El País

Crítica: Como un torrente

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Citizenfour

Lo mejor:
Nos hallamos ante un ejemplo de Historia y reporterismo en directo

Lo peor:
A nivel estrictamente cinematográfico, el documental no es nada especial

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  • Género: Docudrama
  • Fecha de estreno: 27/03/2015
  • Director: Laura Poitras
  • Actores: Edward Snowden (Edward Snowden), Glenn Greenwald (Glenn Greenwald), William Binney (William Binney), Jacob Appelbaum (Jacob Appelbaum), Ewen MacAskill (Ewen MacAskill), Jeremy Scahill (Jeremy Scahill), M. Margareth McKeown (M. Margareth McKeown)
  • Nacionalidad y año de producción: Alemania, EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Este documental, o, mejor dicho, reportaje acerca de Edward Snowden, el ex-trabajador estadounidense al servicio de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional de su país que hizo públicos documentos clasificados como secretos, se estrena en España coincidiendo con el lanzamiento de una primera imagen promocional del largometraje de ficción sobre el activista que dirige en estos momentos Oliver Stone y que veremos en unos meses. En dicha imagen, el actor Joseph Gordon-Levitt aparece caracterizado como Snowden en el periodo en que este se alistó en el ejército con la esperanza de acabar formando parte de sus fuerzas especiales.

 Por tanto, el Snowden que conocemos actualmente, el Snowden que ha ocupado portadas de prensa, ha sido parodiado en la serie animada South Park, ha protagonizado videojuegos, novelas gráficas y canciones, y ha sido convertido en muñeco de acción, poco tiene que ver con el que liberó hace dos años desde la habitación de un hotel en Hong Kong información sensible sobre el espionaje electrónico ilegal al que las autoridades norteamericanas someten a ciudadanos de todo el mundo, con la complicidad de numerosos gobiernos.

 Un descubrimiento, por otra parte, que hemos acogido con cinismo ("¿Y qué esperabas?"), con indignación ("¡Voy a votar a Podemos") o con ignorancia ("¿Ha vuelto a perder el Madrid?"), pero que, en ninguno de los casos, ha alterado en lo más mínimo nuestros modos y maneras cotidianas de estar en el mundo. Como se cuestionaba ya en 1998 Christophe Dejours, "¿cómo podemos tolerar lo intolerable?, el conocimiento de las injusticias solo ha derivado en su banalización". La figura de Snowden, su vida y milagros, no constituyen hoy por hoy más que otra gota en el océano del espectáculo y la transparencia en el que se refleja, con rasgos ora agitados ora narcisistas, la sociedad de nuestra época

 Espectáculo en el sentido enunciado por Guy Debord: "Cualquier experiencia vivida en esta sociedad se transforma en una representación". Transparencia, en el definido por Byung-Chul Han: "El flujo de información y comunicación se ha insertado sin resistencias en el torrente liso del capital, y su carácter transparente solo motiva opiniones y necesidades colectivas que dejan intacto lo existente". En esta tesitura, Citizenfour, grabación en tiempo real de las filtraciones de Snowden filmadas por Laura Poitras -en quien confió nuestro protagonista a la vista de combativos documentales suyos previos como My Country, My Country (2006) y The Oath (2010)-, no agota ni mucho menos su interés en su condición de registro histórico, o si se quiere periodístico, de primer orden, sobre las actividades subversivas de Snowden y los primeros efectos de su difusión, que le procuraron hace unas semanas a la película el Oscar al mejor documental.

 No, el atractivo auténtico de Citizenfour reside en que podamos compartir con Snowden su intimidad, cuando se hallaba en plena posesión de su anonimato y sus secretos y a merced de todas las dudas del mundo; como un individuo tangible -al que respetan, ayudan a comprender, y en algún caso hasta delatan, las cámaras de Laura Poitras y su equipo-, ilusionado con la esperanza de contribuir a que vivamos en un planeta "en el que sean los ciudadanos los que decidan realmente, con conocimiento de causa, sobre el poder que le otorgan al Estado, en vez de que lo decida el burócrata de turno". En las postrimerías de Citizenfour, contemplamos a Snowden ya desde lejos, en la vivienda que ocupa circunstancialmente junto a su pareja en Moscú, y no podemos sino preguntarnos qué pasará por su cabeza de prófugo; si todavía cree que ha ayudado a hacer del mundo un lugar mejor, o si estará maldiciendo el haber sido cómplice de que se añadan al torrente de la esfera pública contemporánea otro chismorreo, otro escándalo, otro documental, otra ficción, otra figurita de acción, otra crítica de cine.

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