El País

Crítica: Un héroe muy discreto

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Dheepan

Lo mejor:
Que Cannes 2015 haya concedido su máximo galardón a una película que tiene mucho de troleo cultural y político

Lo peor:
Jacques Audiard debería ser más crítico, riguroso, con su propia concepción de la ficción cinematográfica

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  • Género: Thriller
  • Fecha de estreno: 06/11/2015
  • Director: Jacques Audiard
  • Actores: Jesuthasan Antonythasan (Dheepan), Claudine Vinasithamby (Illayaal), Vincent Rottiers (Brahim), Faouzi Bensaïdi (Monsieur Habib), Marc Zinga (Youssouf), Bass Dhem (Azziz)
  • Nacionalidad y año de producción: Francia, 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Para comprender este séptimo largometraje del cineasta galo Jacques Audiard, acogido, en virtud del cambio de registro que experimenta en su segunda mitad, con desconcierto y hasta animosidad crítica pese a conquistar la Palma de Oro en la última edición del Festival de Cannes, basta con remontarse a su segunda realización, que le lanzó a la fama y que plasma sus inquietudes artísticas de la forma quizá más expresa: Un héroe muy discreto (1996), apólogo (a)moral sobre la ocupación nazi de Francia, que oponía a las mentiras articuladoras de todo pacto colectivo sobre lo existente, a los "falsos testimonios del sociólogo, el historiador, el apóstol de lo realista" (Chris Darke), las fabulaciones de un individuo decidido a todo para sobrevivir, para conseguir un lugar en el sol, por la vía de imbricar en el relato global de la época que le había tocado en suerte un relato de factura propia.

 "Las mejores vidas son las inventadas", concluía así en su vejez el protagonista de Un héroe muy discreto. Esa constatación se halla presente de manera más o menos obvia en toda la filmografía de Audiard, y trasciende el ámbito de lo planteado en pantalla para erigirse en dialéctica llena de tensiones entre recursos fílmicos queridos para el director -la intriga, lo pulp, el noir-, asociados a una masculinidad alienada de lo estética y políticamente correcto, y los modos representativos naturalistas que un cierto orden de lo cinéfilo ha instituido como canon cualitativo del séptimo arte. No parece casual que Audiard, a fecha de hoy un peso pesado de lo que aún se entiende en su país por cine de autor, se adentrase en la industria de la mano de su padre, Michel Audiard, un escritor y realizador adscrito a lo popular y vilipendiado con frecuencia por la crítica; ni que en sus películas abunden las figuras de autoridad susceptibles de arrastrar a sus protagonistas a la perdición -su última propuesta no es una excepción, atiéndase a la escena que fuerza el cambio de actitud del protagonista y de la propia cinta-; ni que, siempre que sus films han abandonado el ámbito puro del thriller, susciten la incomodidad ideológica del espectador.

 Es también lo que ocurre, como habíamos adelantado, con Dheepan. El título de la película corresponde al nombre de su protagonista (encarnado por Jesuthasan Antonythasan), un combatiente tamil implicado en la guerra civil que asoló Sri Lanka hasta 2009. Para correr un velo sobre sus crímenes de guerra, Dheepan emigra a Francia como padre de una familia falsa de asilados políticos que integran también Yalini (Kalieaswari Srinivasan), una joven a la que conoce en un campo de refugiados, e Illayaal (Claudine Vinasithamby), una huérfana de nueve años. Con identidades heredadas de compatriotas muertos en el conflicto bélico, Dheepan, Yalini e Illayal se esfuerzan por iniciar nuevas vidas en el país europeo que los ha acogido; incluso por transformar su impostura familiar en verídica; empeño en especial de Dheepan, cuya subjetividad atormentada y a la vez espiritual impregna progresivamente la película.

 Sin embargo, durante la hora inicial de metraje, Jacques Audiard constata el fracaso de ese primer intento de ficción integradora, testimoniado por la imposibilidad de los cingaleses para captar los matices de la lengua francesa. Las formas respetuosas, hasta inspiradas en muchos momentos, de Dheepan para con imaginarios -Yalini llega a interpretar lo que sucede en el nuevo lugar donde vive como si fuese "una película"- transitados habitualmente por el cine social, concienciado, como los de la violencia étnica, las problemáticas de los países en desarrollo, la emigración legal e ilegal, y la cotidianidad en barriadas europeas de extrarradio como aquella en la que se aloja a los refugiados cingaleses, van dando paso a una acritud no muy lejana, le pese a quien le pese, a la característica de las producciones de Luc Besson, sobre todo en lo que respecta al estado actual de la sociedad francesa. Es en este punto donde adquiere relevancia el hecho de que Dheepan esté inspirada por la novela epistolar de Montesquieu Cartas Persas (1717), retrato satírico de los modos y maneras de la sociedad francesa, que acababa apelando a una práctica de la moral -moral superior a los designios del legislador, cuya integridad se ve amenazada por el abuso de poder y la falsa virtud- con el poder de redimir la corrupción y disgregación de lo colectivo.

 En lo que puede considerarse una vuelta de tuerca absolutamente pesimista, perturbadora, Dheepan proclama la incapacidad de Occidente y sus representaciones oficialistas para propiciar el ejercicio de esa moral, y fía la imposición de la misma a un Dheepan que tiene a partir de cierto punto mucho de fantasma; un Dheepan contaminado por un ayer agresivo y primario como guerrero, por las deudas de Audiard para con Jean-Pierre Melville y Martin Scorsese. ¿Es Dheepan un héroe, un ser humano virtuoso? ¿Es su solución la solución? A Audiard no le preocupa la respuesta, por cuanto su interés reside en "ilustrar la capacidad de resistencia del individuo y su habilidad para conducir su vida de acuerdo a sus propias reglas". Es decir, su habilidad para forjar una (auto)ficción. Como se escuchaba en Un héroe muy discreto, "lo que llamamos identidad, no existe. Los perdedores pueden sentirse vencedores; los cobardes, héroes; y los demonios, santos. Todo en la vida reside en vivirla con seguridad en uno mismo y con un sentido íntimo del compromiso".

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