El País

Crítica: Cine espectral

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Cazafantasmas

Lo mejor:
En algunas secuencias la película puede leerse, al menos, como oportunidad perdida

Lo peor:
Es un título de usar y tirar, como todos los debates y reivindicaciones suscitados por suproducción

Valoración GDO


Valoración usuarios
  • Actualmente 2.5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
2.7
34 votos

Gracias por tu valoración!

Ya has valorado esta página, sólo la puedes valorar una vez!

Tu valoración ha cambiado, gracias por contribuir!

  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 12/08/2016
  • Director: Paul Feig
  • Actores: Kristen Wiig (Erin Gilbert), Bill Murray, Sigourney Weaver, Melissa McCarthy (Abby Yates), Chris Hemsworth (Kevin), Kate McKinnon, Dan Aykroyd, Ernie Hudson, Leslie Jones (Patty Tolan)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2016
  • Calificación: Todos los públicos

+ info

Ver un fantasma supone empatizar con su naturaleza. El estado de percepción, de conciencia, que propicia ser testigo de almas en pena, vestigios atormentados del ayer, lo que "se ha desvanecido hasta ser impalpable por muerte, ausencia, cambio de costumbres" (James Joyce), acarrea compartir una disfunción melancólica que dificulta entender el progreso como tal. Que lo interpreta como traición a una instantánea temporal sufriente de la condición humana desechada para que los siervos en cada momento histórico a las ideologías dominantes progresen adecuadamente. De ahí el interés del fantasma. No como entidad perceptible en el mundo de los sentidos, sino como signo de disfunción en la lógica pactada del Gran Relato. Nos gustan las historias de fantasmas, las películas con fantasmas, porque nos identificamos con el estigma de orden intemporal que sus presencias arrojan sobre los credos y dictados coetáneos acerca de lo real, lo justo y procedente a verter en la página o la pantalla; porque sentimos que, si no nos adaptamos a las exigencias de la esfera pública, cultural, mediática que nos ha tocado vivir, nuestro tiempo también nos barrerá de la corriente histórica, hará de nosotros despojos reciclables.

 En ese sentido, puede establecerse una identificación obvia entre la primera criatura de origen paranormal que aparece en esta nueva versión de Los cazafantasmas (1984), y quienes se atreven a interactuar con ella, Erin Gilbert ( Kristen Wiig) y las otras tres protagonistas de la cinta. En la comedia original, Peter Venkman ( Bill Murray) y demás cazafantasmas se enfrentaban a entidades emparentadas con los imaginarios de la pesadilla infantil, y aprovechaban su control de las mismas para legitimar socioeconómicamente su condición de niños irresponsables, a medias emporrados y a medias geeks, en la América corporativa y reaganista de los años ochenta. Venkman y los suyos devenían, en palabras de Robert Frank, "empresarios revolucionarios, insurgentes contra el sistema, imbuidos del ideario ya hegemónico de la cultura juvenil". Pero, ¿dónde quedaba la mujer en esa ecuación? Muy atrás, como ponen de manifiesto las vestimentas de Erin en la presente Cazafantasmas, propias de una dama de compañía decimonónica. Cuando el fantasma inicial de una sosias de Lizzie Borden -enclaustrada viva más de un siglo atrás por su pudiente familia debido a su psicótico rapto criminal contra la servidumbre- vomita sobre Erin el líquido verde que tanta tendencia tienen a expeler en esta franquicia las entidades sobrenaturales, la está bautizando; la está incitando a recoger el testigo de una configuración rebelde -hasta lo violento, si es necesario- de lo mujer, habida cuenta de que esta ha sido aplastada una y otra vez sin importar la época. Baste con apreciar que, si en la Cazafantasmas de 1984, Venkman y compañía eran repudiados por el estamento universitario convencional, Erin y sus amigas serán discriminadas por el mismo ámbito… y por el freak que representan Venkman, y, por extensión, el fan de Los Cazafantasmas; hoy por hoy, victorioso socialmente, y tanto o más misógino, aunque sofistique sus estrategias, que el tradicional.

 Este detalle malévolo por parte de los guionistas de la Cazafantasmas de 2016, Katie Dippold y Paul Feig -director asimismo del film-; como el hecho de que, durante los primeros compases y algún instante posterior, la película ose generar una inquietud que trasciende el empleo subsidiario del fantástico para crear efectos humorísticos; o el modo en que se perfila al villano de la función como criatura más allá del bien y del mal, de asocialidad que le haría digno de transitar Se7en (1995) o El club de la lucha (1999), con cuyo ánimo apocalíptico bien podrían comulgar humilladas y ofendidas como Erin y sus amigas, permiten concebir la esperanza de que esta película tuviese una razón de existir sugerente, revulsiva, y no fuese únicamente la resurrección de una marca al gusto ideológico de los consumidores -las consumidoras- de esta temporada.

 Un espejismo. Cazafantasmas 2016 acaba siendo tan mediocre en líneas generales, tan inane, como los debates de tintes pseudofeministas que, desde el anuncio de su producción, han surgido entre youtubers, articulistas de tendencias, prescriptores culturales e ideológicos, gurús de redes sociales y demás ralea. En un acto de justicia poética, la ignorancia, el oportunismo y la demagogia que han evidenciado un@s y otr@s ha hallado reflejo cruel en una producción comercial liofilizada, calculada al milímetro, mucho menos divertida de lo deseable, con problemas graves de ritmo y metraje, en cuyo irregular reparto figura al menos Kristen Wiig, aunque también ella quede reducida como personaje a mujer-peluche cuya máxima aspiración es ser achuchada por el sistema. Una película mejor realizada que su predecesora -ninguna maravilla, por cierto- en términos estrictos de planificación y calidades fotográficas; pero incapaz de resultar memorable a nivel humorístico, de elaborar discursos que dejen huella en 2016 más allá de su apelación constructiva a que también ellas lideren muertos vivientes cinematográficos y se dediquen a la ciencia, y, en especial, de forjar una mítica propia que revise la emanada de la cinta original, y le haga ser evocada a su vez dentro de tres décadas. Se da además la circunstancia paradójica de que, en tanto remake/reboot, esta nueva Cazafantasmas se ve obligada a establecer en el seno de sus propias imágenes debate con un fantasma, el de su predecesora. Y, volvemos al principio, del mismo no emana una comprensión y relectura lúcidas de injusticias pretéritas, un cuestionamiento y reconfiguración de valores que vierta luz -aunque sea luz negra, trémula, despiadada- sobre el presente. Al contrario, la Cazafantasmas de Paul Feig es una sombra apocada, vergonzante, de la facturada por Ivan Reitman hace treinta años. El mundo al revés: el hoy, como mera excrecencia espectral del ayer.

Ir a la película >




Servicios


Recibe semanalmente los mejores
planes y premios del Club. ¡Suscríbete!




Blogs

Logo del blog de Guía del Ocio LA GASTRONOMA

15 RAZONES PARA VISITAR ECHAURREN

De Mapi Hermida

“La culpa la tuvieron las colmenillas”. Sí, esa fue exactamente la frase que dijo una de las personas sentadas en nuestra...


Podcast de cine: BUTACA VIP