites abyectos por la mercantilización cinematográfica de la nostalgia, para que podamos ver por fin una película que, aun teniendo conciencia absoluta de sus deudas para con un determinado universo enraizado con fuerza en la cultura popular, se ha demostrado capaz de hacer algo más que servir como anuncio de merchandising y halagar las emociones reptilianas del friki.

 Con las urgencias críticas que impone un estreno, a falta de elementos de valor más profundos que los facilitados por la actualidad informativa, el secreto de la valía de Carlitos y Snoopy: La película de Peanuts parece haber radicado en la implicación activa como guionistas y productores de los descendientes del historietista Charles M. Schulz. Un dato que, de antemano, podía resultar hasta preocupante, dados los numerosos casos de herederos ignorantes o aprovechados que jalonan el anecdotario cultural. Pero que, en el caso de la adaptación a la gran pantalla de las tiras cómicas protagonizadas durante casi medio siglo por el perro Snoopy; su dueño Charlie Brown, todo un neurótico desde temprana edad; y los compañeros de clase y amigos de este, se ha saldado con la comprensión por parte de Craig Schulz (hijo del dibujante) y Bryan Schulz (su nieto) de que la máxima fidelidad a una obra se cifra no en su manipulación a conveniencia del fan y el mercado, sino en un trabajo minucioso de adaptación, susceptible de encontrar el equilibrio justo entre los valores expresivos del original, y los requeridos por el nuevo medio.

 Para ser justos, debe apuntarse que, quizás porque nunca se ha percibido que la imagen en movimiento sobre Peanuts pudiese derivar en negocio desorbitado, ya existían versiones de la creación de Schulz para la pequeña y la gran pantalla más que dignas, gracias en buena medida al trabajo intensivo del fallecido Bill Meléndez. Algo que también ha sabido reconocer Carlitos y Snoopy: La película de Peanuts, al hacer que los parlamentos cacofónicos de Snoopy y su compañero inseparable, el pajarillo Woodstock, correspondan a grabaciones de la voz de Meléndez para anteriores producciones sobre los personajes. Un ejemplo más de la labor cariñosa y sincrética con que se han empleado el director Steve Martino, el co-productor Paul Feig, y todo el equipo de la productora Blue Sky Studios; labor que, a nivel gráfico, se concreta con una armonía casi perfecta entre los trazos de Schulz -presentes en todo momento- y su reinterpretación en clave de animación y tres dimensiones.

 El efecto es tan logrado que, por momentos, parece que la película fuese una proyección alucinada de las tiras cómicas; o, por el contrario, que los personajes en tránsito por las imágenes virtuales se comprendiesen íntimamente a sí mismos en términos de lápiz y papel. Ello no quiere decir que Carlitos y Snoopy: La película de Peanuts esté libre de defectos. Fuerza demasiado la nota en lo relativo al carácter angustiado de Charlie y sus inquietudes románticas. Se pretende sobre todo una película de espíritu infantil, es el único cambio relevante que se aprecia; pero las aristas argumentales de Schulz no han sido todo lo limadas que se debiera, y, como consecuencia -un defecto, por otra parte, común a buena parte del cine de animación contemporáneo-, el resultado es menos una película para niños, que una película pergeñada por adultos que simulan tener alma de niños. Y, por último, la historia deja un poco que desear y abusa para rellenar metraje de ciertas aventuras en paralelo, protagonizadas por Snoopy, tan cargantes como ya lo eran en el cómic. Incluso así, bien podría considerarse, como ha señalado el crítico Jordi Costa, que nos hallamos ante la película de las navidades 2015-2016.

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